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Mai he dit: "T'estime, pare!"

No recorde l’última vegada que mirant els ulls de l'altra persona i amb vertadera presència i consciència, vaig dir t'estime o perdona.

Segurament tu, que ara estàs llegint aquestes línies, et sents identificada com a persona, sigues home o dona i, com també em passa a mi, no t'hages sentit bé en els moments on alguna cosa t’impedia fer allò que senties.

Per què tendim a amagar els nostres sentiments? Per què no ens mostrem lliures d'expressar allò que sentim?

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Miquel Grau y una calle inexistente

La Transición no fue una balsa de aceite. Aunque mucha gente diga que sí. Aunque mucha gente diga que fue un proceso modélico gracias al cual se evitó otra guerra de “hermanos contra hermanos”, como dice ese eufemismo insultante que usa esa gente para borrar la ideología, la economía y la política que movieron al fascismo para levantarse en armas contra la legitimidad de la Segunda República en julio de 1936. Fueron unos años de muertes a destajo. Fueron unos años en que la extrema derecha y una buena parte de la policía se juntaban para dejar regueros de sangre en las calles de los nuevos tiempos llamados pomposamente democracia. Lo escribió el historiador Pierre Vilar: la Transición española no fue una “calma chicha”.

No fue una calma chicha. Y tanto que no lo fue. Más de seiscientos muertos, contando que ese tiempo fue también el más violento de ETA. La modélica Transición no fue modélica. Digan lo que digan. Demasiadas renuncias de la izquierda que luego se verían aumentadas por los sucesivos gobiernos socialistas de Felipe González y Alfonso Guerra. Y demasiados muertos para hablar de un tiempo “tranquilo” en que todos salimos ganando. Ganando qué.

Uno de esos muertos fue el joven alicantino Miquel Grau. El 6 de octubre de 1977 un grupo de militantes del Moviment Comunista del País Valenciá (MCPV) salía a la calle para pegar carteles anunciando aquella gran manifestación que había de celebrarse ese fin de semana bajo el lema “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia”. El grupo estaba en la Plaza de los Luceros de Alicante y desde lo alto lanzaron macetas y ladrillos. Uno de esos ladrillos impactó en la cabeza de Miquel Grau. No murió enseguida. Murió diez días después. El asesino que lanzó el ladrillo se llamaba (todavía se llama) Miguel Ángel Panadero Sandoval. Era militante del partido ultraderechista Fuerza Nueva. Fue condenado a doce años de cárcel. Cumplió menos de cinco. Lo indultó el gobierno de Adolfo Suárez. Ahora es procurador de los tribunales en Valencia y ha cambiado ligeramente el nombre, igual que hizo Emilio Hellín, el ultra asesino de Yolanda González en 1980 que ahora ha sido contratado por el abogado defensor de los imputados del PP por corrupción en el ayuntamiento de Valencia. El asesino de Miquel Grau se llama ahora Miguel Ángel-Díaz Panadero Sandoval. Como si cambiándose el nombre, los asesinos borraran los hechos execrables que cometieron en el pasado.

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(Quasi) 3 anys canviant el focus

El 25 de novembre és una de les dates reivindicatives del feminisme, les manifestacions d’arreu del país són cada any més multitudinàries, però encara hi ha massa gent que creu que no li afecta. Però la desigualtat ens afecta a totes i a tots.

El 25N és la data en que assassinaren a les germanes Mirabal i que fem servir al món per eixir al carrer a visibilitzar, a exigir, una societat igualitària on les dones no siguem perseguides, assetjades, amenaçades, discriminades, cosificades, maltractades ni assassinades.

Semblaria que el poder del costum no es pot canviar, que pesen més els segles d’heteropatriarcat que normalitza la violència masclista, que la raó i els drets humans; però no, cada dia, pas a pas, en la lluita del feminisme cap a la igualtat, podem dir que malgrat tot el que queda per recórrer, també donem passos cap endavant.

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Sobre la manifestación de la financiación

La manifestación sobre financiación fue, sencillamente, masiva, con decenas de miles de personas –tantas, que no cupieron en los informativos de TVE-. Con independencia del número de asistentes, es difícilmente comparable con ninguna otra en muchos años, sobre todo si recordamos que a la convocatoria de la sociedad civil se sumaron los partidos políticos –menos el PP-, pero nadie podrá decir que hubo trampa ni apoyo espurio del Consell.

Y, sin embargo, lo que la hace importante no es esa impresionante participación, sino algunas circunstancias especiales. Ante todo porque el sentimiento de necesidad, el atrevimiento de alzar la voz no se ha producido en un “momento de vacío”. A nadie se le escapa que la crisis catalana planea sobre la situación. Y también aislados, pero ruidosos, episodios de intentos fascistas de apropiación del espacio público. Sobre la manifestación de Valencia planeaba el temor a la tensión. No hubo lugar: la reivindicación de la financiación fue también la reivindicación de un pueblo valenciano maduro, pacífico, que rechaza la crispación, que no es satélite de otras situaciones. Estas decenas de miles de personas no permanecen cautivas de luchas muy antiguas: puede haber una identidad compartida sin necesidad de rasgar la convivencia peleando por símbolos, elevando a categorías sacras los signos particulares. Esta fue una manifestación con banderas -las justas, y sobre todo institucionales-, pero no fue una manifestación de banderas.

La manifestación fue un éxito porque, además de los que acudieron físicamente, la nómina de asociaciones, entidades o instituciones que la respaldaron es el mejor retrato de la sociedad valenciana que ha tomado conciencia de que es hora de pasar de los vapores de la queja deshilachada a la conciencia de la necesidad de vertebrarse en torno a esfuerzos compartidos. Por supuesto esto no es más que el inicio, un primer paso. Porque todavía hay diferencias apreciables, modorras perdurables y hábitos de espléndido aislamiento que perdurarán mucho tiempo. Esa relativa atomización del desencanto, ese repliegue al ensimismamiento, no deja de ser una curiosa y frustrante seña de identidad. Pero estamos aprendiendo a que no nos ponga nerviosos.

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Qualitat democrática

Tants són els esdeveniments que s'han anat succeint en els últims temps que posen en qüestió la qualitat de la democràcia espanyola, que convé apel·lar a una reflexió desapassionada perquè es posen en marxa solucions. Transitar des d'un sistema autoritari i corrupte, que va arrelar la seua ideologia i els seus valors durant quatre dècades a la repressió i la impunitat, a un altre democràtic, requereix alguna cosa més que reformar les lleis, les institucions i els governs.

En els últims temps ens hem escandalitzat que la vice-presidenta del govern valencià haja patit amenaces nocturnes davant del seu domicili mentre són permanents els insults i desqualificacions contra ella i altres membres del govern valencià en les xarxes socials. És una estratègia d'assetjament.

El 9 octubre, dia nacional valencià, un ampli grup d'extremistes violents va agredir als que celebraven la festa. Ara ens trobem amb xarxes de policies locals que insulten i amenacen a l'alcaldessa de Madrid i els seus companys de govern. I al costat d'aquests titulars, en la premsa llegim altres sobre agressions, violacions i assassinats contra dones.

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Calidad democrática

Tantos son los acontecimientos que se han ido sucediendo en los últimos tiempos que ponen en cuestión la calidad de la democracia española, que conviene apelar a una reflexión desapasionada para que se pongan en marcha soluciones. Transitar desde un sistema autoritario y corrupto, que arraigó su ideología y sus valores durante cuatro décadas en la represión y la impunidad, a otro democrático, requiere algo más que reformar las leyes, las instituciones y los gobiernos.

En los últimos tiempos nos hemos escandalizado de que la vice-presidenta del gobierno valenciano haya sufrido amenazas nocturnas frente a su domicilio mientras son permanentes los insultos y descalificaciones contra ella y otros miembros del gobierno valenciano en las redes sociales. Es una estrategia de acoso.

El 9 octubre, día nacional valenciano, un amplio grupo de extremistas violentos agredió a quienes celebraban la fiesta. Ahora nos encontramos con redes de policías locales que insultan y amenazan a la alcaldesa de Madrid y sus compañeros de gobierno. Y junto a estos titulares, en la prensa leemos otros sobre agresiones, violaciones y asesinatos contra mujeres.

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Un pasado muy presente

En las Corts Valencianes aprobaron una nueva ley de cooperación y desarrollo sostenible que viene a refundar el modelo instaurado por el conseller Blasco. Y el PP se abstuvo. Es cierto que la lógica política indica que lo más conveniente para los conservadores valencianos habría sido un voto a favor. Por eso su prioridad debería haber sido la de pasar página con discreción y buenos modales, sobre todo después de lo sucedido en la cooperación valenciana. Ya saben: robo, desvío de fondos, pisos, Miami, negratas y hasta un “a esta la violamos o cualquier barbaridad”. Pues no. Ni en aquello de cooperar con los que más lo necesitan encontró el PP lugar para el consenso, la disculpa o el tan católico acto de contrición.

Las razones que adujo la portavoz popular para no dar su apoyo a esta norma fueron básicamente dos. La primera: que la nueva ley no es más que un corta y pega de la suya que era “de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior”. La segunda: que en todo el proceso de elaboración de la ley faltaron mimos y arrumacos a la sufrida oposición y sobraron alusiones a la corrupción que arrasó la cooperación valenciana. “Otra vez con el pasado”.

Y es que ya lo dijo el bueno de Mariano Rajoy cuando respondió a las impertinentes preguntas de aquel periodista alemán sobre su corrupción: “Eso por lo que usted me pregunta son cosas del siglo pasado”. Del pasado no… Del siglo pasado.

La cosa empezó por imputar a todo hijo de vecino (policía, fiscal, juez, periodista, ministro…) de urdir una trama para acusar falsamente al PP. De ahí pasamos al “que sí, pero era en simulado y diferido” y aquello del “no es cierto salvo alguna cosa”. Después vino “ese asunto por el que usted me pregunta” pasando por un plasma. Y ahora… “el pasado”.

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Un passat molt present

En les Corts Valencianes van aprovar una nova llei de cooperació i desenvolupament sostenible que ve a refundar el model instaurat pel conseller Blasco. I el PP es va abstenir. És cert que la lògica política indica que el més convenient per als conservadors valencians hauria sigut un vot a favor. Per això la seua prioritat hauria d'haver sigut passar pàgina amb discreció i bons modals, sobretot després del que va ocórrer en la cooperació valenciana. Ja saben: robatori, desviament de fons, pisos, Miami, negrates i fins i tot allò de “a aquesta la violem o qualsevol barbaritat”. Doncs no. Ni en allò de cooperar amb els que més ho necessiten va trobar el PP lloc per al consens, la disculpa o el tan catòlic acte de contricció.

Les raons que va adduir la portaveu popular per a no donar suport a aquesta norma van ser bàsicament dues. La primera: que la nova llei no és més que una còpia de la seua que era “del bo el millor i del millor el superior”. La segona: que en tot el procés d'elaboració de la llei hi van faltar manyagues i carantoines a l'oposició i hi van sobrar al·lusions a la corrupció que va arrasar la cooperació valenciana. “Una altra vegada amb el passat”.

I és que ja ho va dir el bo de Mariano Rajoy quan va respondre les impertinents preguntes d'aquell periodista alemany sobre la seua corrupció: “Això pel que vostè em pregunta són coses del segle passat”. Del passat no… Del segle passat.

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Compromís, la coherència i el Cupo

En el passat ple de l’Ajuntament de València, Fernando Giner (Ciudadanos) va etzibar a Pere Fuset (Portaveu de Compromís) durant el debat de la moció en defensa d’un finançament just que esperava que, per coherència, Compromís no votara a favor de la reforma d’urgència del Cupo Basc al Congrés dels Diputats fins que no es resolguera el problema d’infrafinançament que patim els valencians i les valencianes. Fuset callà, probablement coneixedor del que els seus companys a Madrid, anunciarien esta setmana, és a dir, el vot en contra a la qüestió del Cupo Basc.

L’argument utilitzat per Compromís és, també, el de la coherència. Compromís no votarà a favor d’una urgència en una qüestió de finançament fins que precisament la principal urgència, que hauria de ser la de la reforma del finançament valencià, no es resolga d’una manera justa per als ciutadans i ciutadanes que cada dia s’alcen, viuen i treballen en esta terra i veuen com els seus esforços valen menys que els de la resta. La decisió de Compromís al Congrés ha tingut ressò, ha descol·locat a molts, a dreta i a esquerra, ací i allà. Però és esta postura veritablement coherent? i, sobretot, és útil?

La coherència en este cas té dos cares. En primer lloc és coherent des del punt de vista de l’esquerra i la regeneració democràtica que Compromís ve abanderant al País Valencià des del seu naixement. Sense entrar en si els models de finançament foral de Navarra i Euskadi són o no són un privilegi i són o no són justos, el que està clar és que en el cas que ens ocupa esta “urgència” té una raó de ser de: l’aprovació dels pressupostos de Rajoy per part del PNB. Ja va passar fa uns mesos quan també algunes veus, especialment des del PP, reclamaren a Compromís seure a mercadejar “como ha hecho el PNV” uns pressupostos amb el partit polític més corrupte d’Europa. Haguera sigut del tot incoherent amb el discurs d’esquerres i de regeneració democràtica en aquell moment fer allò que des de la dreta es demanava (sense oblidar també que haguera estat inútil ja que el PP tenint els vots del PNB, no en necessitava més per traure endavant els pressupostos, cosa que sovint s’obvia) i igualment és incoherent ara contribuir al manteniment de M. Rajoy un any més al capdavant del Gobierno de España.

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Los “ganadores” no vemos que somos pobres

Un nuevo y estremecedor informe de Eurostat nos vuelve a recordar en qué se están convirtiendo España y Europa. Uno más. Según el documento, en 2016 España fue el quinto país de la Unión Europea con mayor pobreza infantil y riesgo de exclusión social entre los menores, con un 32,9% de ellos en esta situación. Los únicos países que se sitúan por encima son Rumanía (49%), Bulgaria (45%), Grecia (38%) y Hungría (33%). Al observar los datos para el año 2010, en plena recesión europea e internacional, la cifra española fue superior en tan solo cuatro décimas. De acuerdo, la recuperación esculpida por el Partido Popular es la ya conocida mentira del nuevo empleo, escaso y precario, y de los millones de ciudadanos dejados atrás. Pero hay otra realidad aterradora detrás.

La pobreza de los menores en Grecia ha aumentado hasta ocho puntos desde 2010, mientras que las dos naciones que encabezan la tabla presentan números muy similares a los convulsos años en los que ingresaron en la Unión. ¿Qué es aquello que no está haciendo bien Europa? Una pregunta compleja. El país con mayor pobreza infantil tiene la economía con mayor crecimiento de los 28 durante los últimos años. ¿Cómo es posible? Las lecciones de moralidad y los castigos contra la rebeldía no faltan en Bruselas. Las lecciones para combatir la discriminación contra las minorías étnicas tampoco, pero ningún aumento de políticas sociales para acercar las numerosas distancias europeas. Las hay en exceso. En cambio, la propuesta de una especie de federación con distintas velocidades, una Europa esperpéntica e irreconocible con la desigualdad y la falta de una postura unida como banderas, está sobre la mesa.

Demasiados charlatanes instalados arriba, allá donde jamás pertenecieron. Son demasiados poderes que juegan con la habilidad de las sociedades de sobreponerse al sufrimiento y adaptarse en tiempos de tempestad. Aguantar, acostumbrarnos y seguir. Cada vez con menos. Es lo que hemos hecho históricamente en la periferia europea a cambio de unos  pocos años de bonanza al siglo… y lo saben. En los últimos años ellos han aumentado sus fortunas. Sus hijos no saldrán en ninguna estadística preocupante. Si os preguntabais cual iba a ser nuestro final, Orwell o Huxley, parece que se trata de una simbiosis entre ambos. Esa peligrosa sensación de felicidad e indiferencia estando rodeados de pobreza y manipulación de corte vertical. El futuro es ahora, señor Huxley. Su fantasía es nuestra realidad.

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