eldiario.es

Menú

Nos están matando. No más gestos

Hace días, muchos, que no escribo. La última vez que lo hice, el alcalde de Alicante todavía era Miguel Valor y el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra. Y, por supuesto, no hacía tanto calor. En este tiempo ha habido muchos cambios. Cambios en consellerias, en concejalías, nuevos asesores, nuevos equipos… ¡Lo normal tras un cambio de color político en el gobierno local y autonómico! Y también ha habido cambios en algunos planteamientos. En Alicante, el sector comercial es el más activo: Ikea, festivos, veladores, tardeo…, pero también ha habido otros cambios:

-Ha cambiado la fecha del inicio de curso escolar. Nuestros niños tienen 7 días más de vacaciones.

-Han desaparecido los coches oficiales en muchos ayuntamientos. Nuestro alcalde no va en bici a trabajar, pero es que Alicante tiene muchas cuestas.

Seguir leyendo »

La mentira del falso precariado

Tengo la desagradable sensación de que estamos asistiendo a una limpieza selectiva del lenguaje en el ámbito laboral. Poco a poco se eliminan las referencias a los trabajadores y nos compartimentan, asignándonos roles según nuestro nivel de renta (mileuristas), las condiciones laborales (precarios), la necesidad de buscarse la vida como sea (emprendedores) y la obligación de emigrar para buscar un futuro que en España no existe (exiliados).

Pero el caso es que no somos exiliados económicos o expats, un vergonzante eufemismo que, plantéenselo, sólo se utiliza con jóvenes blancos de países occidentales: somos emigrantes, aunque suene peor y les recuerde a tiempos de miseria y hambre. Tampoco somos emprendedores, sino autónomos sin perspectivas de durar más que unos meses trampeando al sistema, y que se han visto abocados a ello debido un mercado de trabajo roto y disfuncional. En España los emprendedores de éxito vienen con la start-up bajo el brazo y desde la cuna. Ni siquiera somos ya mileuristas, sino cieneuristas, como bien decía Ignacio Blanco. Y al final acabamos hablando de precariado como si fuese un nuevo grupo social recién creado que nos engloba a los expulsados del sistema, cuando no es más que clase trabajadora. La de siempre, pero ahora, si me lo permiten, con un problema añadido: sin conciencia de clase.

La subdivisión en distintos subgrupos de trabajadores precarios quizás no busca como objetivo primario diluir el sentimiento de pertenencia a la clase trabajadora –o quizá sí-, pero sin duda lo consigue. Y todo ello envuelto en una creación especialmente perversa que se propaga como la peste en muros de Facebook, emails con chillones PowerPoints y libros de autoayuda: ¡hay que creer en uno mismo para salir del pozo! Hay que “tomar consciencia de las propias posibilidades”, que “quererse más”, que “salir de la zona de confort”. Y ese mensaje, no digo que no, puede calar en un universitario joven que tiene la posibilidad de pagarse un vuelo low-cost y salir de su zona de confort con la cuenta bancaria preparada, pero... ¿de qué zona de confort más tienen que salir los despedidos por un ERE injusto, los dependientes a los que se les cierran todas las puertas, las mujeres de treintaypocos que tiene que escoger entre maternidad y trabajo? ¿Cómo puede emprender –sea lo que sea eso- alguien que tiene que escoger entre medicinas y comida, entre ropa para su hija o los libros de texto? ¿De qué le vale a un expulsado del sistema quererse más ante un panorama laboral tan desolador y unas instituciones hostiles? Es más: ¿no se dan cuenta de que resulta especialmente hiriente para alguien que lleva tres años en paro que su problema se reduzca a que debe “confiar en sí mismo”?

Seguir leyendo »

La nueva Era del Cabanyal

El otro día escuché a un chico, mientras tomaba algo por el Cabanyal, que eso de arreglar el barrio era una cagada, que había que dejarlo como estaba, que los alquileres subirían y que los okupas ya no podrían vivir allí. El chico parecía cabreado. Me quedé un rato pensando y cuando volví en mi, decidí quedar con un amigo que había estado en “primera línea de batalla”, con la Plataforma Salvem El Cabanyal. ¿Cómo podía ser que algunos vecinos no estuvieran de acuerdo en algo fundamental como la rehabilitación del barrio?

Rita Barberá, la alcaldesa de Valencia que más a durado en su cargo, tenía en mente abrir la ciudad al mar, ignorando por completo dos cuestiones capitales y de sentido común: el Cabanyal es Valencia, con lo cual la ciudad, o una parte de ella, ya estaba abierta al Mediterráneo y dos, no tuvo en cuenta que en el barrio vivían personas, gente que había crecido en él y que lo amaban. Se había olvidado, pues, de las 1.200 casas que habían dentro de su plan y de las múltiples familias que allí residían. El Cabanyal es un barrio muy singular, de hecho fue un territorio independiente hasta 1897. Pero no solo por eso merece no ser destruido, sino que no se puede tirar por la borda parte del patrimonio de la ciudad y de su cultura. Pero Rita no cejaba en su empeño, pese a que parte de la zona afectada está considerada Bien de Interés Cultural (BIC). Pero eso a Rita le daba igual. El barrio no estaba ya en el Plan de Ordenación Urbanística de 1988, cuando la ciudad estaba gobernada por los socialistas, con lo cual las inversiones en el Cabanyal no iban a tener futuro. Y diez años después de ese plan, el PP decidió que el barrio debía ser la puerta al mar. Cuando la gente que vivía allí se levantó y se organizó, porque aquella historia tan romántica de acercar el mar a la ciudad olía a podrido, comenzó una lucha vecinal y social. Salvem El Cabanyal nace para hacer frente a la especulación y a la indecencia política. Ahora mismo el barrio concentra el mayor número de infravivienda de la capital. Cuando se dejaron de lado las calles y plazas del barrio de los pescadores, comenzaron a ocuparse las casas. El barrio no tenía los mismo recursos que otros lugares de la ciudad, las casas se podían caer a trozos o las calles podían estar llenas de suciedad, no importaba. Se había decidido que tenían que irse sus habitante, por lo menos los que estaban dentro del plan, los que habían tenido el infortunio de caer dentro de la red puesta por el Ayuntamiento. Dos líneas que cortaban el barrio, que lo separaban y convertían en un lugar infernal. Sus vecinos son los que levantaron los ánimos de la gente, los que procuraron que nadie se fuera, que aguantaran como los aldeanos de Asterix. Fueron los vecinos los que pacíficamente se manifestaron, los que se pusieron delante de las excavadoras, en una de las imágenes más viles y sucias que se recuerdan de la democracia española. Había gente que tenía miedo de entrar en el barrio, personas de otros lugares que veían en Canal 9 pobreza, violencia e inseguridad ciudadana. La verdad es que no he visto eso de un modo tan grandilocuente, sí es cierto que el deterioro era palpable, y que podías ver trapicheos en plena calle a la luz del día en ciertas zonas. Pero no era lo normal ni lo habitual.

Rita Barberá estaba obsesionada con el Plan, seguro que incluso algunos de sus compañeros de partidos la animaban a desistir de su idea peregrina, sobre todo después de la explosión de la burbuja inmobiliaria, ¿quién querría invertir en un proyecto así, y con tan mala prensa?. Después del fracaso de la America´s Cup o de la Fórmula 1, ¿para qué meterse en más jardines?. Todos, menos la alcaldesa, sabían que continuar metiendo el dedo en la llaga solo podía lastrar las pretensiones de ganar unas nuevas elecciones, y así fue. Rita bajó la cabeza, sabía que su tiempo se había terminado y que los insurrectos vecinos del barrio del Cabanyal, la noche de las elecciones, brindarían con cava, catalán o valenciano, por su derrota. Con la llegada de Joan Ribó el barrio estaba salvado, ahora se podría trabajar para acometer las reformas que necesita para que sus vecinos vivan como ciudadanos de primera, y no como de segunda, que era lo que pasaba antes. Pero algunas personas, que también son del barrio, no lo ven así. Temen que ahora el movimiento okupa sea desalojado y que los alquileres suban, convirtiéndose en un barrio inaccesible para poder vivir en él. La solución no pasa por expulsar a nadie de su barrio, no hay que repetir viejas políticas, ni tampoco especular con los alquileres o el suelo, quizás haya que hacer alguna ley que refleje la realidad del barrio, de sus centros sociales, del buen trabajo que en muchas ocasiones realizan. Quizás todo pase por procurar entender que el barrio debe mantener su idiosincrasia, pero desde un punto de vista nuevo, que sirva de ejemplo a otros barrios.

Seguir leyendo »

La libertad según la Comisión Europea

Habrá que ir acostumbrándose en esta Europa delirante que nos ha tocado sufrir a que las palabras importantes, aquellas por las cuales se luchó tanto, cambien de significado. En esta Europa nuestra que recibe a palos a Tsipras y con abrazos a Rajoy, el concepto de libertad ha sufrido un desplazamiento fundamental que dice mucho de hacia dónde quieren nuestros dirigentes llevarnos. La libertad, aquella a la que Cervantes dedicó párrafos tan sublimes y los cantantes pop estrofas tan cursis, ya no es una cualidad intrínseca al ser humano, un derecho fundamental e inalienable de las personas que los estados deberían garantizar. La leyes mordaza, las devoluciones en caliente y los decretos contra grupos de población considerados indeseables, dejan bien claro que esa libertad que tanto se proclama hoy en Europa es “otra cosa”.

En realidad no se trata tanto de un cambio de significado sino de aquél a quien se aplica. La libertad ha pasado de ser una cualidad humana a convertirse en un “derecho” para los objetos, para las mercancías, para el dinero, para los activos financieros: ¡Que nada impida su movimiento! ¡Que circulen, que circulen! Europa trabaja duro para eliminar barreras comerciales, sanitarias, sociales, prepara el gran acuerdo con el amigo americano para que el trasiego sea aún mayor. La consigna está muy clara: ¡El libre comercio nos sacará de la crisis, nos hará prósperos! Hay que “desregular”, quitar trabas, eliminar controles, reducir restricciones, barreras obsoletas que sólo perjudican el crecimiento y el progreso. En el cajón quedan recluidas iniciativas absurdas y paralizantes como la directiva europea de baja maternal o la de calidad del aire, ¿a qué viene preocuparse con esas minucias que sólo suponen más problemas para nuestra economía? ¿No hay bastante con toda esa pesada legislación laboral y medioambiental que tienen que arrastrar nuestras empresas y que perjudica su competitividad? El concepto sagrado, el dogma incontestable: la competitividad…

En un contexto así, a nadie debería sorprenderle que la iniciativa de reglamento de la Comisión Europea para marcar unos límites máximos de contaminación radiactiva para los productos alimenticios afectados por un accidente nuclear, permita de facto la comercialización de productos altamente contaminados. Los expertos de la Comisión de Investigación e Información Independiente sobre la Radiactividad (CRIIAD) la consideran una auténtica aberración. Sus informes alertando de que los límites establecidos son muy bajos y de que el consumo de productos contaminados con las dosis toleradas por la Comisión representa una grave amenaza para la salud, especialmente de los grupos más vulnerables como niños y mujeres embarazadas, han sido menospreciados. El parlamento Europeo ratificó en su sesión de julio esta propuesta. La responsable del informe sobre ese proyecto, la eurodiputada del PP español Esther Herranz García, ironizó sobre las demandas de transparencia -¿a qué viene eso en un tema puramente científico?- y proclamó su absoluta confianza en los expertos consultados, todos ellos técnicos de Euratom, un organismo cuyo objetivo es “el rápido desarrollo de la industria nuclear”, y todos ellos protegidos por un estricto anonimato…

Seguir leyendo »

Futuro imperfecto

En los próximos 30 años, entre el 40 y el 50 % de los empleos actuales desaparecerán y serán automatizados en un proceso creciente e irreversible de robotización. Eso es lo que opina Paul Mason, editor de economía de “Channel 4” y columnista de “The Guardian”, en su libro Postcapitalism: a guide toourfuture. Mason en su libro recoge la tesis de Frey y Osborne, profesores de la Universidad de Oxford, y que en su informe Thefuture of Employment, publicado a finales de 2013, señalaban que el 47 % de los empleos actuales tal y como los conocemos desaparecerán en un periodo de 20 años, fruto de la informatización y robotización de procesos de trabajo.

Lo más significativo de los trabajos de Mason y de Frey y Osborne apunta además en una doble dirección. Por un lado, señalan que la desaparición de empleos, de ese 40-50 % de trabajos, afectará principalmente al sector servicios más que a la industria. Es decir, los procesos de robotización y automatización afectarán de forma profunda al sector servicios. Así, en un listado de 702 profesiones, Frey y Osborne indican la probabilidad de desaparición de las mismas afectadas por los procesos mencionados, desde las que total seguridad desaparecerán hasta las que muy probablemente no podrán ser sustituidas por la automatización. Y en su trabajo, ambos profesores de la Universidad de Oxford, indican que en una primera fase desaparecerán la mayoría de los trabajadores del sector transporte y de la logística, así como los administrativos y aquellos vinculados a los procesos de fabricación “susceptibles de ser sustituidos por capital informático”. Más adelante, lo serían cajeros y los trabajadores de la construcción, debido a los procesos de la prefabricación de viviendas. Ni siquiera hace falta mencionar las consecuencias de esto en nuestro país. Y ojo, también señalan Frey y Osborne que el proceso afectaría también a trabajadores de alto valor añadido como asesores fiscales o arquitectos. Un cataclismo vaya. Algo tremendo y que ni siquiera podemos, más allá de las cifras, imaginar siquiera.

Y por otro lado, y esto también es tremendamente novedoso, es que tanto Mason como Frey y Osborne, indican que los trabajos que desaparezcan no serán sustituidos por otros nuevos. Así, hasta ahora, las distintas revoluciones económicas, la agrícola, las dos o tres industriales (dependiendo de los autores), tenían como axioma dominante en sus análisis que los viejos empleos destruidos en el proceso de cambio eran sustituidos por otros empleos nuevos y distintos en sectores todavía no conocidos. Así por ejemplo, el obrero mecánico de una línea era en teoría sustituido por un informático que programaba el funcionamiento de esa línea de montaje. Pues bien, ahora hay consenso en que ese empleo destruido en el sector servicios no será sustituido por empleo nuevo salvo en un porcentaje ridículo. Para entendernos, ese 47 % del empleo actual que desaparecerá no será sustituido por los “trabajos creativos” de Richard Florida ni por otros salvo en un 2-3 %.

Seguir leyendo »

El pánico del autoestopista decapitado

Cada vez es menos habitual encontrarse con autoestopistas en la carretera. No es nada extraño dado que, también, cada vez son menos, si acaso queda alguno, los dispuestos a aceptar su anónima compañía de viaje. Nuestra coraza de antiempatía hace tiempo que transformó en criminales en potencia a los pocos desventurados que todavía confían a la salida de una ciudad o de un peaje de autopista, en la comprensiva amabilidad de un conductor sensible ante el cansancio acumulado en su pulgar extendido. Por lo común, la desconfianza se apodera de nosotros cada vez que vemos a alguien observándonos fijamente tras un improvisado cartel de cartón con una dirección escrita, mientras nuestro automóvil pasa raudo a su lado.

Claro que tampoco extraña la situación contraria, cuando el miedo acumulado en el desesperado viajero supera su cansancio y le hace desistir de solicitar ayuda al sospechoso conductor que le mira de reojo desde la ventanilla del coche cuando le adelanta. Y por desgracia no faltan motivos para este otro temor. El último caso que nos ha conmocionado ha sido la brutal agresión sufrida por un autoestopista que pretendía cruzar de costa a costa unos Estados Unidos que para el infeliz se convirtieron en una pesadilla peor que el Estado Islámico. No sabía que el infierno le estaba aguardando en una carretera solitaria de Pensilvania, ni el horror que acumularía los momentos previos a que sus salvajes agresores dejaran en una calle nocturna de Filadelfia su indefenso cuerpo decapitado.

La víctima no era, obviamente, Jack Kerouac o un nostálgico admirador de la Generación Beat con alma de vagabundo. Había nacido el Canadá y antes de partir de Boston con la esperanza de llegar San Francisco, ya había recorrido las carreteras de su patria, Alemania y Holanda. Era, pues, un viajero experimentado. Pero, sin embargo, en su pecho no habitaba el menor latido de aventura. De hecho, para ser sinceros, en su pecho no latía la aventura, ni el corazón, ni nada de nada. Su nombre era HitchBOT y era un robot fabricado por unos investigadores de Ontario interesados por conocer cómo reaccionan los humanos cuando se encuentran este tipo de criaturas mecánicas en soledad.

Seguir leyendo »

El infierno en la tierra

Desde que dos aviones estrellados contra las Torres Gemelas refutaron el fin de la historia vaticinado por Francis Fukuyama, hemos vivido soliviantados, con razón, por la sinuosa amenaza del terrorismo internacional.

Enfrentarse a un peligro imperceptible hasta su manifestación generaba desasosiego. Observar sus evoluciones en planta territorial ha resultado espeluznante. El Islam no es un concepto territorial, sino teocrático. Tampoco es proclive, pese a la denominación ISIS, a la idea de Estado. Sin embargo, las revisiones y tácticas de los nuevos grupos yihadistas pasan por el dominio de áreas en las que imponer su ley. La caída de los dictadores regionales (entre las guerras iniciadas por Estados Unidos y las revoluciones democráticas) ha propiciado los avisperos en los que estos grupos se mueven con soltura.

Las acciones del terrorismo islámico suponían una propaganda de indudable efecto transgresor. No obstante, desde los talibanes (más allá de zonas recónditas de África, por ejemplo), no contábamos con ejemplos a escala homologables del poder territorial del islamismo radical.

Seguir leyendo »

Líderes en pobreza

Cuando estuve haciendo prácticas en El Casal de la Pau con exreclusos, sentí pena por el modo en que las personas al pasar a nuestro lado miraban a los usuarios. Muchos de ellos tenía SIDA o Hepatitis C, estaban en una situación dantescas, sus mentes no funcionaban al mismo nivel que el resto. La droga, en muchos casos, había hecho mella en sus psiques y en la geografía de su cuerpos, convirtiéndolos en personas muy señaladas. Los servicios sociales, con el poco dinero y personal que tenían y tienen, los ayudaban en la medida de lo posible. Ellos ya no podían, y en muchos casos ni sabían, qué hacer o dónde ir. Ahora, unos cuantos años después, veo a gente tirada en la calle, dudo que hayan pasado por la cárcel, creo que simplemente la vida no les ha tratado bien.

Un país sin servicios sociales está abocado al caos y a la deshumanización de sus ciudadanos, que entenderán la ayuda como limosna, regresando inexorablemente a la edad feudal. Los servicios sociales de la Comunitat son los peores de España, cosa que no nos sorprende a los que aquí hemos vivido. Si hay algo que destruye más el tejido social, es cuando un sector de la población está excluida de la propia sociedad. El 31,7% de la población valenciana está en exclusión, según El Informe sobre exclusión y desarrollo social en la Comunitat Valenciana. Ese porcentaje, que sobre el papel es sólo un dato sin más, significa que esas personas no tienen cubiertas las necesidades básicas. ¿Se imagina alguien vivir sin luz o sin calefacción en invierno?.

Pues dejen de imaginar, en nuestra Comunitat sucede. Y esto pasa porque hemos aprendido a no sentir empatía, a dejar en manos de la Iglesia o de las ONG´s el trabajo que tenía que hacer la mal llamada Consellería de Benestar Social. Con ello no quiero decir que Cáritas y demás asociaciones, no hagan un trabajo ejemplarizante, sino que no pueden soportar sobre sus maltrechos hombros la dura realidad de asistir a tanta gente. El gobierno está para algo más que para salvar bancos, inaugurar festejos o criticar a los medios de comunicación. Un Informe de Cáritas Europa ponía a España como el segundo país en pobreza infantil, pero Montoro no entendió bien el mensaje, que era una llamada de socorro, y en cambio se defendió, como es costumbre de quién sabe que no lleva la razón, alegando que para acabar con la pobreza infantil el remedio "es el crecimiento y la creación de empleo". Y lo dijo, sin rubor, cuando estaban cerca de inyectar 2.300 millones para salvar, porque aquí se salva todo menos a las personas, las autopistas privadas.

Seguir leyendo »

El club de los pirómanos bomberos

Hay lógicas difíciles de entender, pero lógicas, al fin y al cabo. Como la que guiaba el comportamiento de ese vecino de Daimiel, recientemente detenido por la Guardia Civil como responsable de la ola de incendios forestales sufrida en el último mes por aquel municipio castellano. El supuesto pirómano provocaba los fuegos para, inmediatamente después, enfundarse su traje de voluntario, encender las sirenas del vehículo de Protección Civil y partirse el alma junto a los bomberos en las tareas de sofocar las llamas. A primera vista podrá parecer una reacción absurda, pero admitamos que en cualquier caso su lógica es aplastante: de qué sirve un voluntario si no tiene la oportunidad de demostrar su altruismo.

Lo cierto es que se trata de un hecho más extendido de lo que pensamos. Y se detecta en esferas institucionales a las que nadie osaría colocar el sambenito de chalado irrecuperable que sin duda muchos aplicarán al incendiario amateur de Daimiel. Así, por ejemplo, es un secreto a voces el afán con que las grandes compañías farmacéuticas han transformado en enfermedades psicosomáticas todos los percances biográficos que nos acontecen día a día. La angustia por la pérdida del empleo  pierde de este modo los perfiles socioeconómicos para convertirse en una alteración de la autoestima, fácilmente diagnosticable y tratable con la dosis apropiada de diazepam, al igual que la acumulación de microtrabajos basura no es más que un elemental cuadro de ansiedad solucionable con el tratamiento adecuado de trankimazin.

Parecido comportamiento demuestran los responsables económicos europeos cuando insisten en perseverar en una filosofía que les confirma como discípulos aventajados de Milton Friedman y Nerón, a partes iguales. Lo hemos visto con el último capítulo (hasta el próximo, claro) de la crisis griega. Ylo volvemos a ver más cerca de nosotros en la intransigencia con que Cristóbal Montoro exige al País Valenciano que prosiga la senda del recorte perpetuo para controlar su endeudamiento. Todo, claro, sin cuestionar, ni en el Peloponeso ni en el Cabanyal, unas estructuras productivas, fiscales y financieras que solo conducen al callejón sin salida de un hipotecamiento eterno que justifique, como no, nuevos ajustes.

Seguir leyendo »

ComPPamplinas 100%

La nueva cara amable del PP, Pablo Casado ha presentado la nueva web CumPPlimos con la que el PP pretende recuperar el espacio político perdido. Después de cuatro años sin hablar, sin dialogar, cepillándose el Estado Social, legislando a favor del oligopolio, aprobando leyes que acallan la protesta y la criminalizan… después de la “éclosion…” (tono afrancesado) de casos de corrupción que están poniendo sobre la mesa que son algo más que simples manzanas podridas… después de todo esto, el PP parece que quiere hablar con las Mareas, con los Círculos, con todo el mundo. Se rumorea que incluso Gonzalez Pons se ha dejado una larga coleta. Hay que ver cómo te sensibiliza, como te acerca al pueblo llano la proximidad de unas selecciones…

Lo cierto es que el nombre de la nueva web del PP suena a chiste, decir a estas alturas que has cumplido el 92'5 % de tu programa electoral, cuando no has respetado ni los mantras neoliberales de bajar impuestos, suena como mínimo a tomadura de pelo. Casado este jovencito verborreico que ha ido escalando en el PP, bajo la máxima “a ver si la digo más gorda que Floriano”, ha llegado a decir que el Gobierno de Rajoy "está haciendo honor a la palabra dada”. Seguro que todos y todas recuerdan cuales eran las líneas rojas de Mariano cuando estaba en la oposición, si no se las recuerdo yo: educación, sanidad, pensiones, prestaciones por desempleo y además prometió ultimar una reforma laboral sin abaratar el despido…

Mi abuelo a esto lo llamaría ComPPamplinas, y no es para menos. Si algo ha demostrado el PP ha sido su falta de compromiso, su falta de respeto a la palabra dada, que en política se resume en el cumplimiento del programa, o como mínimo los compromisos irrenunciables, esas líneas rojas, esas que no tardo en traspasar con la misma rapidez que las empresas de la Ghurtel te facturan humo y la misma  delicadeza con la que un elefante entraría en una Apple Store Oficial. El PP ha conseguido en cuatro años (con la inestimable ayuda de ZP), cargarse la confianza de los españoles en el gobierno, hoy por hoy de las más bajas de Europa, según la Encuesta Social Europea (EES) el índice de confianza de los españoles en la política se encuentra en el nivel "más bajo" de los últimos diez años. Pero tan poco se puede ser muy duro con ellos, al fin y al cabo han gobernado para los suyos, por que el Partido Popular ConloPPoderososcumPPle y de que manera.

Seguir leyendo »