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Català: una gestión nefasta

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Sólo desde la perspectiva de que fuera un intento de bloquear a una posible rival interna, o de neutralizar lo máximo posible al sector opusino del PP, se puede intentar entender racionalmente que Alberto Fabra promocionara a Portavoz del Consell y en las listas del PP a María José Català. Y es que por muy elevado que sea el presupuesto de la Conselleria de Educación destinado a propaganda, por muy satisfechos que se puedan sentir con ella los hoolingans de la Derecha más reaccionaria valenciana, la gestión de la señora Català en Educación ha sido tan penosa, tan lamentable y nefasta que, además de poner en pie de guerra a la Escuela Pública, a profesores, padres y alumnos, ha llegado a traspasar las fronteras de la propia Comunidad Valenciana.

Es difícil decidirse por dónde empezar a la hora de analizar la gestión de la señora Català. Aunque tal vez lo mejor sea comenzar por una decisión suya que refleja a la perfección las constantes de su actuación y cómo se puede ejercer el poder desde la soberbia, la ignorancia y la altanería: me refiero al adelanto que impuso el año pasado del inicio de curso al 3 de septiembre y el adelanto de los exámenes extraordinarios a principios de julio. Esa decisión, tomada a las bravas, supuso, además de empeorar las tasas de fracaso escolar pues suspendieron más alumnos y alumnas los exámenes de repesca al apenas tener 20 días para estudiar, un grave perjuicio para el sector turístico de la Comunidad Valenciana al convertir en totalmente inhábil para el turismo interno el mes de Septiembre. De hecho la propia patronal turística no tuvo más remedio que alzar la voz y protestar. Al mismo tiempo, las infernales temperaturas soportadas en las aulas en ese caótico inicio de curso, además de mermar el rendimiento escolar, pusieron en ocasiones en peligro la salud del alumnado y del profesorado. Aunque tal vez lo peor, lo más indicativo del carácter de su gestión, fue el “sostenella y no enmendalla” con que respondió la señora Català a las unánimes críticas.

Otro episodio que refleja notablemente la situación puede situarse cuando la señora Gomendio, la número dos de Wert hasta hace apenas unos días, declaró que “el Ministerio de Educación tiene en la consellera Català a uno de los mejores apoyos para desarrollar e implementar la LOMCE”. Y así ha sido, la Comunidad Valenciana, junto a Madrid, ha sido la más fiel seguidora de los dictados de Wert. Y no sólo lo ha hecho a la hora de estar en primera línea de defensa de una ley segregadora, con sus reválidas trasnochadas, elitista y que nos retrotrae a el periodo más rancio del franquismo previo a la LGE de 1970; también ha actuado como primera espada en los brutales hachazos propinados a la Enseñanza Pública de nuestra Comunidad.

Por otro lado, y esbozando una rápida perspectiva global, podemos comenzar mencionando la enorme supresión de plazas de educación infantil que han perpetrado con sus sucesivos Arreglos Escolares. O nos podemos fijar en el brutal aumento de ratios, aumento ante el que los dichosos, y muy publicitados, Contratos Programa o planes diversos de lucha contra el fracaso escolar no dejan de ser un patético y no conseguido intento de lavado de cara y de disimular las vergüenzas, unas penosas tiritas con las que tapar las heridas propinadas por sus propios hachazos. También podríamos señalar el aumento de las tasas universitarias, la disminución tremenda de becas universitarias y no universitarias o el fomento descarado de las escuelas privadas en detrimento de las públicas. Todo ello, lo podemos enmarcar en el despido masivo de profesores interinos y en las burdas campañas de desprestigio lanzadas contra el profesorado valenciano, campañas que tuvieron su cénit en aquella acusación falsa lanzada desde los aledaños de Campanar cifrando en un 27 % el absentismo laboral, siendo la realidad, como los propios datos oficiales demostraron, que el profesorado valenciano tiene, con un 3 %, el menor absentismo de toda la función pública de la Comunidad y muy inferior a la media laboral española.

Y por supuesto, last but no least, debemos mencionar el blindaje que han proporcionado a todos los conciertos educativos que ellos mismos propiciaron. Un indigno colofón para una nefasta e indigna gestión.

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