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¿Es verde el acuerdo IU-Podemos? Un análisis ambiental del pacto que ha revolucionado la izquierda española

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EFE

Tras la firma del acuerdo entre Izquierda Unida y Podemos, que supone la única novedad relevante por lo que respecta a las elecciones del 26 de junio, toca analizar si se han movido algo las respectivas posiciones. Y quizás uno de los temas más interesantes es el de la cuestión ambiental, dada la nula presencia en los debates electorales de diciembre.

Izquierda Unida partía de un cuaderno separado (como en otras áreas), en cuyas 32 páginas se abordaban las propuestas ambientales, pero también (de forma muy detallada) la pesca o agricultura. En líneas generales la energía, el transporte, residuos y biodiversidad marcaban las pautas, desarrollando especialmente la parte de derechos o nacionalización de algunos sectores (como el del agua). Algunas partes no tenían sentido, como el retazo de “Fauna silvestre y superpoblación”, desconectado de la sección de biodiversidad y a continuación de un parágrafo sobre caza en la sección de protección animal. Justo ahí, por ejemplo, también hay inconcreciones  como la prohibición de la caza en “Espacios Protegidos” (¿cuáles? Os aseguro que si los prohíben en todos no duran ni un mes en el gobierno) o las medidas alternativas al sacrificio en caso de superpoblación (¿cuáles? ¿con qué coste? ¿con qué evidencia científica?). Pero más allá de estos detalles (que también hay que cuidar, porque revelan en qué partes el programa es más sólido y en cuales se ha redactado a toda prisa) el de IU era un compendio ambicioso en material ambiental, aunque algo desenfocado.

¿Y Podemos? El 20D presentó sus trece medidas ambientales dentro del apartado de “Democracia Ciudadana”. Algunas diferencias con IU: la incorporación del derecho a un medio ambiente adecuado (actual título 45) como derecho fundamental, algo positivo y esperanzador. Otra: la vicepresidencia de sostenibilidad, destinada a ser, más que una medida con resultados claros, un símbolo (que manejan como nadie, todo hay que decirlo). En la también muy positiva “Estrategia de Participación y Educación Ambiental” hacen poco hincapié en la transparencia e información verde (un derecho a raíz del convenio de Aarhus), o en la implementación de sistemas de consulta de información medioambiental. En materia de residuos resulta algo más general que el de IU (en el que se mencionaba hasta el sobreembalaje). Para la parte de biodiversidad, lo fían a un “Plan de Rescate Ecológico” (¿por qué a 20 años vista y no a 10 o 45?), mostrando también desconocimiento respecto de la red de espacios protegidos o la lucha contra invasoras (¿”Fomentar la prevención”?¿Qué es eso, exactamente?). Al contrario que IU, no mencionan en ningún momento la Red Natura 2000 –fundamental-, pero coinciden en una ley del paisaje.

A grandes rasgos, este era el tono y contenido de los programas para el 20D: buenas intenciones, algunos puntos muy interesantes, pero un tono general de poca concreción y desorden en las propuestas ¿Y para el 26J? Lo primero: la estructura es mucho más similar a la de Podemos que a la de IU, pero aquí lo que nos importa es el contenido.

Se palpa un cambio en el título: ahora el apartado se llama “Democracia ambiental”, lo cual es merecedor de un aplauso, dado que vincular directamente las políticas ambientales con la democracia es una de las formas más efectivas de que percibamos su importancia real. Se habla de cambio climático, y se mantiene algo en lo que ya estaban de acuerdo por separado: el objetivo 100% renovables para 2050, que se implementará mediante un Plan de Transición Energética. Y aunque se diga que “Se introducirán igualmente los criterios de adaptación y mitigación al cambio climático en todas las políticas de forma transversal, con acciones para aumentar la resiliencia de las ciudades y los ecosistemas”, se echa de menos que, de hecho, se hable más de cambio climático en el resto de documento.  Hubiese sido el primer paso para poder ver en qué se traduce esa transversalidad. En la ley de Aguas sigue el acuerdo –la base es que sea un derecho fundamental-, y se mantiene el concepto de “pobreza hídrica”, discutido desde la izquierda (me incluyo), puesto que al final puede ser un subterfugio para no hablar de lo que subyace: pobreza, sin adjetivos.

El “Plan de Rescate Ecológico” está más desarrollado que en el programa del 20D, y lo que era entonces un “Fondo de Conservación para la Biodiversidad” se convierte aquí en una “Agencia del Patrimonio Natural y la Biodiversidad”. A su vez, se impulsará también un “Inventario Nacional de la Biodiversidad” y un “Plan Nacional de Restauración Ecosistémico”. Y no es que no suene bien, pero es redundante y muestra un cierto interés por utilizar todas las palabras biensonantes de la ecología. ¿Qué sentido tiene el plan de rescate ecológico si tendremos un plan de restauración ecosistémico? ¿Antes de proponer el inventario de patrimonio y biodiversidad se han consultado las fuentes y la información disponible, para ver si realmente es una cuestión de coordinación entre inventarios dispersos o si requiere esfuerzo de muestreo?

La parte de “ciudades sostenibles” se acorta y se queda en lo esencial, y me gusta especialmente que se hable de “ecosistemas urbanos”. Se mantiene también la propuesta de medio ambiente como derecho fundamental (un punto fuerte), y se queda en términos demasiado genéricos en la protección de costas y medio marino. Las buenas intenciones no nos valen, menos aún cuando se elimina la ley del paisaje, una buena iniciativa que se cae del programa por motivos inexplicables.

Respecto a los residuos, hay un giro ambicioso: se habla directamente de economía circular, un concepto a la vez antiguo y moderno, que implica no sólo residuo cero, sino la reincorporación cíclica de las materias primas en la cadena productiva. Es, efectivamente, hacia donde deberíamos estar dirigiendo nuestros pasos. Sobre la Política Agraria Común, los esperables lugares comunes (agroecología, soberanía alimentaria), pero se caen las referencias a los transgénicos, mucho más suavizadas en el programa de Podemos del 20D (prohibía ayudas a la importación) que en el de IU, que prohibía su uso en la producción de alimentos.

Por último, en “Bienestar Animal y protección de la Biodiversidad”, se habla de protección animal, pero nada de biodiversidad, que ya se había tocado antes. Entoces, ¿por qué el título? Misterios.

En resumen: el programa del pacto incorpora lo más relevante a nivel ambiental de los respectivos partidos, con algunas modificaciones menores. A pesar de que, probablemente por cuestiones de espacio, está más condensado, sigue habiendo un abuso de terminología “molona” (no todo puede ni debe ser “sostenible”), que muestra un cierto desconocimiento y voluntad de gustar. Y un programa no es un sitio en el que reciclar introducciones de trabajos de instituto, sino un espacio para mostrar propuestas claras y realistas. No por tener más planes o agencias protegeremos mejor la biodiversidad: lo haremos si diseñamos bien los organismos y estrategias. A pesar de estos reproches, la parte verde del acuerdo es sólida y contiene ideas muy interesantes.

Lo que falta, claro está, es que tanto Garzón como Iglesias se lo crean, y no se olviden de estas propuestas en los debates y mítines de campaña. Tienen una segunda oportunidad para demostrar que el medio ambiente –que es como decir nuestro futuro- les importa. Ojalá la aprovechen.

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