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De Rajoy, Sanchez, Puig y la “indecencia”

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El mismo genio que cocinó la encuesta del sorpasso, del hundimiento del PP y que vió en la zarza ardiendo de su carísimo ordenador la crucifixión de Pedro Sánchez, sin domingo de ramos ni huerto de Getsemaní, ese mismo sujeto ha publicado en un periodico nacional, en portada y a cinco columnas, que los votantes del PSOE quieren que gobierne Rajoy. Y la cosa no va de que yo no quiera que el hombre continúe presidiendo, si puede, su amada nación, para nada. Lo que pasa es que no puede, porque ha pasado de 186 a 137 diputados en seis meses, y ahora resulta que somos los demás los que tenemos que elegirlo presidente por el metodo Loreal: “Porque Rajoy lo vale". Sí, como lo están leyendo: nosotros, los que le hemos llamado, o más bien descrito, como el responsable político de “hechos vituperables y vergonzosos”  que es como describe el diccionario la “indecencia” cuya práctica habitual te convierte en una persona “indecente” somos los llamados a auparle al cargo. Que sí, que va de eso. Que ahora resulta que la inmensa mayoría de la ciudadanía consultada afirma que, el jefe de Bárcenas, el del despacho más grande en el edificio en “B” donde se coció la mayor trama organizada de saqueo de dinero público que ha operado en la historia de este país ha de ser elegido con el apoyo de quienes lo fueron para, entre otras cosas, si es posible llevarlo algún día ante un tribunal de justicia.

Nunca entendí por qué Pedro Sánchez se disculpó por el que probablemente ha sido uno de los momentos de mayor lucidez política en su pasado reciente: llamar a Rajoy “indecente”. Por una vez, un politico puso en su boca las palabras que la inmensa mayoria de un pais tenia en la mente. He leído y oído toda clase de análisis sobre las bondades tácticas y estratégicas de aquel episodio. La mayoría auténticas estupideces. Pero sin entrar en el debate sobre si aquello fue o no rentable electoralmente, lo bien cierto es que lo que nadie ha podido discutir, ni siquiera los analistas más cerriles, es que era verdad. No sé si es que Pedro Sánchez no tiene un diccionario en casa. No sé si no era consciente de que Mariano Rajoy es un candidato a la presidencia de España “políticamente indecente” y en realidad aquello fue un calentón y no la sincera expresion de aquello que en realidad pensaba. Pero lo cierto es que  adjudicar esa cualidad política al presidente del Partido Popular español se ajusta escrupulosamente a los últimos eisodios de su biografia. Para llegar a esa conclusión basta con  consultar la definición de la RAE con una mano y con la otra el sumario de la Gürtel, o cualquiera de los tomos de las otras decenas de causas criminales en las que está encausada la organización dirigida por Mariano Rajoy.

Supongo, que algunos y algunas, más preocupados por la supervivencia propia que por la del proyecto político socialdemócrata que un día lideró el PSOE, volverán a llamar a los socialistas valencianos a alinearse con aquellos que hoy gestionan realidades políticas que nada tienen que ver con la de mi tierra. Creo sinceramente, que Ximo Puig ya sabe que fué mala idea la de hace seis meses, inducida supongo, por esos genios tan avezados en ganar congresos como en perder elecciones que tienen sus despachos en las terrazas que circundan el Palau.

Pero esto queridos amigos y amigas ya no va de izquierda o derecha. Esto no va de ganar o perder elecciones. Esto no va de quien se quedará el último pesebre. Esto va  de saber que aire queremos respirar en nuestras instituciones. Esto va de entender, de una vez por todas, que el nombre de aquella o aquel al que situemos en la presidencia de este gobierno que está por venir, establecerá el nivel ético presente y futuro de nuestra democracia, un nuevo umbral del dolor para una ciudadanía cada vez más anestesiada . Ahora toca elegir entre el diccionario y la encuesta. Entre la prevalencia del significado exacto de las palabras “decencia” e “indecencia” o el retorcido propósito de los que todavía se atreven a decir que hay algo de ciencia en su pretendida demoscopia. Yo, por si mi opinión les sirve de algo estoy con el diccionario. Amigos Sánchez y Puig… Ustedes mismos.

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