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La que se avecina

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En el Programa de Estabilidad 2015-2018 que el gobierno del señor Rajoy envió a Bruselas hace unos meses se contemplaba, en los compromisos macroeconómicos tomados, que el porcentaje del peso en relación al PIB de la Educación pasase del 4 % actual al 3, 7 % en el 2018. En cuanto a Sanidad se avanza una evolución descendente que lleve del 6 % actual en relación al PIB al 5,3 % en el 2018.

Si nos centramos en Educación, se ha pasado en el periodo del 2012 al 2015 del 4,3 % al 4 % en relación al PIB. Y se desciende, insistimos, al 3,7 % en el 2018.   Estas cifras son todavía más relevantes si tenemos en cuenta que la media de la UE de los 27 se sitúa en cuanto a inversión en Educación en el 5,5 % del PIB. Y todavía más si resulta que la admirada Finlandia supera el 7 % del Producto Interior Bruto dedicado a temas educativos. Además, conviene señalar que con el brutal recorte perpetrado por el gobierno del señor Rajoy, y con el diseñado, España dedicará a Educación un porcentaje inferior del PIB que por ejemplo Níger, y que en Europa sólo los países bálticos y Rumanía estarán por debajo de nosotros. Pura Marca España de los patriotas de hojalata con pulseritas rojigualdas.

Ante esto, y más todavía en estos tiempos de humo y furia, conviene estar muy atento a lo que dicen las diversas fuerzas políticas. Lo que diga el PP, y sus promesas de legislatura “social”, es irrelevante, teniendo en cuenta las actuaciones pasadas, presentes y de diseño futuro de ese partido, a no ser para corroborar una vez más el rostro de cemento armado del que gozan sus dirigentes. Así por ejemplo, las medidas que está adoptando el nuevo Ministro de Educación, en el sentido de aumentar las partidas presupuestarias dedicadas a becas o derogar esa medida que impedía sustituir profesores antes de los 10 días de baja, no pueden ser tomadas en serio. Tendrán el límite de tres meses. Después se volverá a lo que se daba. Recordemos que el gasto debe disminuir todavía más según lo enviado a Bruselas. También resulta interesante fijarse en lo que dicen los diversos partidos. Así, Ciutadans, en la presentación que hizo hace un par de meses de su programa educativo no dijo una palabra de esa realidad, de inversiones y de recursos. De hecho, el programa educativo del partido del señor Rivera, una mezcla de generalidades infantiloides y de apelaciones al populismo trash o populismo basura, ha obviado cuidadosamente el tema. Y en Sanidad, donde tampoco dicen nada de cifras,  contemplan la posibilidad de copago y por supuesto la limitación de atención a los extranjeros en situación irregular. Nada extraño en un partido que cada día oculta peor su neoliberalismo cool, y que en la Comunidad Valenciana parece empeñado en revivir a toda costa al PP en base a su propia inanidad.

Del resto estaremos atentos. Y es que cuando se trata de temas trascendentales para el futuro del Estado de Bienestar de nuestra nación conviene no dejarse distraer por el ruido y la furia de los voceros. Las cifras son tozudas. Y las que importan. De ahí que algunos quieran que, como hemos visto recientemente, los debates ajenos a la realidad cotidiana de los ciudadanos, a la gestión de los recursos públicos, lo invadan todo. Es su salida, y su defensa. Conviene que decidamos pronto si vamos a dejar que se salgan con la suya o no. Porque si no estamos atentos, puede darse el caso de que lo que se avecine sea todavía peor de lo que hemos pasado.

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