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La despiadada reforma laboral y sus consecuencias

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La precariedad laboral ha llegado a unas cotas difícilmente superables. Una mañana el teléfono suena insistente, son las 8:00 am, es raro que alguien quiera algo a esas horas. El número no lo tengo, y lo cojo. Al otro lado la voz de una encargada de búsqueda, medio activa, de personal o de esclavos, pónganle el adjetivo que gusten tras la lectura del texto, me comenta el motivo de su llamada. Al oír la palabra mágica, “trabajo”, mis sentidos se volvieron locos, como un gamo salté del colchón e intenté apuntar la dirección a la que debía acudir. Era un trabajo para descargar camiones, comienzas ya, esas fueron las palabras de la amable trabajadora, por descontado, no me dijo nada de sueldo, horas, forma de descarga ni un horario más específico.

En realidad daba igual, cualquiera en una situación de desventaja económica como esta hubiera aceptado, al menos a ir a la entrevista y comprobar las condiciones. En la puerta esperaba como un pasmarote, un chico más alto que yo también estaba allí, era la persona que había decidido marcharse, algo mejor parece que le había salido en otro lugar, creo que llegó a mirarme con algo de condescendencia. La entrevista, si podemos llamar a comentarte sobre el trabajo poco, rápido y mal, duró nada, y terminé firmando un contrato basura, que convertía mi trabajo en esclavitud legal. La noche llegó, tenía por delante diez horas de trabajo, con un descanso nimio de 30 minutos.

Comienzo a comerme el bocadillo, en una sala enorme con un partido de baloncesto en la televisión, y soy consciente de la neoesclavitud en la que nos hallamos. Descargo cajas de cartón, de diferentes tamaños, sólo con las manos, sin nada más. Hay mucha gente allí descargando, en la misma situación que yo, todos hablan de la suerte que han tenido en encontrar un trabajo con contrato y totalmente legal. Nos han estafado, es lo que pienso mientras caen cajas en mis manos, un trabajo de cuarenta horas mensuales donde no podemos parar casi ni para ir al baño, y donde la gente parece contenta, sin duda el gobierno, la Troika y los medios de desinformación, nos han lobotomizado. La situación es tan dantesca que nos matamos por hogazas duras de pan, en forma de trabajo.

El salario de mierda, la precariedad laboral, la falta de futuro en una empresa, la derrota del sindicalismo, todo da igual, al final, si vemos que trabajamos, creemos, como burro a la carrera, que el camino se está asfaltando y que todo mejora. Los diez compañeros que estamos allí haciendo lo que podemos, somos diez parados menos, pero confundimos ser personas con un contrato a haber conseguido un trabajo, ya que no disponemos de continuidad, sólo somos mano de obra barata de despedir y barata de contratar. Ya no es necesario apuntarte a una ETT, la reforma laboral ha puesto en bandeja de plata el trabajo precario, de baja calidad y que por desgracia es lo único a lo que pueden aspirar miles de personas que llevan años soñando con volver a la actividad, aunque nadie sueña, al menos yo no, a trabajar en condiciones tan desesperadas. Ahora debemos trabajar mucho más para conseguir lo mismo que antes, 20 días de indemnización por año cotizado, nos están contratando cada vez más con menor temporalidad, de hecho el 92% de los contratos son así, yo soy uno de ellos y probablemente alguno de los que estáis leyendo esto también.

Yo llevaba ya mucho tiempo engordando las lista del paro, aunque sigo sin trabajar, el gobierno puede decir que ya no soy un parado más, aunque en realidad sí, engaños trileros de la estadística a favor de las élites. Como yo, seis de cada diez personas sin trabajo llevan, al menos, un año buscando y un 39,2% llevan más de dos años sin empleo, y ante ese desolador panorama, cualquiera acaba cogiendo el clavo ardiendo en el que se ha convertido el trabajo precario, debido a que prácticamente es el único. Con una patronal, la que en verdad diseña cómo tienen que ser las leyes del trabajo, todos los obreros estamos vendidos. Su presidente, Joan Rosell, siempre ha hecho gala de una superioridad que le gusta manifestar, llegando a reírse de los trabajadores en su cara, con frases tan sangrantes como, “En España los datos del desempleo tienen grandes debilidades en cuanto a exactitud. No podemos permitirnos dar informaciones que, estamos seguros, se alejan bastante de la realidad.”

Pero, ¿qué podemos esperar de una patronal corrupta?, y digo corrupta porque su ex presidente, Gerardo Díaz Ferrán, está en la cárcel por alzamiento de bienes y blanqueo de capitales. Aquél hombre que dijo que “de la crisis se sale trabajando más y cobrando menos”, sin duda éste tipo de gente se atreven a dar lecciones de comportamiento que jamás harían ellos ni sus allegados. Sin apenas darnos cuenta quieren quitarnos nuestros derechos, como la persona que se sienta a tu lado en una barra de bar y comienza poniendo el codo en la barra cerca de ti, pero ves que cada vez pone su codo más cerca del tuyo, quitándote espacio, hasta que te empuja y caes del taburete, y desde arriba ni te mira.

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