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La misa

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Lo leo en este diario. El 18 de julio se celebra en la catedral de Valencia una misa en sufragio de Francisco Franco. Este 18 de julio es el ochenta aniversario del golpe de Estado que dio paso a la guerra civil en 1936. Se ha escrito ya tantas veces que es un auténtico bochorno recordarlo: hace cuarenta y un años que se murió el dictador y sin embargo su figura sigue siendo un baluarte intocable para esta democracia. Aquí no pasa nada si su nombre es voceado en las plazas públicas, en los despachos institucionales de los gobiernos del PP, en los panfletos diarios de muchos medios de comunicación. Aquí el dictador sigue disfrutando de un reposo VIP en medio de una tierra donde todavía se guardan los restos de miles de hombres y mujeres que lucharon por la República y fueron asesinados impunemente por sus conmilitones.

Ya lo hemos dicho y escrito hasta la extenuación: ¿alguien se imagina en Alemania un monumento en honor de Hitler? ¿O algún otro levantando en el aire de la nobleza el busto militar de Petain? ¿O lo mismo con Mussolini de personaje homenajeado? Pues aquí no tenemos esos reparos con nuestro dictador. Aquí le seguimos rindiendo pleitesía. Aquí sus fieles siguen defendiendo públicamente su memoria incluso desde instancias de gobiernos surgidos de las urnas. Aquí tenemos una Ley de Memoria que cuando alguien la incumple llegan los jueces y lo absuelven de ese incumplimiento. Lo acaba de hacer el Tribunal Supremo con Rita Barberá, por ejemplo. ¡Nada menos que el Tribunal Supremo!

Y ahora lo de la misa. El arzobispo Cañizares estará contento. Se sentirá a gusto en el mundo macho de la marcialidad falangista. Se le pondrá la carne de gallina cuando la catedral se convierta en ese cielo impasiblemente azul que tiña de nostalgia los corazones de quienes se niegan a enterrar sus lealtades fachas. El tiempo de ahora se parece demasiado al de entonces. La iglesia bien que lo sabe y es una buena muestra de lo que digo. El 18 de julio es una fecha que esa iglesia reconoce como propia. No lo digo yo para que me excomulguen o me acusen de injurias. Lo dice el programa que saca eldiario.es estos días anunciando la misa en la catedral de Valencia en sufragio de Francisco F. No tienen ningún reparo en ofrecer esa misa y otras todos los 20 de noviembre porque aquí no sólo no está prohibido hablar bien de Franco y su dictadura sino que puedes organizar actos públicos en su memoria sin que ni la justicia ni nadie te diga que estás meando fuera del tiesto.

El 18 de julio es una fecha vergonzosa en el calendario de una democracia que es demasiado miedosa a la hora de exigirle cuentas a un pasado execrable. Ese pasado se encarna repetidamente en unos comportamientos civiles e institucionales que se niegan a romper amarras con la dictadura franquista. La feligresía de la catedral sale el 18 de julio a rendir homenaje a esa dictadura. No sé si toda la feligresía. Pero una buena parte de la de ese lunes andará emocionada con sus mejores recuerdos de una época infame y de sus protagonistas.

Y lo peor: si echas un vistazo a lo que te rodea, incluso a quienes tendrían que levantar la voz contra esa vergüenza, te surge la pregunta tristísima: ¿a quién le importa esa misa dedicada a Franco?

A nadie.

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