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El problema de España son los españoles

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El problema de España son los españoles. Desde la primera vez que oí esta sentencia de muerte al hecho de poseer la ciudadanía española, la convertí en una de mis máximas y no dejo de recordarla cada vez que esta sociedad me decepciona, hecho ya por cierto que pasa inadvertido a fuerza de estar tan inmerso en la rutina.

Una de las últimas veces que volví a repetir la ilustre cita fue el pasado domingo. Ya digo que no esperaba gran cosa del asunto, pero he admitir no obstante que incluso me planteé ser católica un ratito por tener algo de fe. Pero no. Como siempre, ser católico resulta inútil. Conseguí permanecer del lado de la sensatez.

El caso es que el resultado de las elecciones andaluzas, pese a ser más que previsible, volvió a confirmarme las palabras con las que abría este artículo. Andalucía, la provincia con la tasa de paro más alta de España y cuya endémica trama de corrupción señala demasiado obviamente al partido del gobierno, vuelve a colocar a ese mismo partido en el gobierno. Ese hecho, que es objetivo, ha tenido más interpretaciones que un mensaje de Whatsapp a las tres de la mañana de un sábado noche.

Ahí va la mía. Honestamente, opino que los ciudadanos son peores que los políticos. (Espacio para indignaciones varias). Sigo. De los políticos que nos gobiernan, nada ya que decir, o mejor dicho, poco nos queda ya por sufrir. Precisamente por eso quien consiente que tal sufrimiento se perpetúe en el tiempo, es peor que el propio causante del sufrimiento. ¿Qué coño tiene que pasar (Pedro Sánchez style) para que la cuidadanía no sea cómplice de tanta mala gestión y tantos delitos?

De verdad, no entiendo eso de fidelidad del voto. Lo que creo que hay detrás de ello es miedo al cambio. Cuando se es tan sugestionable al mensaje de miedo con que tratan de machacar todos los días los medios de comunicación, se llega al peligroso convencimiento de que permanecer en el mismo sitio aunque sea un mal sitio es la mejor opción. Eso es lo que está pasando. Cada uno manda su mensaje de miedo y la ciudadanía elige cuál es el mejor miedo con el que vivir.

Y tras cabrearme al conocer las noticias que llegaban de Andalucía, después pasé a la más triste indiferencia por pensar que el mismo panorama nos espera a nosotros en las próximas elecciones. Ni me creo encuestas, ni me creo indignaciones de la calle, ni me creo a tertulianos. Mucho me temo que, para desgracia nuestra y tal como ha ocurrido en Andalucía, las elecciones no nos traerán ningún cambio, nos traerán como poco cuatro años más de caloret.

Habrá a quien ello no le importe, pero algunos de nosotros estamos ya quemados. Estar rodeado de españoles es lo que tiene. Tal vez la solución no pasa por el cambio, sino por pillarse una nueva ciudadanía.

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