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El sistema de cuotas de refugiados en la Unión Europea… ¿Muestra de solidaridad o doble moral?

La humanidad está viviendo una de sus peores crisis de desplazamiento forzado a la que se tienen que enfrentar millones de personas que se ven obligadas a escapar de sus países por diversos motivos. Nadie quiere ser un refugiado. Escapar, a veces, es la única opción.

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La pobreza extrema, el hambre, la violencia, la guerra, la persecución política, el cambio climático o la búsqueda de mejores condiciones de vida, son algunos de los factores que obligan a las personas a emigrar. Una situación extremadamente grave que pone en riesgo la vida de miles de personas en total indefensión. Decidir cruzar las fronteras no es fácil, atrás queda lo que un día fue un hogar, una familia, una lengua, una cultura, toda una vida que fue y ya no será más.

Europa es la región que se caracteriza por proclamar la universalidad de los Derechos Humanos y que pretende ser un referente de protección y garantía a estos principios, lo cual efectivamente hace en pro de sus ciudadanos, y por eso es el destino elegido por muchos que esperan que también se les reconozca tales derechos.

Pero he ahí precisamente la gran limitante: su “universalidad” de protección es únicamente para los ciudadanos europeos, el inmigrante “irregular” se tendrá que enfrentar a los más terribles y denigrantes obstáculos para poder alcanzar ese status que le garantizaría el goce de los derechos más esenciales del ser humano.

La estrategia de los Estados es evitar a toda costa que estas personas pongan un pie en territorio europeo, porque una vez dentro de sus fronteras, tienen la obligación jurídica de prestarles ayuda inmediata y de conocer las solicitudes de asilo que ante sus instancias se presenten.

Teniendo en cuenta que las fronteras geográficas tal como las conocemos hoy, fueron trazadas arbitrariamente por las grandes potencias a través de la conquista, la violencia y la colonización y que, además, hoy en día propician la injusta distribución de la riqueza a nivel mundial y promueven gobiernos despóticos a favor de sus propios intereses, me pregunto: ¿Con qué fundamento ético puede Europa negarle la entrada a estas personas que son víctimas tanto de sus políticas exteriores, como de la tiranía de los Estados de los que son nacionales?

Resulta que, ante la llegada de miles de personas a Italia y Grecia en búsqueda de protección, la Unión Europea decide establecer una serie de medidas provisionales en beneficio de estos países… ¡Pero por favor, mirad que es una decisión para beneficiar a unos Estados y no para ayudar a las personas en situación de riesgo que necesitan amparo de los que se hacen llamar los mayores defensores de los Derechos Humanos!

Todas estas decisiones van totalmente en contra de lo que se establece en la Carta Fundamental de los Derechos Humanos de la Unión Europea, por la que todos los países miembros están jurídica y moralmente obligados a establecer a los seres humanos en el centro de todas sus actuaciones.

 

Dichas medidas provisionales fueron establecidas en la Decisión del Consejo 12098/15 de fecha 22 de septiembre de 2015, en las cuales los países acordaron un sistema de cuotas que tenía como objetivo reubicar y reasentar en forma proporcional en los demás Estados miembros de la Unión, a 120,000 personas solicitantes de asilo, provenientes de Siria, Iraq y Eritrea, que se encontraban ya en territorio griego e italiano, lo que resulta totalmente discriminatorio, ya que excluye a otras nacionalidades y a otras personas que hayan llegado después del 20 de marzo de 2016, que necesitan igualmente de protección.

El principal problema que se detectó en el texto de este acuerdo fue su visión eminentemente estato-céntrica, obviando totalmente el sufrimiento e incertidumbre que viven miles de personas en su intento por alcanzar mejores condiciones de vida. Se hace demasiado énfasis en el beneficio o perjuicio del que pueden ser objeto los Estados y no se considera su integridad física y moral y, sobre todo, su dignidad.

Este sistema de cuotas ha resultado un fracaso rotundo, en donde España apenas cumplió el 11% de su compromiso de reubicar y reasentar a más de 17,000 personas, alegando que el sistema establecido por la UE era demasiado complejo, con trámites lentos y laboriosos y que los otros países europeos al no cumplir tampoco con su cuota que les corresponde, entonces ¿por qué si habría de cumplirlo España?

En vez de jugar a parecer solidarios ante el mundo, los países miembros de la Unión Europea deben tomarse en serio la crisis de desplazamiento global que estamos viviendo. Es la integridad física y moral de millones de seres humanos la que está en riesgo, si se sigue actuando de la misma forma que se ha hecho hasta hoy, por esta razón, se proponen las siguientes alternativas que, aunque no resuelven el problema de raíz, sí pretenden ser una respuesta inmediata ante la gravedad de la situación:

1.- Visados humanitarios que permitan agilizar la salida de sus países de los que están en situación de riesgo, evitando una huida arriesgada y peligrosa, al no tener que recurrir o exponerse a traficantes de personas para poder cruzar las fronteras.

2.- Elaboración de un nuevo acuerdo europeo que tenga como centro de las decisiones a las personas, en donde se garantice el respeto a los derechos humanos y se promueva el mecanismo de reasentamiento y reubicación para todo el que tenga necesidad manifiesta, independientemente de su nacionalidad o fecha de llegada a la región.

3.- Establecimiento de vías legales y seguras, tanto en los países de tránsito como de destino, y aumento de operaciones de rescate y salvamento en el mar, que garantice la protección y asistencia durante el camino.

Por último, recordar que todos, en algún momento, podemos llegar a ser refugiados, las causas son diversas y el momento histórico en el que vivimos nos llama a la compasión, empatía y solidaridad con nuestro prójimo. No nos hagamos indiferentes ante el dolor y sobre todo, presionemos a los gobiernos para que, ante cualquier decisión que se tome en el ámbito del Derecho de los Refugiados, se considere la protección de su dignidad y valor intrínseco como el fin último de sus actuaciones.

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