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La semilla de Pablo Iglesias Posse, no es sólo de los socialistas con carnet

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Sobran motivos, en el momento actual, para reflexionar sobre historia, presente y futuro de la socialdemocracia. Ese interminable debate entre militantes socialistas de estar traicionando las ideas que sostienen los “guardianes de las esencias” y quienes ofrecen argumentos de modernización con respuestas a nuevos retos sociales. Así ha sucedido históricamente y así sucede hoy de nuevo, más todavía en un nuevo 9 de diciembre. Hace 91 años que falleció Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE y de la UGT. Su sucesor en la presidencia del partido fue Julián Besteiro quien en su elogio fúnebre señalaba: “Iglesias fue un sembrador. La semilla que él sembró ha producido ya tallos y troncos robustos”.

Semilla que en Valencia germinó con fuerza. Así fue cuando en 1871 acudió a nuestra tierra para el congreso de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores). A partir de 1891 acudiría regularmente para pedir el voto obrero en las sucesivas campañas electorales. En una de estas campañas conocería a Amparó Meliá, la que sería su compañera sentimental hasta su muerte y que permanece enterrada en el Cementerio Civil de Valencia.

En una de estas campañas, hacia 1910, vino acompañado de Benito Pérez Galdos, siendo recibidos por multitudes. Precisamente el escritor dio una de las más bellas alabanzas de Pablo Iglesias y del PSOE: “voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado, admirable que hay en la España política”.

Cuando la salud de Pablo, hacia 1917, sufrió una grave crisis, fue su amigo valenciano Joaquín Ballester quien le ofreció su casa en Venta Mina para reposar. Allí compartiría techo con el entonces concejal republicano Vicente Marco Miranda, quien sería alcalde de Valencia en 1931.

El debate de la socialdemocracia actual, 137 años después de la fundación el Partido Socialista Obrero español, mantiene los mismos principios que movieron la vida de nuestro fundador: audacia, honradez y firmeza. Audacia para afrontar los retos de un futuro incierto, renovando los postulados socialdemócratas y hacer frente a los populismos que se enrocan en soluciones tan fáciles como falaces. Honradez como sello de nuestro compromiso con la política, como fueron los gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Y firmeza en la defensa de nuestros principios que son los de libertad, igualdad, solidaridad y justicia social.

El PSOE no pertenece únicamente a los socialistas con carnet. La reflexión de los militantes y simpatizantes es la necesidad de adaptar el proyecto político, las ideas y el discurso a los tiempos actuales, desde aquella siembra de Pablo Iglesias Posse, para seguir siendo un partido político, con vocación de gobierno, instrumento de transformación y modernización de la sociedad, patrimonio de la ciudadanía y del electorado.

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