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¿Se burlan de España?

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El presidente de Apple, Tim Cook durante la presentación de las actualizaciones y nuevos productos de la compañía en la sede de Apple. EFE

Rompo el silencio de los últimos meses para clamar al cielo y reconozco que el título de este artículo tiene la malévola intención de provocar. ¡Pues claro!

Es injusto y vergonzoso que se dé cobijo en España a empresas importantes y multinacionales que no pagan sus impuestos o que los pagan al mínimo fuera de España.

Con muchos matices los españoles hemos decidido que queremos una democracia con un sistema económico capitalista y procurar unos derechos de protección que conforman el estado de bienestar.

Subsidios de desempleo o vejez, un sistema de salud universal y gratuito, servicios de educación para garantizar el acceso al conocimiento de todos los ciudadanos, provisión de vivienda, alimentación y otros servicios asistenciales. Son derechos sociales necesarios de los que nos sentimos orgullosos aunque sean tan caros, tanto que se comen la mayor parte de los presupuestos del estado.

Por favor ¿me trae la cuenta?

La cuenta del Estado de Bienestar en España la pagamos gracias a los sistemas de recaudación. Se llaman impuestos y los pagamos todos... humm…

Los políticos hablan y hablan mientras los medios de comunicación son el eco perfecto para tanto ruido machacón. La corrupción se va de juerga con la demagogia en la peor combinación para perder el tiempo con enfrentamientos verbales cargados de argumentos alcohólicos que no arreglan nada. ¡Nada de nada!

Sabemos que nuestros políticos no han cuidado del dinero ni de los intereses de los españoles. Pero seamos prácticos ¿Vamos a recuperar ese dinero perdido?

Podemos cuidar el dinero que tenemos hoy y el dinero que el Estado va a recaudar mañana, seamos constructivos. ¿Con qué dinero se pagan nuestros derechos sociales?

El dinero no cae del cielo, lo pagamos por medio de la declaración de la renta de las personas físicas, la recaudación del IVA y en general los impuestos que pagan autónomos y empresas.

En este proceso algo está fallando porque la cuenta siempre la pagan los mismos.

Son muchos los grandes deportistas, artistas, famosos y personas relevantes que buscan, asesorados por agentes y asesores fiscales, pagar menos impuestos que el tipo medio que corresponde en España a las grandes fortunas y para ello cambian su residencia a un paraíso fiscal. Estos casos son muy mediáticos pero son sólo la punta de iceberg.

Las grandes empresas utilizan mecanismos similares con el mismo objetivo pero con volúmenes de unas dimensiones casi incalculables.

En el sector de la tecnología esta situación es especialmente sangrante porque los márgenes comerciales son reducidos y la empresa que no paga sus impuestos puede presentar un mejor precio final en sus productos o servicios aunque sea una empresa con una costosa infraestructura, ineficiente y poco competitiva.

Es intolerable que un humilde trabajador autónomo o cualquier pequeña empresa pague muchos más impuestos que la multinacional de turno con la que intenta competir. ¿No debería ser al contrario? ¿Cómo pueden permitir algo así? ¿Dónde están los defensores del mercado? ¿Dónde están los defensores de los derechos sociales?

Ufff, disculpadme, ¡qué serio me estoy poniendo!

Pero es que esta competencia desleal genera pobreza en cadena. Debería prosperar la empresa que cuide mejor a sus clientes, la que sea capaz de ofrecer el mejor servicio, la que estudia mejor sus costes y desarrolla el mejor proyecto, la que adopta mejores estrategias y por ello puede ofrecer mejores precios y servicios.

Apple, Amazon, Uber y tantos otros casos ¿pagan con igualdad los impuestos?

En el caso del sector tecnológico la presión sobre los precios se ha vuelto insoportable porque no solo son los impuestos los que provocan ventajas injustas, también afecta la sensación engañosa del precio online.

El PVP de un producto es el precio final que paga un cliente por adquirirlo. Así ocurre en cualquier tienda en la calle pero no ocurre lo mismo en internet.

Comparamos precios reales de tiendas físicas con precios online que no son finales porque les falta añadir los portes de envío. No son PVPs. Distorsiona la comparación de precios y la sensación general de una empresa rompiendo la libre competencia.

¿Por qué permiten publicar en Internet los precios de productos que no pagan impuestos y antes de sumar los portes de envío? Como diría José Mourinho “¿Pour qué?”

Y no, eso no es todo. La logística necesaria para seleccionar, empaquetar, transportar y finalmente entregar el producto en cualquier hogar o empresa es un servicio costoso y debería tener también un precio de mercado real y acorde con dicho servicio.

Los costes logísticos son elevados porque aún no existe el teletransporte. Los prometidos drones aún no los vemos entregando neveras por la chimenea.

Es necesario pagar la gasolina del camión, el sueldo del transportista con su seguridad social y la del repartidor, furgoneta, reparaciones, la estructura física y comercial de la empresa y el justo beneficio… ¡Pero magia! ¡Portes de envío casi gratis!

¿Qué está pasando? ¿Por qué las empresas de transporte y paquetería ofrecen tarifas con las que no cubren sus costes? ¿tampoco pagan impuestos? ¿servicios premium gratis? ¿un servicio tan costoso puede ser gratis? ¿en ocasiones desde China? ¿sin aduanas? ¿pero qué significa esto? ¿cómo pueden ocurrir estas cosas y nadie hace nada?

El sistema además debe ser capaz de acabar con el fraude de IVA en la comercialización de productos tecnológicos, otro problema que se eterniza. Debe conseguirlo aplicando sistemas eficaces, sin molestar a los que sí pagan sus impuestos que ya tienen bastante con sufrir las consecuencias del desequilibrio provocado en el mercado.

No, no es mejor la empresa que no paga sus impuestos, es peor, pero además consigue cerrar a las empresas realmente competitivas que aportan valor, puestos de trabajo y recaudación.

Todo el mundo mira hacia otro lado. Ya cometimos el mismo error deslocalizando fábricas a otros países donde explotan a los trabajadores, en ocasiones niños y niñas con 12 años trabajando durante 14 horas diarias en condiciones peligrosas a cambio de salarios míseros en pleno siglo XXI.

¿No son personas? ¿No importan? Vivimos, trabajamos y compramos ropa a precios innobles, móviles de marcas de lujo y productos de todo tipo. Nadie hace nada, nadie dice nada. Lo asumimos como si fuera normal.

Estamos dando otro paso equivocado si permitimos a las empresas pagar impuestos ínfimos fuera de España con “trampas”, legales o no, para dejar la picaresca española a nivel aficionado. La ingeniería fiscal permite a las multinacionales declarar en España resultados negativos, en ocasiones presentan pérdidas escandalosas y dejan enormes beneficios en países de baja o nula tributación.

El crecimiento económico se va fuera y las buenas empresas que generan recaudación y empleo son empujadas al cierre. El resultado es devastador para los derechos sociales de nuestras familias. Es un problema creciente, pasa el tiempo y no se resuelve.

Por ello me hago tantas preguntas que se repiten ¿Dónde están los defensores de la libre competencia? ¿Dónde están los defensores de los derechos sociales?

Llenamos horas de conversaciones, quejas, páginas de información en los medios, noticias y más noticias. Y me sorprende mucho escuchar a los partidos políticos de la vieja y de la nueva política con enfrentamientos absurdos tejidos con argumentos banales. Pero nadie abandera este tema que es tan importante por el volumen de dinero que supone para la estructura económica y social de España.

No, no es que estas empresas quieran burlarse de España, solo defienden sus intereses. ¿Pero quién nos defiende a nosotros? ¿Dónde están?

Siempre existe una forma más fácil de hacer mejor las cosas.

Así es, aunque pueda parecer increíble, existe una solución sencilla. Primero es necesario hacer desaparecer el dinero de papel. A partir de ese momento todo pago de un producto o servicio debería estar conectado por banco y aplicar en ese momento un porcentaje para impuestos automáticamente. Todos y cada uno de los movimientos bancarios, sin distinción.

Son matemáticas. El porcentaje sería mucho menor, la recaudación se multiplica por cien, nadie se equivoca y no perjudica al mercado. ¡Estupendo! Algunas veces las soluciones felices son prácticas y conceptualmente sencillas. No es una cuestión de dificultad sino de voluntad política.

Mientras tanto la verdadera forma de ser solidario, de cuidar a los ancianos, a los enfermos y a los desvalidos, de proteger a los parados y generar empleo, de redistribuir los recursos, de dar educación y generar oportunidades, es elegir qué productos consumimos y en qué tipo de empresas compramos.

Es lo único que podemos hacer mientras suplicamos a los políticos que nos cuiden.

Me dan ganas de pedir eso de “Pincha en compartir” y cuéntalo en la cafetería.

¡Sed felices!

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