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Los españoles comienzan a votar en el Extremo Oriente

Los españoles comienzan a votar en el Extremo Oriente EFE

La confluencia planetaria (Leire Pajín dixit) ha sido la culpable de que coincidieran en el tiempo un cierto agotamiento temático por mi parte y las elecciones generales del 20-D. Por tanto, la opinión la pintan calva y en mi caso cerrar (al menos provisionalmente) el blog con una breve reflexión sobre lo que nos jugamos como ciudad el próximo domingo parece un final aceptable.

Al margen de un sinfín de consideraciones que se podría hacer sobre la trascendencia de la efeméride en diferentes niveles semánticos, a nadie le extrañará que un servidor piense en términos de ciudad y de pérdidas o ganancias. Las encuestas (más o menos cocinadas o precocinadas según origen), pintan un panorama algo más que preocupante: la coalición del PP y Ciudadanos puede ser suficiente para formar gobierno. Podría darse el caso de que Ciudadanos se abstuviera si cumplen su promesa de no votar a Rajoy como presidente o valoran mucho huir del abrazo del oso. Hipótesis poco creíble porque no sólo no tocarían poder sino que serían perseguidos por los siglos de los siglos como los traidores que han hecho posible el gobierno de izquierdas, por mucho que hagan valer su voto en las cuestiones trascendentales. Por tanto la abstención de Ciudadanos es poco probable y, presumiblemente los votos “de izquierda” no permitan formar gobierno.

Si se cumple el escenario más desfavorable, al Ayuntamiento de Valencia (como a otros muchos ayuntamientos gobernados por “fuerzas de progreso”) le esperan cuatro años especialmente difíciles. En primer lugar porque el problema de la financiación de la autonomía se resolverá mal o no se resolverá y con una Generalitat en quiebra técnica pocas “colaboraciones “ cabe esperar de quien nada tiene. En segundo lugar, las transferencias del Estado o los posibles contratos-programa (por ejemplo, en el transporte metropolitano) brillarán por su escasez porque es lógico que “Madrid” adopte una postura cicatera disfrazada de rigor presupuestario y medidas austericidas. Y por lo que a inversiones (o la condonación de deuda en el caso del Consorcio de la Copa de América) se refiere, no son de prever grandes cambios en temas que afectan directamente a la ciudad: el Parque Central, la prolongación del enterramiento de las vías y un larguísimo etc…

Las malas noticias no se limitarán al ámbito financiero. Las modificaciones en la arquitectura del Estado se ralentizarán y la reforma en profundidad de la administración local quedará para mejores épocas. Y si de Albert Rivera depende no habrá izquierdas ni derechas y la unidad de España será incuestionable (¿les suena a algo?). También puede suceder, claro está, que el balance entre los votos del PSOE, Podemos y sus coaliciones e Izquierda Unida, por una parte, y PP y Ciudadanos, por otra, sea tan ajustado que puedan decidir los partidos bisagra habituales (Democracia y Libertad de Artur Mas, Esquerra Republicana, PNV y próximos, Canarias etc…) pero este pequeño grupo- salvo Cantabria- no parece propenso precisamente a pactar con PP o Ciudadanos. La salida es el encarecimiento del voto. Bonito encaje de bolillos.

Otro escenario mejor es tan deseable como poco probable y por tanto, habrá que prepararse para años de agria disputa y magra cosecha, intentando suplir con imaginación, buena gestión y sencilla trasparencia la escasez de recursos financieros, receta válida incluso en años de abundantes mieses. Información accesible y veraz, prioridad a la cultura y a la difusión cultural y trato exquisito pero firme. Expectativas, las justas. Buenas noches y buena suerte.

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