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Una cuestión de firma

Poner o no el nombre junto a una información no es un tema baladí para un profesional de la prensa: de hecho tiene la mayor importancia.

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El socio Días de Bohemia de Antequera, Málaga, expresa sus dudas con respecto a un artículo publicado bajo la firma de eldiario.es, preguntando:

“Si este artículo no es un editorial, debería aparecer con la firma correspondiente de la persona que lo escribe o de la agencia de noticias de donde procede. ¿O es un editorial?”

Por editorial se entiende un artículo de opinión publicado bajo la responsabilidad del director que expresa una opinión colectiva de la cabecera en su conjunto. Sus valoraciones y análisis, por tanto, no son personales, sino institucionales; en muchos países y épocas los editoriales periodísticos han gozado de amplia lectura e influencia en la política y la sociedad. En ese sentido lo más parecido a un editorial que tiene eldiario.es es el blog colectivo Zona Crítica, en el sentido de que expresa un punto de vista colectivo. Sin embargo los posts de Zona Crítica llevan sus correspondientes firmas, y por tanto no son ‘editoriales’ en el sentido clásico. eldiario.es carece de un editorial tradicional, por lo que el artículo citado no es una opinión colectiva de la cabecera. Es un artículo sin firma; algo bastante habitual.

Y sin embargo para un periodista la firma es fundamental. Firmar un artículo no es una cuestión secundaria, y no sólo por la egolatría, ese combustible que mantiene funcionando a las redacciones. Se trata de un aspecto vital de la biografía de un profesional, porque permite identificar su trabajo y crear un hueco diferenciado con respecto a otros compañeros y competidores. Tampoco es sólo una cuestión de etiquetado, porque en la firma hay una evaluación de calidad. En las redacciones la convención es simple: se firman aquellas noticias en las que el periodista ha aportado información de cosecha propia. Las noticias que vienen de agencia se firman con el nombre de la empresa correspondiente, o ‘Agencias’ si son varias; y las que tienen su origen en comunicados, fuentes oficiales públicas u otros conductos se firman con el nombre del periódico. La cuestión es tan importante que la firma se considera como el principal capital de un periodista. La cuestión tiene incluso repercusiones legales, ya que con su firma el profesional se responsabilidad personalmente de la información publicada frente a denuncias o rectificaciones; en caso de que surgiese un problema con una noticia sin firma los responsables serían, por este orden, el director del medio y el editor.

Incluso la ley reconoce la importancia de la firma, al establecer (artículo 14 de la Ley de Propiedad Intelectual) el derecho a que el autor decida si la obra aparece bajo su nombre, o no. Los diarios que cuentan con estatutos de redacción frecuentemente incluyen la prohibición de que el medio obligue a firmar una información con la que el periodista no está de acuerdo (cláusula de conciencia), muchas veces ofreciendo al profesional la opción de abandonar la empresa con una jugosa indemnización si se le intenta forzar. La modificación no pactada de un texto puede también acogerse a este derecho. En la mayor parte de las ocasiones la ausencia de firma se debe simplemente a una necesidad de discreción por parte del autor, que por la razón que sea no desea ser identificado públicamente; es común, por ejemplo, que no se firmen o se empleen seudónimos cuando hay cláusulas de exclusividad en los contratos y se desea publicar en otro medio.

Como medida de la importancia de la firma se puede citar que a veces se usa como medio de protesta; la retirada o ‘huelga’ de firmas es una medida para expresar una protesta de los periodistas contra la dirección del medio de modo menos drástico que una cesación del trabajo. La costumbre está muy arraigada en la prensa anglosajona y también se ha usado en España, desgraciadamente con mucha frecuencia en estos últimos años. Porque se entiende que de alguna manera al negarse a firmar sus artículos los periodistas ‘castigan’ a sus superiores, siquiera de modo simbólico, ya que se entiende que para renunciar a la firma hay que tener alguna buena razón. No es el caso esta vez.

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