eldiario.es

Menú

DESALAMBRE

El péndulo de la violencia en República Democrática del Congo

Nos acercamos a Lulingu, un territorio situado en el Congo sumergido en una violencia periódica e incesante desde hace más de 20 años

Lulingu se reparte buena pieza de un pastel edulcorado con minas de metales preciados entre dos grupos armados rivales entre sí, ambos enfrentados al Ejército regular

"Tenemos que huir con frecuencia de los ataques y cuando podemos regresar, o todo el campo se ha echado a perder, o nos lo han destruido", dice Elisée

- PUBLICIDAD -

Un territorio de 6.500 km (algo más que la superficie de la provincia de Tarragona), sumergido en una violencia periódica y por ahora y desde hace más de veinte años, incesante. Un territorio en el que habitan 170.000 almas, hechas a tener que coger los pocos bártulos posibles y salir de sus casas escopeteadas, al antojo de los grupos armados que pueblan la zona, la de Lulingu, en Kivu del Sur, en el área más oriental de la República Democrática del Congo, la más convulsa.

La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) interviene en el área y ante las difíciles condiciones de vida de aquellos que han tenido que salir de sus casas, refugiarse en los bosques, esperar a que todo pasara y regresar a sus pueblos a ver qué quedaba en pie, ha distribuido ayuda a más de quinientas familias de la zona, muchas todavía desplazadas.

No es la primera vez, ni será, con certeza, la última. Lulingu se reparte, buena pieza de un pastel edulcorado con minas de metales altamente preciados, entre, al menos dos grupos armados rivales entre sí y ambos en disputa con el Ejército regular. Uno avanza, otro retrocede, otro retrocede y uno avanza. Si pendular es la pelea, pendular es el desplazamiento de familias enteras y pendular también son sus pérdidas: ahora sí y ahora también.

"Tenemos que huir con frecuencia de los enfrentamientos entre los Raïa Mutomboki — grupos originados como autodefensa y que controlan parte del terreno — y el Ejército regular", explica Elisée, una joven de 18 años, vecina de la población de Ngola, "por eso no nos podemos ocupar de nuestros campos y cuando podemos regresar o bien todo se ha echado a perder, o nos lo han destruido o quemado".

La población de Lulingu depende en su mayoría de la agricultura. Una vez forzados a desplacerse, pierden todo acceso a sus recursos. | MSF

La población de Lulingu depende en su mayoría de la agricultura. Una vez forzados a desplacerse, pierden todo acceso a sus recursos. | MSF

En una población que mayoritariamente se dedica a la agricultura o la ganadería, dependiente de la tierra, este huir y regresar, volver a empezar desde cero, volver a huir, — aprendices de Sísifo — la obtención de comida es el mayor objetivo: "Cuando estamos escondidos en el bosque es un problema, hay que ir a otros pueblos y encontrar qué comer. No hemos podido cosechar con todos los problemas de seguridad que hemos tenido. Ahora, un poco más calmado todo, esperamos poder cosechar en enero", dice Kaburiwazi, también vecino de Ngola, de 30 años, minero.

Aparte de una asistencia en forma de alimentos por parte de otra organización y que no llegó a todas las familias, las ocho poblaciones más afectadas –situadas a lo largo del eje entre Nduma y Makala–, no han recibido otra ayuda. MSF ha optado por intervenir y distribuir a 519 familias kits con productos básicos como mosquiteras, bidones, utensilios de cocina, jabón, mantas, a los que también se han añadido esteras, ropa y tejidos y aperos de labranza, para cubrir necesidades específicas de esta población.

Motos para llegar donde pocos llegan

La distribución ha supuesto involucrar una treintena de motos, el método de transporte más flexible y fiable frente a la orografía impenetrable de la zona. Nduma, el pueblo desde el que se inició el reparto de los kits, está situado a 40 km de la población de Lulingu y solo se puede llegar en vehículos de dos ruedas. Para transportar los kits de Lulingu a Nduma se requirió el ingente trabajo de las 30 motos de forma continua durante diez días. Luego, los kits llegaron a manos de sus destinatarios en tan sólo dos días, a cuatro pueblos por jornada. 

Los desplazamientos periódicos suponen alterar la vida, ponerla patas arriba, perderla tal como era: falta comida, no hay escuela, no hay trabajo, no hay cama, no hay dinero, no hay acceso a servicios médicos y la posibilidad de contraer enfermedades es mayor. En este sentido, MSF ha iniciado la rehabilitación del centro de salud comunitario en Makala, desde donde ofrecer servicios médicos gratuitos. Los pequeños de Elisée han sido atendidos. Ella, embarazada, también. Kaburiwazi explica que “antes, de caer enfermo, podías esperar no curarte nunca". 

La conflictividad de la zona ha forzado a MSF a intervenir en varias ocasiones para distribuir artículos de primera necesidad a familias desplazadas por la violencia y los enfrentamientos entre los diferentes grupos armados. Entre abril y junio de 2016, por ejemplo, se procedió a realizar una distribución en el eje de Swiza para 264 núcleos familiares.

Los equipos de MSF también intervinieron de urgencia en octubre para atender las necesidades de cerca de 2.700 personas recientemente desplazados en la zona de Luntukulu, también en Kivu del Sur.

Las familias desplazadas de la zona este de Shabunda han sido acogidas por los vecinos de las poblaciones de Luntukulo, Kalagule, Kantungo y Nyamadava, bien entre sus propios familiares, bien en casas que estaban desocupadas. MSF repartió kits de materiales de primera necesidad y asimismo ofreció apoyo psicológico. Ante la posibilidad de enfrentarse a una crisis nutricional, el equipo ha reestablecido su atención en el centro de salud de Luntukulu para hacerse cargo de posibles casos de desnutrición en las próximas semanas.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha