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¿Por qué mentían cuando decían que el Brexit ayudaría al sistema de salud británico?

Es difícil escoger la manifestación más demagógica de la campaña del Brexit, pero una de sus cumbres sería aquel  autobús que recorría las calles del Reino Unido diciendo que "en lugar de mandar a la UE 350 millones de libras semanales podríamos financiar nuestro NHS" (NHS son las siglas en inglés del Sistema Británico de Salud). Este autobús fue fletado por la plataforma Vote Leave, en la que participaban miembros prominentes del partido Tory como los ex-ministros de Justicia Chris Grayling y Michael Gove y el ex-alcalde de Londres Boris Jonhson, aunque también participaban miembros del partido laborista, del UKIP y de los liberal-demócratas. El colmo del cinismo se alcanzó en una entrevista a Chris Grayling sólo unos días después del referéndum, donde dijo que destinar al NHS los 350 millones de libras semanales era sólo "una aspiración" de su plataforma. Una vez más se utilizaba el daño social causado por las políticas austeritarias para dirigir el voto protesta hacia una posición determinada, desentendiéndose después de la responsabilidad política ante el deterioro de los servicios públicos. En este caso, son los mismos tories que han estado ahogando financieramente el sistema británico de salud quienes utilizan demagógicamente ese descontento, pasando de puntillas por el hecho obvio de que esa falta de financiación puede solucionarse independientemente de la permanencia del Reino Unido en la UE.

El sistema británico de salud (NHS) ha sido considerado tradicionalmente uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Además, por el momento, permite a los ciudadanos europeos un acceso fácil a la cobertura sanitaria, para el cuál únicamente ha de probarse la residencia en Reino Unido. Pero el NHS se enfrenta, en estos momentos, a grandes dificultades económicas puesto que el aumento de los gastos, debido al envejecimiento de la población entre otros factores, no se ha visto reflejado en un aumento suficiente de la financiación. Cierto es que el gasto en materia sanitaria, tanto en términos absolutos como en porcentaje del PIB, se encuentra cerca del máximo histórico, pasando este último del 5% de principios de siglo hasta el 8,5% actual. El aumento de los costes sanitarios debido al envejecimiento puede observarse en todos los países de la Unión Europea y otros países han corregido este aumento del gasto con un correspondiente aumento de la financiación. Sin embargo, Reino Unido ha ido perdiendo posiciones en la lista países ordenados por porcentaje del PIB dedicado a gasto sanitario, alejándose cada vez más de países como Suecia, Francia y Alemania (que dedican al sistema de salud más del 11%) y quedando por debajo de la media UE y la media OCDE. El gobierno conservador está aplicando  recortes que comprometen la calidad de la atención sanitaria, y el NHS está viviendo verdaderas situaciones de desborde. Todo esto ocurre fuera del foco mediático, ocupado en estos momentos por las noticias sobre el Brexit y por el sempiterno latiguillo de la inmigración, que una vez más es usado como chivo expiatorio y maniobra de distracción frente a políticas de austeridad. Si la calidad del sistema de salud británico no se ha derrumbado ha sido gracias al esfuerzo de sus trabajadores y a la sobrecarga horaria que están soportando. Esta sobrecarga de tareas llega a límites insostenibles en el caso de los médicos "junior" y fue una de las causas que les llevó a la huelga. Las perspectivas a corto plazo son devastadoras, ya que  el gobierno conservador pretende recortar 20.000 millones hasta el año 2020/2021 y reducir aún más el porcentaje del PIB en gasto sanitario, hasta dejarlo en el 7%. El fantasma de la privatización sobrevuela la cabeza del NHS, y más aún desde que Theresa May ha insinuado que las corporaciones de gestión sanitaria estadounidenses podrían tener acceso al Reino Unido en un eventual acuerdo de libre comercio con EEUU. Todo esto, a pesar de las nefastas experiencias con la gestión privada, como el caso del hospital de Hitchingbrooke, que pasó a ser gestionado por la empresa Circle un año después de la llegada de Cameron al poder. La empresa pronto comenzó a quejarse de los mismos problemas que afectan al resto del NHS, básicamente el colapso de las Urgencias y el bloqueo de camas que había surgido por los recortes a las ayudas sociales, y decidió romper el contrato de gestión del hospital. La Comisión de Garantía de Calidad (Care Quality Commission - CQC) que durante la gestión de Circle hizo un informe muy negativo acerca del cuidado que recibían los pacientes en el hospital, declaró que había habido grandes progresos en el cuidado de los pacientes una vez que su gestión volvió a ser pública.

La otra vertiente de la crisis del NHS es la crisis del sistema de ayudas sociales (social care crisis). En Reino Unido, las ayudas a los dependientes han sido históricamente mucho más completas que en España, pero el sistema es bastante más costoso. Antes de dar el alta a cualquier paciente dependiente, se evalúa si debe de ser admitido en una residencia, o en su defecto, las ayudas domiciliarias que precisará. En caso de que haya que hacer mejoras en el domicilio (ascensor para escaleras, ducha accesible etc), éstas se llevan a cabo antes de que el paciente obtenga el alta. Los presupuestos para ayudas sociales han sido muy afectados por las políticas de austeridad y recortes, con  un 17% menos de gasto desde 2009 para personas mayores de 85 años, mientras su número ha aumentado un 9% en el mismo periodo. Esto ha dado lugar a  severos retrasos en la implementación de las ayudas sociales a personas dependientes o en su admisión a residencias de ancianos financiadas, lo que hace que muchos pacientes estén médicamente bien pero no puedan ser dados de alta. Se calcula que estos retrasos al alta han aumentado un 70% de Abril del 2012 a Julio del 2016. Esto a su vez tiene una repercusión muy importante en los departamentos de Urgencias, que ya no pueden ingresar a los pacientes que lo necesitan debido a la falta de camas, y que están teniendo unos resultados pésimos frente a su objetivo de que ningún paciente espere más de 4h en urgencias. También está teniendo un gran impacto en el número de operaciones canceladas por la falta de camas hospitalarias. Un estudio reciente de la London School of Hygiene and Tropical Medicine y la Universidad de Oxford señalan que los recortes en el sistema de ayudas sociales han podido ser la causa de un exceso de mortalidad de 30,000 personas en Inglaterra y Gales en Enero de 2015, el mayor aumento de mortalidad en 50 años. Recordando ahora aquel autobús que prometía 350 millones de libras al NHS, vemos que no puede ser considerado de otra forma que una tomadura de pelo a los ciudadanos británicos o una broma macabra.

Por si fuera poco, el Brexit va a tener un impacto tremendamente negativo en la plantilla del NHS, que con más de 52,000 trabajadores del NHS que se formaron en otros países de la UE, es altamente dependiente de la inmigración europea. Una encuesta reciente de la British Medical Association (BMA) tasa en 60% el porcentaje de médicos formados en otros países de la UE que trabajan en Reino Unido y que están valorando marcharse del RU post-referendum, al tiempo que el número de enfermeros de la UE que han solicitado trabajo en RU ha caído un 90% desde Brexit.

En la actualidad, los ciudadanos europeos residentes en Reino Unido tenemos un acceso total a la sanidad pública, mientras que quienes realizan estancias cortas (menos de 6 meses) han de solicitar la Tarjeta Sanitaria Europea (TSE) en el país de origen. En España cualquier persona cotizando a la seguridad social, o que figure como beneficiario, puede solicitarla. El requisito para obtener la TSE en España es tener un contrato de trabajo indefinido. Si no cumples con ese requisito (contrato de trabajo temporal o sin contrato de trabajo), te darán un Certificado Provisional Sustitutorio (CPS), que tiene una duración de 3 meses. El problema es que este CPS es un papel que no está reconocido por la UE y al que los gobiernos de la UE ponen muchas pegas para aceptar, llegando incluso a pedir una traducción oficial del documento, pues está expedido sólo en español. Desde Marea Granate informamos de todas estas trabas en la  Guía Sanitaria para Reino Unido.
 
Es probable que la cobertura sanitaria de los europeos en Reino Unido se vea afectada tras el Brexit, de hecho, una de las mayores preocupaciones que tenemos como migrantes es que nos veamos abocados a contratar un seguro sanitario que, por otro lado, muchos quizá no podamos permitirnos. Una posible opción -aunque por supuesto, y como en otros temas, estamos a la espera del inicio de las negociaciones- es que se nos apliquen los condiciones de las personas migrantes desde fuera la UE, los cuales tienen la obligación de pagar un recargo que va de 150 a 200 libras al año por tener acceso al NHS. No se les puede negar en ningún caso la atención hospitalaria, pero sí se les puede pedir un compromiso de pago en caso de no cumplir los requisitos para recibir la cobertura por el NHS. Incluso puede exigirse el pago por adelantado si no es una situación de urgencia. El panorama que se nos presenta a medio plazo no es nada alentador, y si a esto le añadimos la exclusión sanitaria que nos aplicó el gobierno español en 2012 y  cuyos efectos sobre los migrantes han sido documentados por Marea Granate, vemos que más nos valdría hacer caso del refrán británico "an apple a day keeps the doctor away" (una manzana al día del médico te alejaría).

Ante la esperable complicación del acceso a la sanidad en Reino Unido tras el Brexit, creemos que el gobierno español debe volcarse en la defensa de nuestro derecho a la salud, un derecho universal que debiera ser efectivo tanto en nuestro país de origen y como en Reino Unido. Pedimos que ésta sea una cuestión prioritaria en las negociaciones, y que ante el riesgo de que nos quedemos desprotegidos, se deroguen inmediatamente las leyes de exclusión sanitaria que afectan a todo el colectivo migrante.  

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Quisieron robarnos el futuro, pero solo nos quitaron el miedo

Pancarta de Juventud Sin Futuro de la manifestación de7 de abril de 2011. | Juventud Sin Futuro.

" Sin casa, sin curro, sin pensión. Juventud SIN Futuro recuperando nuestro futuro. Esto es solo el principio". Esto es lo que podíamos leer en la pancarta que encabezaba la manifestación de aquel 7 de abril de 2011 en el que, para muchas y muchos, empezó y cambió todo. Ese día, cientos de jóvenes salimos a la calle para reivindicar ese futuro digno que las élites nos estaban robando. No queríamos resignarnos a tener que elegir entre paro, precariedad o exilio, queríamos tener la oportunidad de construir una vida que mereciera ser vivida y sentimos la necesidad de salir a la calle para chillar que, a pesar de que nos quisieran resignadas y sin futuro, nos iban a tener de frente y sin miedo. Hace ya casi seis años de ese día que, podemos decir, fue el preámbulo de lo que más tarde desembocaría en el 15M.

Juventud SIN Futuro supuso el comienzo de una lucha diaria que reclamaba los derechos robados a toda una generación a la que se le prometió la posibilidad de construir un futuro a cambio de un esfuerzo que resultó no servir de nada. Ante esta situación de desesperanza aprendimos que el problema de los sueños truncados y las expectativas rotas no era algo que le pasara a un joven de cada mil, si no que era algo que sentíamos una generación entera. Aprendimos a politizar lo cotidiano, a sacar a la luz los problemas y a hacerlos colectivos, aprendimos a reivindicar la alegría, y también la indignación, como arma de protesta y reclamamos la dignificación de la vida. Nacimos para poner encima de la mesa la pelea por un mañana digno, entendimos que la falta de oportunidades era consecuencia de la nefasta gestión que el régimen había hecho de nuestras instituciones y empezamos a señalar a los culpables que nos habían abocado a esta situación de crisis.

Juventud SIN Futuro ha sido siempre un colectivo vivo, una escuela de vida por donde hemos pasado cientos de personas, cada una de nosotras con nuestras propias ideas y perspectivas, pero que compartíamos un sentimiento común, éramos una generación estafada. Esta pluralidad ha favorecido una mirada caleidoscópica sin la cual ninguno de los proyectos que hemos llevado a cabo habrían sido posibles. Con campañas como " No nos vamos nos echan " , denunciamos el exilio forzado al que miles de jóvenes nos vemos obligados por la falta de oportunidades y expectativas laborales que aquí se nos ofrecen. O " Madrid no es ciudad para jóvenes " , campaña que lanzamos para visibilizar los problemas de acceso a la vivienda, de la falta y cada vez peor estado de los servicios públicos, de el elevado coste y mal servicio del transporte público, el ocio y la falta de empleo, y que concluimos con una consulta ciudadana en plazas e institutos para recoger propuestas que mejorarían nuestra ciudad y que se incluyeron en el programa político de Ahora Madrid.

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La generación Erasmus frente al Brexit: una denuncia de los ataques a la libertad de circulación

Jóvenes manifestantes contra el Brexit el viernes frente a Downing Street, en una imagen de archivo.

Muchos de nosotros, en Marea Granate, pertenecemos a la generación Erasmus. Recordamos con cariño las universidades de Lovaina, Brighton, Rennes, Heidelberg, Varsovia y Praga, los primeros días en que las pizarras se llenaban de garabatos ininteligibles y en los que siempre aparecía un compañero nuevo en la mesa de la cantina. Recordamos las fiestas en la casa de nuestro amigo polaco, las cenas en la cocina de la residencia a las que siempre llevábamos una tortilla de patatas. Todos nosotros hemos hecho esperar a algún alemán y hemos esperado a algún italiano. Cuando preparábamos algún viaje, comprábamos todos juntos los billetes en las salas de informática de la facultad. Viajábamos despreocupadamente, sin más miedo que el que la maleta no cupiera en la maldita cesta de la compañía low-cost. Sin pasaporte, con nuestro DNI en la cartera, muriéndonos de calor por llevar puestos tres jerseys y el abrigo para ahorrarnos los 20 euros de facturar la mochila. No sabíamos qué significaban los visados hasta que nuestra amigos chilenos nos contaban lo que costaba sacarse uno, o hasta que nuestra amiga bielorrusa se quedaba sin venir al viaje porque su visa caducaba en menos de 3 meses. "No tiene ningún sentido", pensábamos.

Y así fuimos creciendo. Estuvimos en Bari, en la boda de nuestro amigo gallego con aquella amiga italiana que le presentamos. Crecimos un poco más, y tuvimos que salir de España para trabajar: Liverpool, Berlín, Cambridge, Oporto, y en esta última parada, Londres. En cada lugar aportábamos algo distinto al grupo, una cultura de trabajo ligeramente diferente pero complementaria. En el trabajo nos fuimos encontrando con otros emigrantes, y comprobamos que los equipos heterogéneos son mejores, más capaces, más creativos y más innovadores. Vimos que la diferencia suma y estábamos contentos al ver cómo nos valoraban por ello.

Cierto es que echamos de menos tomarnos un pincho de tortilla en el bar de la esquina, pedir una cañas y que las traigan con unas aceitunas, y más cierto aún es que no es lo mismo hablar por Skype que ir a comer los domingos a casa tus padres. Echamos muchas cosas de menos, empezando por los amigos. Es cierto. Pero abrimos Facebook y veíamos que Ana estaba en Estocolmo, Pablo en Grenoble, Javi y Teresa en Dublín, Miguel en Oxford o Paula en Munich, y nos consolamos con el mal de muchos.

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Del Brexit y la normalización de la xenofobia

Nigel Farage, líder del UKIP, impregnó la campaña del Leave de mensajes xenófobos

Seis meses después de la consulta sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea, el proceso del Brexit se está viviendo con gran incertidumbre, en especial por parte de la ciudadanía europea que vive en Reino Unido. En su mayoría, los detalles de lo que va a suponer el Brexit no se están definiendo sino ahora, a escasas semanas de la activación del Tratado de Lisboa. Sin embargo, no podemos negar que si algo ha estado claro desde el principio ha sido el discurso anti-inmigración, alimentado por parte de la clase política y medios de comunicación. Los argumentos xenófobos que buscan culpabilizar a los inmigrantes como causantes de los problemas económicos de Reino Unido han sido una constante que ha permeado el debate incluso antes del inicio de la campaña previa al referéndum. 

En línea con el auge de la ultraderecha en muchos países occidentales durante los últimos años, Reino Unido ha contado con UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) para avivar el fuego de la xenofobia. Juntando nacionalismo, euroescepticismo y anti-inmigración, en las elecciones de 2014 al Parlamento Europeo, UKIP consiguió ser el partido británico más votado con el 26% de los votos y en las elecciones generales de 2015 se estableció como tercera fuerza más votada en Reino Unido. En sus campañas electorales, UKIP presentó la inmigración como una fuente de crimen y presión económica sobre el sistema de salud y la situación de la vivienda, llegando incluso a poner en marcha en 2013 unas furgonetas con el mensaje “Go home” (volved a casa) dirigido a inmigrantes ilegales.

Este contexto allanó perfectamente el terreno a una campaña pro-Leave basada en el populismo anti-inmigración, que presentaba la Unión Europea como puerta de entrada de inmigrantes sin control y daba rienda suelta a la demagogia e incluso a las mentiras. Centrándose en el control de fronteras y alimentando el miedo y el rechazo al inmigrante se conseguía disfrazar las causas del descontento social, en niveles muy altos tras décadas de políticas neoliberales inauguradas por Tatcher. 

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Nadie hablará de los precarios cuando empiece el Brexit

Grabado: Niños se alinean para ser pagados por su trabajo en la época victoriana en Reino Unido.

En los últimos días, y seguramente provocada por la proximidad de marzo –fecha que se prevee para la activación del artículo 50–, asistimos a la publicación de un mayor número de noticias y artículos relacionados con el Brexit. Entre estos, se nos presentan testimonios de migrantes preocupados por la posibilidad de quedarse o no en Reino Unido, o por haberse visto en situaciones hostiles de corte xenófobo, ambos sin duda temas centrales desde que se conoció el resultado del referéndum. Sin embargo, no se puede limitar la realidad de este proceso a estos dos temas. No podemos olvidarnos de que no hay un único perfil de migrante, y que en incontables casos nos encontramos con personas cuyas vidas en Reino Unido poco o nada tienen que ver con trabajos cualificados, vidas establecidas y casas en Surrey.

El Brexit no implica sólo temas burocráticos y de residencia, y la comunidad migrante incluye a muchas personas en situaciones poco privilegiadas que difícilmente verán sus condiciones de vida, no ya mejorar, sino mantenerse, si no se tienen en cuenta aspectos transversales a este proceso como pueden ser el acceso a la sanidad o la precariedad laboral. Este último es uno de los principales problemas que nos afectan en esta época de exilio económico; según The Migration Observatory, desde 2002 los sectores en los que el aumento de trabajadores migrantes ha sido mayor es en los puestos de trabajo de baja cualificación.

Por otro lado, la Oficina Nacional de Estadística ha publicado recientemente un estudio que muestra que el aumento de trabajadores en contratos de tipo cero-horas en Reino Unido se ha cuadruplicado en los últimos 5 años, situándose recientemente por encima de los 900.000. En esta modalidad de contratación, cada vez más común en el sector servicios (tiendas de ropa y cadenas de comida por ejemplo), al trabajador no se le garantiza un mínimo de horas de trabajo semanales. Constituye además una de las triquiñuelas legales más comunes de las empresas para abaratar el coste de la mano de obra, ya que muchos de estos trabajadores sobreviven con sueldos medios de 500 libras al mes, y en muchos casos sin derecho a vacaciones pagadas o bajas por enfermedad. Otras formas comunes de evitar el reconocimiento de derechos laborales es definir a los empleados como trainees (becarios en prácticas) o casual workers (trabajadores eventuales), incluso en casos en los que no lo son.

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Brexit antes del artículo 50: mucho por hacer

Dijo una vez Winston Churchill, una de las figuras más célebres de la política británica y europea, que "e l político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo". Sin duda alguna, el proceso de referéndum del Brexit y su futura salida de la Unión Europea, a través del artículo 50 del Tratado de Lisboa, es todo lo opuesto a esta cita. David Cameron, el ya ex primer ministro del Reino Unido, y principal impulsor del referéndum que acabaría con el "Leave EU", no predijo lo sucedido, pero tampoco ninguno de los políticos británicos de la actual primera plana han sido capaces de explicar qué es todo esto. Por otro lado, los principales impulsores del abandono de la UE, en el ala más conservadora y antieuropeista, han abandonado el barco, precisamente ante el miedo a caer en el vacío de la gran pregunta: ¿cómo se construirá un Reino Unido fuera de la Unión Europea? 

Evidentemente respuestas hay muchas, pero ninguna concreta. Sin embargo esta reflexión, por el momento, queda aparcada y en Marea Granate hemos decidido actuar en lo que a la población española que vive aquí le interesa. Esto es, ante todo, crear un espacio de información, debate y reflexión ante el vacío que existe en torno a las mil dudas que nos atañen a los que residimos en este país. Y qué mejor lugar para hacerlo que en Desde Todas Partes, esta vez, concentrándonos en los meses previos al inicio de las negociaciones del Brexit cuyo inicio está previsto para marzo de 2017. A lo largo de estos meses publicaremos una serie de artículos contando la situación de los españoles aquí, enmarcados en una lista de demandas y puntos básicos sobre los posibles efectos que tendrá el Brexit en el colectivo de inmigrantes españoles en el Reino Unido, y los temas fundamentales a seguir, en relación al momento político. El objetivo es salvaguardar los derechos laborales y sociales de todos nosotros y en muchos casos demandar mejorarlos.

Hemos recogido nuestras preocupaciones y demandas, desglosadas y explicadas con más profundidad, en un documento que podéis encontrar en la web de Marea Granate. Aquí os queremos explicar algunas, para abrir el "melón" de la reflexión e informaros de cuáles son los puntos fundamentales para evitar un descalabro en lo que a nuestros derechos se refiere. Estos son los tres puntos fundamentales en torno a los que vamos a trabajar, para impulsar que se respeten y mejoren nuestras condiciones. Además participaremos activamente en todas las reuniones que se están llevando a cabo en Londres, entre las distintas partes negociadoras, donde Marea Granate quiere aportar su grano de arena. Esto incluye desde la participación en la plataforma Another Europe is possible, hasta solicitar reuniones con la Embajada de España en el Reino Unido y reivindicar la inclusión de nuestras demandas en las comisiones parlamentarias que se están formando en el Congreso de los diputados para tratar esta temática. Aquí os dejamos las principales:

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Verano-precario no son dos cosas unidas

Juventud SIN Futuro denuncia la precariedad laboral

Juventud SIN Futuro denuncia la precariedad laboral

Este verano no ha sido como el resto de mis veranos. 

Como cada año, he venido a pasar dos meses a Israel, lugar donde nací, y este año he decidido aprovecharlo al máximo (entendiendo “aprovechar” en términos económicos y no en términos de goce o disfrute, faltaría más...) y dejar la toma de vacaciones reservada para otro momento, si fuera posible. Este curso, último de los estudios, ya avecinaba el fin de lo “bueno”, la llegada de ese momento en el que se arrastran los títulos universitarios por ahí buscando algo que hacer con ellos: trabajar. Ante la incertidumbre, ante la falta de oportunidades laborales en Madrid, y en España en general, ante un futuro incierto, y ante la necesidad de comer y pagar gastos, he decidido ponerme a trabajar para tener algo de dinero mientras busco trabajo a la vuelta. Como cientos de miles de jóvenes que aprovechan esta época vacacional y el elevado turismo, yo también me lancé un día a las calles del centro de la ciudad, a sus bares y a sus cafeterías, con el profundo deseo de que alguien estuviera dispuesto a colocarme tras una máquina de café durante dos meses. Y así fue. ¡Qué suerte!

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La otra cara del 'Brexit'

Yo, como muchas otras exiliadas de países europeos, me encuentro residiendo en Gran Bretaña desde hace un año y medio, primero en Londres, y desde hace algunos meses en Edimburgo. Y he de decir que bajo mi punto de vista, el 23 de junio fue un día triste para Reino Unido. Fue un día triste para todas las personas que habitamos esta isla, tanto las nacidas aquí como las que vivimos en ella viniendo de otros lugares. Es un día triste porque ha ganado el discurso del odio.

No nos equivoquemos, el resultado de las votaciones no es una puñalada contra las políticas de la Unión Europea, ni un signo de la ciudadanía plantando cara contra una organización que oprime y antepone los intereses económicos frente a los del pueblo. El resultado del Brexit, en este caso simboliza la victoria de la xenofobia y el racismo.

La intolerancia y el racismo han ganado en las urnas. No voy a entrar a dar mi opinión sobre si salir de la Unión Europea es un error o un acierto, o si las políticas que implanta son correctas, o si respeta o no los Derechos Humanos, ya que considero que la propia Unión se delata por si sola en estos aspectos. Pero sí me gustaría compartir un par de reflexiones con todas las personas que no hayan vivido el proceso del Brexit de primera mano.

No parece acertado culpar de estos resultados a la celebración del referéndum en sí. Utilizar este mecanismo democrático para consultar a Reino Unido sobre una cuestión que trasciende tan profundamente en la vida cotidiana de todos los ciudadanos y ciudadanas, no creo que sea la raíz del problema. Reino Unido padece sus propias inestabilidades internas y aquí también se sufre la precarización de los servicios sociales y de la sanidad en muchas regiones, cuestiones que algunos partidos como el Ukip o el BNP han utilizado para introducir la cuestión de la inmigración. El discurso que se ha llevado a cabo en la campaña a favor de salir de la UE ha sido el de la xenofobia y la intolerancia, ha sido el discurso de culpabilizar a "los otros". Algunos movimientos y partidos, también de extrema derecha, han jugado sus cartas utilizando el odio y el miedo por bandera: si no hay trabajo no es un problema de gestión, es porque "los otros" (los inmigrantes) te lo están robando. Si la sanidad (el National Health Service, en este caso) no tiene recursos, es porque "los otros" están abusando de ella, si la educación se resiente no es por un problema en las arcas, el problema es que "los otros" nos están exprimiendo… una lástima de discurso que quizás no le suene tan ajeno a algunos de nuestros políticos Españoles.

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Por última vez

'Sin voz ni voto'

Parece casi una broma que los artículos sobre el voto exterior empiezan a tomar un peligroso parecido con la circularidad temporal de la novela Cien años de soledad: sin chuleta, no hay forma de saber si el Arcadio mencionado es el abuelo, el hijo o el nieto; lo mismo sucede con el voto exterior: no se puede, sin chuleta, saber de cuál de las siete elecciones que se han celebrado desde el “loregazo” de 2011 (reforma de la ley electoral, LOREG) se habla cuando se menciona el impedimento de registro consular, las zancadillas generales del ruego, la llegada tardía de las papeletas, si es que llegan, o la consecuente ridícula participación electoral desde el exterior.

En todas y cada una de estas elecciones se han producido déjà vu inquietantemente calcados, salvo por las pequeñas diferencias marcadas por las instrucciones impartidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores . Un Ministerio que tiene la desfachatez de hacerse el sorprendido, de decir: "esto es intolerable y lo vamos a cambiar" o "no lo hemos cambiado porque no nos han dejado", de forma tan cíclica como lo son sus despliegues de creativa artillería administrativa para torpedear a quien tenga la insensatez de intentar votar desde el exterior.

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EDUCACIÓN: ¿Dónde están las oportunidades?

La situación de los jóvenes en nuestro país nunca ha sido especialmente fácil, pero gracias al Gobierno que hemos tenido a lo largo de esta última legislatura ha empeorado de una manera que muy pocos podían o querían imaginar. Hay varios temas en los cuales se hace visible el mal trato que se nos ha dado a los jóvenes y el desprecio que hemos sufrido por parte de la gente que ha gobernado nuestras instituciones, y que en teoría debían de estar ahí justo para lo contrario.

El principal aspecto tiene que ver con los jóvenes estudiantes. Como no podía ser de otra forma, el mundo estudiantil es tristemente reconocido como uno de los pilares clave que más ataques ha soportado en la última década. Todos recordamos cómo a lo largo de la democracia nuestro sistema educativo ha sido objeto de constantes cambios y modificaciones a criterio del Gobierno de turno (LOGSE, LOE, LOMCE, entre otras) con leyes que hasta la fecha no han conseguido implantar un verdadero sistema de calidad, y en las cuales la religión y las privatizaciones han sido los temas de discrepancia fundamentales.

Pero sin duda, la ley que más daño está haciendo a los estudiantes es la llamada 'Ley Wert'. La primera ley educativa del PP que ha entrado en vigor ha sido una lacerante demostración de lo que el Partido Popular puede hacer con una mayoría absoluta en la Cámara Baja. Entre sus contundentes medidas se incluyen las reválidas propuestas para Primaria, ESO y Bachillerato. Pruebas externas del todo innecesarias, que roban oportunidades y cuya superación es la única posibilidad de que el alumno pueda continuar con sus estudios. Otra de las medidas tiene que ver con la asignatura de Religión. No es razonable que una materia como ésta, que está basada en creencias personales, se tenga en cuenta para la nota media del expediente o para pedir una beca. Es un ejemplo más de cómo se puede llegar a instrumentalizar la educación, algo que debería conservar su laicidad por completo para que todos los alumnos, al margen de sus creencias, puedan optar a las mismas condiciones. Esta medida va en detrimento de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, (que se convierte en optativa o se suprime) y afecta también a la Filosofía, en mi opinión imprescindible para que los estudiantes aprendamos a pensar, a debatir, a formarnos como personas, y a darnos cuenta de muchas cosas de nuestra realidad que ninguna otra materia puede enseñarnos.

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