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Deberes ¿si o no?

¿Esfuerzo es sinónimo de deberes? Existen otros mecanismos para consolidar lo aprendido en clase el día anterior

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School www.publicdomainpictures.net

School www.publicdomainpictures.net George Hodan

No es cuestión de blanco o negro. Los deberes se han convertido en un tema de gran controversia y actualidad en muchos centros educativos y han provocado "alarma" social debido a la sobrecarga de los niños y niñas cuando llegan a casa.

En ocasiones provocan desigualdades sociales, ya que hay familias que pueden ayudar a sus hijos e hijas en las tareas o incluso pagar clases particulares y otras no. También provocan tensiones que desestabilizan el equilibrio familiar.

Si el objetivo docente es crear hábitos de trabajo en un tiempo y espacio que no puede controlar, sería imprescindible contar con la opinión familiar y valorar, en cada contexto, un trabajo colaborativo teniendo en cuenta las condiciones y posibilidades familiares.

Pero ¿cuál es, con frecuencia, el sustrato real?: repasar y reforzar o incluso hacer lo que no ha dado tiempo en la escuela.

Respecto a lo primero supone una desventaja pues implicaría tiempo extra para revisar individualmente, lo que con la actual ratio y organización escolar es inviable. Lo segundo resulta sencillamente aberrante pues se convierte en una herramienta para la competición  entre quienes disponen de los medios para convertir la casa en una escuela (tiempo y conocimientos o dinero) y quienes no.

Todo ello sin contar con la opinión de quienes han de gestionarlo, las familias. Los currículos irracionales e interminables y su compartimentación en múltiples materias son en buena parte responsables de la escalada de los deberes. Fundamentalmente alimentados por organismos económicos como la OCDE que buscan un sistema educativo basado en el autoritarismo y la disciplina, cuyo fin no es el aprendizaje sino mantener una educación mercantilista y segregadora.

A los adultos se nos ha olvidado que la infancia tiene derecho a jugar; es básico para el desarrollo de todas sus potencialidades y un principio que recoge la Convención de los Derechos del Niño.

No funcionan como los adultos y necesitan tiempo. Tiempo para disfrutar jugando, tiempo para pensar, tiempo para ser libres. Actualmente la jornada diaria es muy larga y al llegar a casa toca la ardua tarea de los deberes. Esto provoca, al anular o limitar el poco tiempo libre disponible, que pierdan el interés en las materias y aumenten su fatiga física y emocional. Y es que un deber es la garantía de un derecho y no la represión del mismo. Los deberes que la escuela impone reprimen el derecho de niñas y niños a crecer y convivir, de forma saludable en entornos familiares, sociales y ambientales. ¿Quién tiene entonces el deber de garantizar este derecho?

Los  deberes escolares, como continuidad de la apuesta academicista del centro, contemplan solo unas determinadas capacidades clásicamente valoradas, como la lengua, las matemáticas y el inglés, olvidando y excluyendo otras como la educación artística y reforzando así desigualdades entre el alumnado que podría desplegar otros tipos de inteligencias.

Existe otra controversia infundada de un pensamiento tradicionalista que considera que el esfuerzo ha de ir acompañado de dedicarle horas y horas a las tareas escolares. Hacer los ejercicios no determina que el niño o la niña se esté esforzando. Entonces ¿esfuerzo es sinónimo de deberes? Existen otros mecanismos para consolidar lo aprendido en clase el día anterior.

El tema requiere una profunda reflexión que va más allá de la conciliación familiar entre escuela y horario laboral. Es contra el sistema imperante contra el que tenemos que unirnos y favorecer espacios de diálogo, de escucha, conocer y participar en el proyecto educativo de las escuelas, el que ha de incorporar ese derecho de las familias y sus posibilidades de acompañamiento en cada contexto.

El trabajo en casa ha de ser producto del acuerdo escuela-familia, que cuente también con el alumnado. Debe funcionar como un enriquecimiento que despierte su curiosidad por aprender, con propuestas realizables de manera autónoma, el placer de investigar preguntando, analizando, reflexionando, creando, imaginando, leyendo con iniciativa; aprendizajes significativos que les llevará al verdadero desarrollo de sus potencialidades. Las familias y los docentes tienen que saber crear este deseo por aprender.

Este debate, en algunos contextos, se está desvirtuando y en lugar de ser una discusión enriquecedora que nos lleve a la reflexión y al consenso, se está convirtiendo en un arma para separar a familias, alumnado y docentes. Vivimos un momento en el que la comunidad educativa debe estar más unida que nunca y  debemos luchar juntos por la escuela pública que queremos.

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