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Una mujer pasea en el Polígono Sur de Sevilla

Una mujer pasea en el Polígono Sur de Sevilla EAPN-Andalucía

Cruzas Despeñaperros y los prejuicios te asaltan. La tierra del sol y la parranda. De quienes se beben el PER (Plan de Empleo Rural) que ya no se denomina así, pero tú lo sigues llamando igual, en el bar. Donde la corrupción se ha hecho una más de la familia. La tierra en la que las sufridas clases medias les subvencionan las "paguitas" a quienes prefieren pasarse el día con los compadres, que esforzarse y trabajar. Pobres, pero felices.

Tratas de ir más allá, pero un periodista te llama y te pregunta que cómo es posible que el pueblo de su provincia en el que la tasa de paro es más alta sea también el de mayor renta per cápita. Te insinúa algo de unas pensiones al cerrar una mina, que debía ser toda una industria. Tú, que tratas de ser humilde en una tierra que no es la tuya, dudas. Luego miras los datos y caes en la cuenta que a lo mejor la explicación tiene más que ver con la estructura productiva que allí quedó, que con las lentejas por las que se debió vender el futuro del pueblo.

Te llama otra periodista y te pregunta que cómo se cambia eso de la estructura productiva. Le dices las dos o tres primeras generalidades que han salido de tus tentativas investigaciones. Ella te contesta que haría falta concretar un poco más. Concluyes que tiene toda la razón. Pero también piensas que quienes tendrían el poder real de alterar esa estructura prefieren seguir apostando por la dupla ladrillo-chiringuito.

Una compañera de una organización con la que colaboras te comenta que existe un debate sobre en qué nivel se debería fijar el umbral de pobreza de la región. Sospechas que quien ha planteado esa cuestión debe tener como objetivo último que las cifras oficiales, que dejan a Andalucía en bastante mal lugar, queden maquilladas. En tu vuelta a casa constatas que para no querer ver la realidad, más que maquillaje, lo que hacen falta son unas buenas anteojeras.

Lees que, en verdad, son las familias de rentas bajas, no las medias, las que más han sufrido el golpe de la crisis. Te planteas qué proporción de ese impacto se deberá a la caída de los salarios y qué proporción a la creciente regresividad de nuestro sistema impositivo. Aunque lo que, sobre todo, te preocupa es su impacto en las increíbles y dramáticas desigualdades de salud. Revisas las cifras de la exclusión social y te preguntas cómo no se disloca esta sociedad. Piensas, entre otras cosas, en el colchón familiar y en su evidente sesgo de género.

Te das cuenta que la pobreza infantil ha pasado de tener el rostro de niños pidiendo en el metro, a empezar a vislumbrarse en la dura cotidianidad de quienes ven cómo se esfuman sus oportunidades educativas, que es como decir sus oportunidades de todo tipo.

Y paseando por una playa de esta maravillosa tierra reparas en que para ti la "Puerta de Europa" han dejado de ser dos edificios torcidos símbolo de la especulación inmobiliaria, para convertirse en las aguas de un estrecho que conecta todas nuestras desigualdades con las que, aunque miremos hacia otro lado, nos vienen del resto del mundo.

Sobre todos estos temas van a girar las I Jornadas del Observatorio de la Desigualdad en Andalucía que se celebran mañana  viernes 11 y el sábado 12 de noviembre en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. El objetivo de esa plataforma abierta y plural de colectivos, entidades, grupos de investigación y personas interesadas es caracterizar bien el fenómeno de las crecientes desigualdades para contribuir a su divulgación e incidencia y, sobre todo, a la construcción colectiva de propuestas para reducirlas desde un enfoque de derechos. Te esperamos.

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