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Las elecciones le dan a Rita Barberá un colchón de tranquilidad judicial

La exalcaldesa de Valencia se está beneficiando de una norma no escrita en el Tribunal Supremo: no iniciar causas por casos de corrupción contra políticos en periodo electoral

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Barberá no va a la comisión sobre el PP, que ve "políticamente intencionada"

Barberá no va a la comisión sobre el PP, que ve "políticamente intencionada" EFE

Imagínese que ha robado usted una gallina y su abogado le dice que no se preocupe, que como hay elecciones nadie le va a acusar a usted de haber robado una gallina. Ahora sustituya "gallina" por la cantidad de euros que se le ocurra y añada a lo de "robar" la preposición "presuntamente". Piense en Rita Barberá y enseguida entenderá de qué estamos hablando.

La exalcaldesa de Valencia se está beneficiando de una norma no escrita en el Tribunal Supremo: no iniciar causas por casos de corrupción contra políticos en periodo electoral. Si Rajoy no hubiese blindado a Barberá en la Diputación Permanente del Senado su suerte hubiera sido otra y, con toda probabilidad, tendría sitio en la fila diseñada por el juez que ya ha llamado a declarar como investigados a casi todo el grupo municipal que dirigió la gran amiga del presidente en funciones.

La campaña electoral no está brillando por sus referencias a la corrupción. Los últimos sondeos, incluido el que publica eldiario.es, plantean la posibilidad de que Rajoy obtenga ahora mejor resultado que en diciembre. Las últimas revelaciones sobre la trama Púnica o los datos que han ido llegando de Valencia parecen no afectar a un votante al que ya le duele lo mismo ocho que 80.

El debate a cuatro fue un ejemplo de ese desparpajo con el que Rajoy parece afrontar ahora la cuestión del pitufeo. Durante el momento más tenso del debate, el candidato conservador se permitió el lujo de exigirle explicaciones a Albert Rivera por haber dicho en la tele que, cuando era joven, cobró sus primeros sueldos en negro. 

A pesar de la presión que sobre el líder del PP intentaron ejercer, tímidamente, los más jóvenes en Génova 13, el jefe del PP decidió mantener a Barberá en sus puestos y no pedirle explicación alguna. Más allá de una declaración ante el instructor de un expediente interno del que nadie sabe nada, Rita Barberá se ha dedicado en los últimos meses a pasear por un Senado desértico en el que nadie hace nada, porque nada hay que hacer.

¿Y que hacer con Barberá si el Supremo ya no la enfoca? Pues nada. La dirección del partido ha decidido pedirle que no se pase por los mítines y que descanse un tiempo. En lenguaje del PP esto se resuelve no encomendándole a la veterana política tarea alguna durante la campaña. Es un lenguaje delicado, plagado de silencios y sobrentendidos que Barberá comprende a la perfección.

Cuando acaben las elecciones, el Supremo podrá reactivar su maquinaria y llamar a quien considere aunque esa persona lleve en la cartera el carné número tres del Partido Popular. Para entonces, las elecciones serán un recuerdo.

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