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Nueva York y México D.F., recuerdos cruzados de Enrique Krauze y Pete Hamill

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Nueva York y México D.F., recuerdos cruzados de Enrique Krauze y Pete Hamill

Nueva York y México D.F., recuerdos cruzados de Enrique Krauze y Pete Hamill

Amigos y compañeros de versatilidad periodística, historiográfica y editorial, el mexicano Enrique Krauze y el neoyorquino Pete Hamill han cruzado recuerdos de sus ciudades de nacimiento y de acogida bajo el título de "México-Nueva York: historia de dos ciudades".

Krauze escuchaba a Frank Sinatra, aspiraba a ver esos musicales de Broadway poniendo en el tocadiscos "Camelot" o "The Sound of Music" y por fin pudo visitar Nueva York en 1963, hace ahora 50 años. Hamill se emocionaba al ver a los policías de México D.F. llorando por la muerte de Pedro Infante en su primer viaje a la ciudad en 1957.

Nostalgias de lo que ya no está, afiliación a lo que pensaron que no existía... ambos han compartido dentro de la feria del libro de Estados Unidos los sentimientos encontrados del emigrante en la New School de Nueva York.

"En los viajes uno busca sus propias raíces", resumió el autor de "El poder y el delirio" o "Tiempo contado". Para Krauze, llegar al apartamento de sus tíos en Queens durante los años sesenta y pasear por las calles de Williamsburg, en Brooklyn, suponía "escuchar por primera vez a gente joven hablando yidis entre ellos. Era el idioma que yo hablaba con mi madre. Y para mí fue una experiencia conmovedora".

En Brooklyn había nacido, precisamente, Pete Hamill, en una familia de origen irlandés, y "siempre que oía la canción de 'Danny Boy' salía corriendo y cogía un taxi". Al llegar a México, en cambio, la escuchó durante las celebraciones del día de San Patricio cantada por unos mariachis y no pudo sino quedarse hasta el final.

"En ambas ciudades está ese sentimiento de nostalgia por el cambio rápido. Y también la continua alteración de la ciudad de emigrantes", resumió el también autor de "A Killing for Christ", quien tras vivir en la ciudad durante años, pasó cuatro días en la cárcel tras una mala noche, acabó fascinándose por la pintura de Diego Rivera y hasta aprendió a cantar "Cucurrucucú Paloma".

Hamill, periodista para publicaciones como el "New York Post" o Esquire, y Krauze, analista político de la realidad latinoamericana, hablaron hoy, por supuesto, de la libertad que para unos suponía la ciudad de los otros.

Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos y José Clemente Orozco (cuyos murales adornaban la sala donde hoy hablaban Hamill y Krauze) encontrando respiro político en la Gran Manzana, recordaba el mexicano. Dalton Trumbo, Hugo Butler y Jean Rouverol mudándose a México por la "caza de brujas" del senador McCarthy, indicaba el neoyorquino.

"Las dos ciudades tienen una energía que todo el mundo nota cuando llega. Algo magnético, de disfrute, de entusiasmo. Nueva York es como un país dentro de un país. Un país de todos los ciudadanos. Y México, de alguna manera, también ese así. Es libertad social, moral y sexual", aseguró Krauze.

"Al llegar a México se nos creaba un sentimiento de liberación, que nos barría todas esas certezas anglosajonas y nos hacía darnos cuenta de que no nos definimos por ser estadounidenses, sino seres humanos", apuntó Hamill.

Y mientras este apuntaba cómo los luchadores del barrio mexicano de Tepito le hacían sentirse como en los combates del "Lower East Side" en Manhattan, Krauze se decantó, en cambio, por señalar a las mujeres de Nueva York, citando los versos de José Juan Tablada: "¡Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida / tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida!".

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