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¿Hay cocina detrás de las cifras económicas?

Las inesperadas oscilaciones de algunos indicadores económicos han llevado a algunos economistas a poner en duda el rigor de las estadísticas del Gobierno

Estos son algunos de los cambios más llamativos que han sufrido indicadores como el IPC, el paro o el PIB

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Hay un runrún de fondo, un sonido de marejada, entre los economistas españoles que acostumbran a interpretar los datos de coyuntura económica. Los continuos sobresaltos de algunos de los indicadores más frecuentes, y que más influyen en la ciudadanía, han elevado la percepción de que hay "cocina" en las cifras que se están haciendo públicas. Eldiario.es ha consultado a un grupo de expertos, que en su mayoría han pedido hablar off the record, sobre la trastienda de estas estadísticas.

Esto es lo que nos han explicado, por orden de novedad en los indicadores que se han dado a conocer.

La actividad económica (PIB), de España en 2012

Primera señal chocante para los economistas: el Banco de España se ha equivocado en su previsión, del 23 de enero. Y además, se ha equivocado al alza, esto es, esperaba que la economía estuviera mejor de lo que está.

El dato de actividad económica que publicó el miércoles el INE es solo un avance, así que es difícil saber si hay o no "cocina" en su elaboración. Pero la sensación que tienen los expertos es que ha habido una precipitación en la elaboración de la estadística por parte del Banco de España y luego una politización clara de su trabajo.

El Banco de España (BdE) "clava" casi al milímetro en el boletín que realiza su servicio de estudios las cifras de evolución de la actividad económica que el INE suele dar unos días más tarde. Sin embargo, el organismo, que es autónomo, realizó sus previsiones sin contar con los datos de la EPA, publicados la semana pasada, ni los de comercio minorista. Ambas cifras han sido mucho peor de las esperadas por los expertos y han pillado en un renuncio al BdE.

El desliz de una décima (el BdE aventuró que la economía se había contraído en un 0,6% en el último trimestre de 2012 y que en el conjunto del año el PIB se había contraído en un 1,3%) hubiera pasado desapercibido si no fuera porque el ministro de Economía, Luis de Guindos, lo contó a la prensa un día antes de que fuera oficial.

Lógicamente, Economía es el primero en conocer el informe del supervisor bancario, pero nunca el ministro del ramo se había atrevido a pisar al organismo la publicación de sus estimaciones. Pero a De Guindos le hervía la buena noticia en las manos de esa décima de mejoría, y tenía que compartirlo con sus homólogos de Bruselas en el último Ecofin. La mala suerte ha acompañado a este atribución de competencias, ya que encima, Economía se ha tirado a la piscina con un dato mejor de lo esperado.

Recaudación e ingresos del Estado

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se lió también la manta a la cabeza el martes 29 de enero (un día antes de la publicación del dato de PIB) y dio los resultados de ingresos para todo el ejercicio de 2012. Los datos coinciden literalmente, con la previsión de subida de recaudación del Gobierno, que era de un 4,2% para este año. Obviamente, para alcanzar esa previsión realizada en el primer trimestre del ejercicio el Gobierno tuvo que ir añadiendo medidas, como la subida del tipo del IVA.

Pero lo cierto es que la magia no viene tanto por esta fuerte subida impositiva sino por la forma en la que se ha contabilizado el pago fraccionado de los impuestos a las empresas. Así, la repentina subida de un 30% en la recaudación por tributos en Sociedades se explica porque se ha facilitado que parte del pago de los tributos de 2013 se adelante a 2012.

La posibilidad es perfectamente legal, pero deja en evidencia perfectamente el refrán de "pan para hoy, hambre para mañana". Las empresas dejarán de pagar, es decir, de ingresar en las arcas del Estado, esa parte de los pagos que han trasladado a 2012 por lo que la recaudación se resentirá en 2013. A no ser que la recuperación de la economía sea superior a la previsto en 2013 (algo muy improbable con los datos que se acaban de conocer), el Estado tendrá muchos más problemas de caja en este ejercicio que acaba de empezar.

Encuesta de Población Activa (EPA) - Tasa de Paro

La tasa de paro es uno de los indicadores más impactantes para la opinión pública. Para su elaboración se utiliza un numerador, el número de personas que dice estar parada en la encuesta que les hace el Instituto Nacional de Estadística, y un denominador, el de la población activa. Esta última referencia es la que ha registrado una mayor alteración en el dato del último trimestre que se conoció el pasado viernes.

Así, en un solo trimestre desaparecieron de la estadística 176.000 personas que ya no están "activas". Los activos son aquellas personas que tienen entre 16 y 64 años y que dicen trabajar o querer trabajar. Según el INE, la mayor parte de la población que había desaparecido dentro de este concepto correspondía a los menores de 25 años.

Se achica el denominador en el cálculo, pero también el número final de parados (precisamente, los que podían trabajar son los que se van y ya no se declaran desocupados). Según el INE, los datos se población para calcular esta EPA se han tomado de las últimas estimaciones de población que se produjeron el 15 de octubre. En ella se hacía una aproximación al fuerte empuje migratorio que está sacando del país a la gente en edad de trabajar. Desde el organismo recuerdan que son siempre estimaciones y que las proyecciones en firme se hacen con el dato del último censo de diciembre.

Desde que la población en España se ha empezado a reducir, un efecto palpable en el último año –la sangría del paro– se ha amortiguado (sí, podría ser aún peor). En cualquier caso, la clave está en el dato de población y la proyección que hagan los expertos demógrafos del INE.

José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, señala también que el cambio regulatorio en la ley de dependencia también ha alterado significativamente las cifras, al reducir las mujeres que se consideran activas. Por último, el llamado efecto "desánimo", por el cual la gente ya se inhibe de siquiera buscar empleo, también habría causado este efecto.

El famoso IPC de noviembre

El flash del IPC de noviembre dejó patidifusos a los economistas. El indicador de los precios había sufrido una inesperada bajada. De un golpe, la referencia interanual de los precios se había contraído en seis décimas, desde el 3,5% en octubre al 2,9% en noviembre.

Si las suspicacias de un cambio tan radical en un indicador ya hubieran sido fuertes un mes cualquiera, la coincidencia con el dato de noviembre, que sirve para decidir cuánto se revalorizan las pensiones, desató todas las alarmas.

Sin embargo, la cocina de esta cifra no estuvo en las estadísticas, sino en la realidad. Como se supo posteriormente, el ministro de Industria llamó a las petroleras y forzó una reducción de los precios de los combustibles en noviembre que dio como resultado esa espectacular relajación de la inflación.

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