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El amor a la cultura en el duro día a día de una pequeña librería

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El amor a la cultura en el duro día a día de una pequeña librería

El amor a la cultura en el duro día a día de una pequeña librería

El amor por el olor a libros y a tebeos, pero también a juguetes de culto, a presentaciones de pequeñas editoriales o a charlas (con vino) con fieles parroquianos y futuros lectores marcan el duro día a día de Futurama Cómics y Bartleby, los colmados culturales de Valencia que premia este año la Generalitat.

A la primera se le reconoce por su amplia "trayectoria cultural" -es, con 35 años, la tienda de cómics más longeva y famosa de la ciudad- y a la segunda, ubicada en pleno barrio de Ruzafa y donde los libros (también ilustrados) maridan con los vinos de autor, por su carácter innovador y haber aprovechado el filón de las redes sociales en sus apenas tres años y medio de vida.

Estos galardones, que en el caso de Futurama es el segundo que le concede el Gobierno valenciano tras el de 2007, les llegan, precisamente, durante la semana que acoge el Día de las Librerías en España, que hoy llega a su sexta edición.

En declaraciones a EFE, el "alma mater" de Futurama, Manuel Molero, recuerda cómo aprovechó una indemnización laboral para montar, en 1981, una pequeña tienda de tebeos -entonces no se decía "cómics" ni había "frikis"- en Velluters, el "barrio chino" de Valencia. Intentaba así volcar comercialmente en ella su frustrada carrera como dibujante de historietas.

"En Valencia no había ninguna tienda de cómics. En Barcelona había una, y creo que en Madrid también. Ahora, Futurama es la segunda tienda de tebeos más antigua de España", confiesa con orgullo para reivindicar la tradición que siempre ha habido en esta ciudad con el mundo de la historieta, especialmente en las décadas de los 50, 60 y 70 tanto con editoriales como con dibujantes.

El recibimiento a su pequeña tienda fue tan bueno que en 1986 dio el salto a la céntrica calle de Guillem de Castro, con más espacio no solo para tebeos sino para iniciar un auténtico museo del coleccionismo, tanto del mundo del cómic como de los juguetes y su parafernalia, especialmente en unos años donde aún no existía internet y conseguir esos objetos de deseo era toda una odisea física.

Molero viajaba al extranjero para proveerse de ese material que luego, en Valencia, vendía a todo tipo de público, incluso a veraneantes.

Hoy, su tienda es un templo de las últimas novedades del cómic, del cine, de la cultura pop y de reliquias nostálgicas para nada menos que tres generaciones de clientes: "Tenemos a abuelos que venían hace treinta años como solteros, luego como padres y ahora vienen con los nietos".

Futurama, que también ha sufrido los estragos de la crisis -se vio obligada a cerrar un local anexo, abierto en plena burbuja inmobiliaria y crediticia-, comparte ahora espacio comercial en España con cerca de 250 tiendas más de cómics; también son librerías, ofrecen cultura y, además, aportan "especialización y conocimiento" al cliente, algo que, según Molero, no pueden dar las grandes superficies.

¿Y la venta por internet? "No entramos en ese mundo, solo exquisiteces (a través de una web externa), porque no tiene sentido que vendamos novedades que están al alcance de cualquiera", señala.

En el caso de Bartleby -en honor al escribiente de Melville-, la cordobesa Luci Romero y el asturiano David Brieva se conocieron en un programa de radio en Valencia y en 2013, en plena crisis, decidieron unir sus respectivas pasiones (la poesía y el libro infantil, y la narrativa y el cómic) en una innovadora librería en el hervidero culinario y cultural de Ruzafa.

"Hemos tenido una buena acogida", confiesa a EFE Romero, quien proclama orgullosa el "espacio cultural" en que se ha convertido su negocio, no solo por la oferta literaria y vinícola de sus estanterías sino por acoger desde entonces multitud de presentaciones, charlas, proyecciones y recitales.

Y todo ello apoyado en las redes sociales ("una maravillosa forma de darnos a conocer", dice) para promocionar sus actividades, recomendar libros e interactuar con su heterogénea clientela. Esa que, unos días más que otros, sigue entrando físicamente en alguna de las casi 3.900 librerías como la suya que hay en España.

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