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La economía brasileña sale técnicamente de una recesión que sigue latente

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La economía brasileña sale técnicamente de una recesión que sigue latente

La economía brasileña sale técnicamente de una recesión que sigue latente

La economía brasileña creció 0,2 % en el segundo trimestre de este año y puso fin a la recesión que comenzó en 2015, aunque sus efectos siguen latentes en el sector productivo y se expresan socialmente en un alto índice de desempleo.

El crecimiento registrado entre abril y junio, divulgado hoy por el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), se sumó a la expansión de 1 % del primer trimestre, lo cual no basta para recuperar los casi siete puntos porcentuales perdidos entre 2015 y 2016, pero técnicamente acaba con la recesión.

En comparación con el segundo trimestre de 2016, el resultado difundido hoy supone un crecimiento de 0,3 %, un dato que para el Gobierno y los analistas confirma que la recesión comienza a quedar en el pasado.

"Estamos mostrando, a lo largo del tiempo, que Brasil crece y se está recuperando", dijo el presidente Michel Temer a periodistas en Pekín, donde hoy cumplía una visita de Estado previa a su asistencia a la cumbre del foro BRICS, que el país integra junto con Rusia, China, India y Suráfrica.

El ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, hombre fuerte del equipo económico del Gobierno, dijo por su parte que "la retomada de la actividad se fortalecerá en los próximos meses" y que la economía "entrará en 2018 con un ritmo fuerte y constante", que garantizará que "la expansión sea larga y duradera".

Según Meirelles, "las empresas están volviendo a contratar" y "la inflación baja y la caída consistente de los intereses contribuyen a la retomada del consumo familiar".

Uno de los datos más valorados por los analistas fue justamente el leve aumento del consumo familiar, uno de los principales motores de la economía nacional, que representa casi el 60 % del Producto Interno Bruto (PIB) y que creció 1,4 % entre abril y junio pasados, tras nueve trimestres en negativo.

"Es una señal positiva. Hubo dos años de caída del consumo y ese dato supone un respiro", dijo a Efe el economista Emerson Marçal, de la Fundación Getulio Vargas (FGV), institución privada especializada en asuntos económicos.

Según Marçal, "las familias están empezando a pagar sus deudas" y eso genera "cierto optimismo a corto plazo", sobre todo porque la inflación está "bajo control", en tasas en torno al 3,5 % anual, lo que "evita la corrosión" del ingreso real de los trabajadores.

"Paramos de caer y estamos subiendo, pero subimos lentamente", pues "el tamaño de la caída fue grande", dijo el experto de la FGV.

Sin embargo, otros datos preocupan, pues el crecimiento de los últimos tres meses se amarró sobre todo al sector agropecuario, que se expandió 13,4 %, mientras la industria, clave para la creación de empleos, cayó 0,5 %, lastrada por la construcción (-2 %).

El informe del IBGE también constató que los niveles de inversión necesarios para consolidar el crecimiento y generar nuevos puestos de trabajo han caído 6,5 % respecto al segundo trimestre de 2016 y 0,7 % en relación a los primeros tres meses de este año.

La recuperación de esa inversión es una prioridad del Gobierno, a fin de atajar una tasa de desempleo que está en retroceso pero aún se sitúa en un alto 12,8 %, que representa 13,3 millones de personas en el paro, en un escenario en el que crece el trabajo informal.

Según un estudio divulgado hoy por la agencia Goldman Sachs, en coincidencia con el anuncio del PIB, la inversión en Brasil ha caído casi 30 % desde 2013 y se sitúa hoy en cotas similares a las que mostraba hace ocho años.

El informe dice que la baja inversión "compromete el crecimiento de la productividad, reduce el PIB potencial" y "dificulta" así la plena recuperación de la economía brasileña.

Para contrarrestar ese fenómeno, el Gobierno apuesta en un vasto plan de privatizaciones con el que aspira a recaudar 44.000 millones de reales (14.000 millones de dólares) y que Temer presentó hoy en su visita de Estado a China, el mayor inversor global y en el que Brasil confía para atraer los capitales que necesita.

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