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Kronborg y Frederiksborg, los castillos imprescindibles de Dinamarca

Los castillos de Dinamarca son uno de los mejores legados para comprender el esplendor de su Renacimiento

El castillo de Kronborg fue el escenario elegido por William Shakespeare para ubicar su obra Hamlet

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El Castillo de Frederiksborg, en Dinamarca

El Castillo de Frederiksborg, en Hillerød (Dinamarca), se rodea de un gran lago y enormes jardines.

Dinamarca fue y es tierra de castillos y fortalezas. El esplendor de sus monarquías en los siglos XVI y posteriores nos han dejado un legado que aún hoy podemos disfrutar para trasladarnos al pasado. Paseando por sus estancias y murallas no cuesta mucho imaginar cómo fue esa otra época en la que el lujo y la ostentación marcaban un linaje.

Desde Copenhague, capital danesa merecedora de una escapada de varios días y fácil de alcanzar gracias a las aerolíneas low cost, podemos visitar fácilmente dos de los mejores castillos de toda Dinamarca: Kronborg y Frederiksborg.

Kronborg, el castillo de Hamlet

El castillo es Kronborg es conocido como “el castillo de Hamlet” y no le falta razón. Está ubicado en Helsingør, al norte de Copenhague, y fue construido por Frederick II en 1588. Durante 400 años aprovechó su posición estratégica en el estrecho de Øresund, la puerta de entrada al Mar Báltico, cobrando un peaje a cambio de protección a todas las naves que quisieran surcar sus aguas. Una buena batería de cañones acababa con cualquier intención de saltarse este punto de control.

El Castillo de Kronborg, en Dinamarca

El Castillo de Kronborg, en Helsingør (Dinamarca) fue el escenario elegido por William Shakespeare para ubicar su obra Hamlet.

El castillo de Kronborg fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. Sin duda es una de las mejores obras del Renacimiento a pesar de que fue prácticamente calcinado por un incendio en 1629, pero unos años antes, a finales del s. XVI, William Shakespeare ubicó su obra Hamlet en esta fortaleza, conocida en la obra como Elsinore. Paseando por sus dependencias o por su capilla, la única estancia que no fue víctima del fuego, podemos rememorar la vida de Hamlet. O incluso, quién sabe, encontrarnos con el fantasma de su padre al rodear sus murallas.

Frederick II levantó este espectacular castillo con el fin de establecerse a sí mismo como el rey más poderoso de Escandinavia. Supo rodearse de artistas y estudiosos y nunca reparó en ofrecer grandes y lujosos banquetes en los que cada detalle era un derroche de poder y riqueza para demostrar su soberanía. En 1572 contrajo matrimonio con la joven reina Sophie y, según dicen, fue uno de los más felices enlaces que se vieron en toda Europa.

El Castillo de Kronborg, en Dinamarca

El interior del castillo de Kronborg fue restaurado tras el incendio que acabó con él en 1629.

Como curiosidad, en los pisos subterráneos del castillo descansa la figura de Holger Danske, el héroe nacional danés que descansa en un sueño eterno apoyado sobre su espada. Según la leyenda, Holger Danske despertará en el momento en el que su país se encuentre en problemas. La estatua que hoy podemos ver fue ubicada aquí por Hans Christian Andersen en 1846.

Frederiksborg, el castillo Museo de Historia Nacional

En la localidad de Hillerød, al noroeste de Copenhague, se encuentra el castillo de Frederiksborg, el más grande de Escandinavia. Fue construido en la época de Christian IV (1588-1648) y restaurado tras el incendio que sufrió en 1859. Desde 1878 alberga el Museo de Historia Nacional de Dinamarca. Además de magníficas salas como la Capilla, la Rosa, la Sala de Audiencias y la de Ceremonias, el museo incluye algunas de las colecciones más importantes de Dinamarca con retratos, pinturas históricas y arte decorativo. Visitarlo es recorrer la historia de Dinamarca desde 1500 hasta la actualidad.

El Castillo de Kronborg, en Dinamarca

El castillo de Kronborg alberga eventos especiales con los que viajar en el tiempo, como esta completa y perfecta ambientación medieval en todo su recinto.

Espectaculares salas sobredecoradas y sobrerecargadas, con cientos de escudos de armas, esculturas, pinturas y muebles de la época. La sala Rosa, o Sala de Caballeros, fue reconstruida como lucía en la época de Christian IV, cuando se utilizaba como sala de banquetes para damas y caballeros de la corte.

Si algo merece una especial atención en el castillo de Frederiksborg es su Capilla y su Sala de Audiencias. Ambas estancias dejan sin palabras al visitante, abrumado por la extrema decoración de cada uno de sus rincones. Los muebles y objetos de la Sala de Ceremonias es un claro ejemplo también de la alta pomposidad de los principios del absolutismo.

Cómo llegar a los castillos de Kronborg y Frederiksborg

Una de las ventajas que ofrecen los castillos de Kronborg y Frederiksborg al visitante es su fácil acceso pues se encuentran a unos minutos en tren desde Copenhague. Otro de los mejores castillos, como es el de Egeskov, lo pone un poco más difícil ya que se encuentra a dos horas en coche o a casi tres en transporte público desde la capital danesa, por lo que su visita requiere más tiempo y planificación.

El héroe danés Holger Danske en el castillo de Kronborg, en Dinamarca

El héroe danés Holger Danske descansa en los sótanos del castillo de Kronborg, según la leyenda se mantiene en un sueño eterno y sólo despertará cuando tenga que salvar a su país.

Es posible visitar ambos castillos en un solo día. Desde la estación central de Copenhague tardamos unos 45 minutos en tren hasta Helsingør, donde se encuentra Kronborg, y tras conocerlo otro tren nos conectará con Hillerød, donde está Frederiksborg, en cosa de media hora. Una vez realizada la visita podemos volver hasta Copenhague en unos 45 minutos de tren.

Para esta excursión de día es recomendable adquirir la Copenhagen Card, una tarjeta turística que incluye todos los transportes y entradas a museos, monumentos y otras atracciones en toda la región de Copenhague. Nos saldrá más rentable que pagar cada tren y cada castillo por separado. Además podremos incluir otros transportes por la ciudad o, por qué no, la entrada al segundo parque más antiguo de Dinamarca, el Tivoli, ubicado en pleno centro de la capital.

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