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“Algún día seré médico para tratar a la gente pobre”

“Algún día seré médico para tratar a la gente pobre”

Monir Hossain tiene once años y estudia quinto curso en la escuela de Educo en el slum de Nayanagar, en Dhaka, la capital de Bangladesh. Allí, como otros niños y niñas de las clases más desfavorecidas de la sociedad, estudia y se divierte. “La escuela es mi lugar favorito. Me gusta mucho. Mis profesores me ayudan y a veces me piden que lea alguna redacción en clase ante mis compañeros”.

A Monir le encanta dibujar y cuando tiene un ratito, coge los lápices y empieza a recrear en un papel imágenes de los paisajes que le rodean. “Mi color favorito es el amarillo y cuando dibujo lo utilizo mucho”, comenta. También le gusta jugar a cricket, el deporte nacional en el país, y a fútbol.

Cuando era muy pequeño, Monir perdió a su padre y su madre tuvo que emplearse como asistenta del hogar para poder tirar adelante a la familia. Él se muestra profundamente agradecido por el afecto que le brinda. “Mi madre siempre me apoya y me motiva para estudiar, así que me esfuerzo cada día”.

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Benín: los niños del vertedero

Benín: los niños del vertedero

Entre los miles de residuos que son lanzados diariamente en mercado de Dantokpa, situado al lado de la laguna, decenas de niños, adolescentes y jóvenes escarban en busca de algún objeto de plástico, metal, cables… o cualquier otro producto que luego puedan revender.

Son los niños del mercado, que malviven buscando alguna oportunidad de ganar algo de dinero, ya sea ofreciéndose como porteadores, vendiendo todo tipo de objetos o, simplemente, reciclando la basura. Algunos son huérfanos, otros han emigrado desde zonas rurales e incluso algunos han sido rechazados por sus propias familias.

Viven en el mismo basurero, en chabolas de cañas y plástico que a duras penas les resguardan del viento y la humedad, levantadas precariamente entre un paisaje de montañas de plásticos, restos de comida y otros desechos.

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Seguenega: el oro maldito

Seguenega: el oro maldito

Bajo la tierra de Burkina Faso se esconden toneladas de uno de los metales preciosos más buscados: el oro. Pero aunque la actividad minera ha crecido notablemente en los últimos años, los beneficios de extraer este mineral no llegan a una población que vive en pésimas condiciones. Además, muchos niños abandonan cada año la escuela para ponerse a trabajar en los pozos mineros en condiciones miserables.

El departamento de Seguenega, a 55 km de Ouahigouya, nuestra zona de intervención en el país desde hace doce años, es un reflejo de esta realidad. Formado por 64 comunidades dispersas donde viven cerca de 80.000 personas, cuenta con 14 pequeñas explotaciones mineras, una actividad que ha modificado el “modus vivendi” de muchas familias que hasta ahora se dedicaban a la agricultura. Las explotaciones constan de galerías subterráneas construidas artesanalmente a las que se accede mediante estrechos pozos excavados en el terreno. Ahí, los pequeños descienden y escarban en busca de polvo de oro. Para los responsables de las minas, contar con mano de obra infantil supone un importante ahorro de costes. Para los niños, sin embargo, representa una actividad peligrosa y que daña su salud, que no les saca de la pobreza en que viven y que, por el contrario, les aleja de la escuela. En muchos casos, son los mismos padres quienes empujan a sus hijos a este trabajo. En otras ocasiones, son los propios niños quienes deciden emplearse en estos pozos mientras sus padres pasan semanas trabajando fuera de casa, a menudo también en las minas de oro.

 Muchos niños y adolescentes abandonan la escuela para dedicarse a trabajar en los pozos.

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La educación, una oportunidad para mejorar la vida de las niñas

La educación, una oportunidad para mejorar la vida de las niñas

Las niñas que acceden a la educación secundaria tienen más posibilidades de evitar el matrimonio infantil y el embarazo en la adolescencia. Hay que recordar que, en el mundo, 1 de cada 9 niñas se casa antes de cumplir los 15 años y que las complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto son la segunda causa de mortalidad entre las adolescentes. El hecho de continuar con sus estudios les permitirá tener, en un futuro, un mejor trabajo y salario, ser más independientes, casarse y tener hijos más tarde y aportar prosperidad a su comunidad.

A través del proyecto de Becas ELLA, Educo trabaja para que las adolescentes puedan acceder a la educación secundaria y continuar con su formación. Desde que se puso en marcha este programa, en el curso 2011-2012, se han concedido 6.412 becas a niñas de entre 12 y 17 años. Estas becas cubren los gastos económicos de un curso escolar, como la matrícula, las mensualidades, la alimentación, los materiales o el transporte al centro educativo, entre otros. Actualmente se concede esta ayuda a niñas y adolescentes con bajos recursos económicos que viven en zonas rurales o barrios desfavorecidos de países de América, África y Asia. Desde el inicio del proyecto se han dado 4.430 Becas ELLA en Bangladesh, 1.131 en Burkina Faso, 671 en El Salvador y 180 en Guatemala.

 

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