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EXTREMADURA

“Los Santos Inocentes es una obra maestra, pero olvidó incorporar la lucha social de la izquierda”

Juan Viera, alcalde de Alburquerque cuando se rodó la película en 1983, comenta que en la obra no se refleja la resistencia política y la movilización que ya por entonces existía frente al 'caciquismo'

Recuerda del rodaje del filme la humanidad de Paco Rabal: “Un hombre que desprendía simpatía, sencillo. Desprendía cariño y hablaba por los codos”

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Juan Viera

Juan Viera, alcalde de Alburquerque en el momento del rodaje de la película

La llegada de todo el equipo generó un gran revuelo. Para el conjunto de los vecinos de Alburquerque era su primer contacto con el mundo del cine. Un 'mundillo' que admiraban desde el otro lado de la barrera con curiosidad. Una verdadera novedad ver llegar a productores, cámaras y actores hasta Alburquerque en 1983.

Así recuerda Juan Viera el rodaje de Los Santos Inocentes. Este conocido activista de los Campamentos Dignidad trabajaba por aquellos entonces en el pueblo y era alcalde por el Partido Comunista.

En su retina mantiene la ilusión de todos los lugareños haciendo de extras, cosiendo en casa los trajes para salir en la película. Volcados en un rodaje que se convirtió durante dos meses en el centro de la vida de esta pequeña localidad cercana a la ‘Raya’ con Portugal.

¿Por qué Alburquerque?

Piensa Juan Viera que la elección de Alburquerque para el rodaje del filme fue un acierto. Allí según destaca estaban todos los ingredientes necesarios para encarnar los valores que desprende esta obra 'maestra' de Miguel Delibes: una zona transfronteriza, sometida históricamente a situaciones de empobrecimiento. Con grandes latifundios --un término municipal de en torno a 72.000 hectáreas--, donde el ‘cacisquismo’ era un modo de vida y de supervivencia.

Alburquerque albergó las características necesarias para ser el escenario, aunque no obstante advierte que Los Santos Inocentes obvia una parte de la historia de este municipio y en otros tantos de la Extremadura rural: la lucha social de trabajadores y de la izquierda en las calles.

“Existía una importante resistencia política, la gente se movilizaba, y eso no está presente en la obra”. Una movilización según comenta frente al paro y una rebeldía 'extrema', frente al caciquismo y los modos de dominio que durante lustros fueron una seña de identidad.

Hace hincapié en que había gente que ‘plantaba cara’ a un sistema caracterizado por grandes extensiones, "de terreno donde el campesinado dependía de los empleos que le daba el ‘señorito’". Comparte que el modelo de opresión que detalla la obra es un reflejo de la realidad, pero aclara que había otra realidad también en el mismo espectro. 

Fruto de la conciencia de clase que ya por entonces existía, muchos vecinos de Alburquerque eran conscientes del trasfondo de la película, de la realidad que plasmaba y la crítica social que hace a todo un sistema. Una realidad que compartían y que creían necesario mostrar según cuenta.

Los Santos Inocentes

Los Santos Inocentes

¿Le gustó a los vecinos la peli?

Recuerda el entonces alcalde que el resultado gustó al pueblo, salvo excepciones entre las clases más conservadoras según comenta.

Cuenta que la gente se identificaba con la película, tanto por las muestras de cariño y respeto que todo el equipo tuvo; como por el mensaje que envuelve a Los Santos Inocentes.

Paco Rabal y Alburquerque

La mayor parte del equipo del rodaje vivía en Badajoz, aunque Paco Rabal pasó largos ratos en Alburquerque, un lugar de inspiración para su personaje y para todo el significado que Delibes había plasmado en el libro.

El exregidor lo recuerda como una persona simpática, que trasladaba mucha empatía. “Amable, desprendía cariño y hablaba por los codos”. Lo define además como “un hombre sencillo, radical de izquierdas en todos sus sentidos”, un hombre de ideas progresista. De profundas conversaciones, cuenta cómo Rabal reflexionaba sobre los medios de producción y la clase trabajadora. También recuerda conversaciones sobre la reforma agraria o la nacionalización de las eléctricas.

El propio Paco Rabal, en el ‘Pregón de la Bellota’ que ofreció en septiembre de 1996 en la localidad, hace alusión a la “llaneza y simpatía” que tenía todo el pueblo con él. “Podría contar la alegría y la disciplina que todos ponían cuando trabajaban de extras”.

“Una ciudad de prodigios, que se me quedó en la frente. Y en el corazón hermano, para hoy y para siempre”. Palabras sinceras y entrañables de un Rabal que trasladó a los vecinos de Alburquerque: “Si esta noche estoy aquí, alburquerqueños valientes. Y si me voy tan deprisa, sabed que duermo en el vientre de este pueblo que parió mi carrera como intérprete”.

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