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De Guindos en el Parlamento Europeo: ¿dónde está la bolita?

De Guindos ha venido a Bruselas a explicar en el Parlamento que su política económica se mantendrá dentro de las directrices marcadas por el gran capital, y que penalizar al Estado español pondría en peligro la estabilidad y, por ende, a un Gobierno lacayo de los intereses macroeconómicos como es el suyo

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El ministro español de Economía, Luis de Guindos (d), estrecha la mano del ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble. EFE

El ministro de Finanzas, Luis De Guindos, ha visitado este martes el Parlamento Europeo y, con su cartera recién reciclada, ha comparecido esta tarde ante los diputados y diputadas de las comisiones de Desarrollo Regional y Economía en el marco del diálogo estructurado con la Comisión Europea por la posible suspensión de los fondos estructurales al Estado español y a Portugal, al haber incumplido los objetivos de déficit.

El Estado español cerró 2015 con un déficit público del 5% del PIB e incumplió las normas europeas en materia de control de déficit impuestas por Bruselas y que en nuestro caso eran del 4,2% del PIB. Y De Guindos, en realidad, ha venido a suplicar que no le apliquen unas normas que él, los suyos, y también los que le han permitido que vuelva ser ministro, aprobaron en su momento.

Venía a pedir, básicamente, que no se sancione al Estado español por no cumplir el Pacto por la Estabilidad y el Crecimiento cuando resulta que ellos elevaron en 2013 este pacto a dogma de fe. Fueron ellos, el tripartito de conservadores, liberales y socialdemócratas que nos gobierna en Europa –y ahora también en el Estado–, los que decidieron que quien no cumpla con el objetivo del déficit sería sancionado. Y esa sanción podría tener la forma de una multa económica o implicar directamente la congelación de los fondos estructurales europeos, poniendo en grave peligro el desarrollo de nuestras Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.

De la multa, que podía haber llegado a los 2.000 millones de euros, nos libramos en el mes de agosto, pero aquello no nos salió gratis. Fue a cambio de la promesa de que los Presupuestos Generales del próximo año saciarían el hambre de los mercados y recogerían un recorte de 5.500 millones que permitieran al Gobierno llegar a ese 3,1% de déficit público respecto al PIB que marca bruselas para 2017.

Lo que la Comisión Europea dejó claro entonces, y también en otro encuentro con eurodiputados en Estrasburgo recientemente, es que no estaba dispuesta a perdonar la sanción en forma de congelación de los fondos estructurales. Por eso ha venido hoy a Bruselas, a explicar en el Parlamento que su política económica se mantendrá dentro de las directrices marcadas por el gran capital, y que penalizar al Estado español pondría en peligro la estabilidad y, por ende, a un Gobierno lacayo de los intereses macroeconómicos como es el suyo.

Quizá nos libremos de todas las sanciones, pero no es para estar contentos. La Comisión Europea está actuando en este caso como una panda de trileros que nos intenta engañar moviendo la bolita de una mano a otra. Y De Guindos es el cómplice necesario para el timo. Es todo un truco. Hoy el ministro nos pretendía hacer creer que nos estaba defendiendo de una Comisión Europea voraz que quiere congelar las ayudas al Estado español, a la par que saca pecho ante la Comisión con su firme apuesta por el cumplimiento de objetivos macroeconómicos sin importar las consecuencias sociales. Y a nadie le extrañaría si, en unas semanas, unos comisarios magnánimos comparecen diciendo que no se nos sanciona.

Cuando la realidad es que las sanciones ya dan igual. Ya han conseguido lo que querían: un Gobierno del PP apoyado por PSOE y Ciudadanos. Un Gobierno sumiso que estuviera dispuesto a seguir recortando en servicios públicos, a mayor gloria del sector financiero privado. Pero sobre todo querían evitar un Gobierno que, con Unidos Podemos, pudiera plantar cara, rebelarse contra las injustas normas europeas.

Bruselas ha conseguido lo que quería y el PP también. Porque no es sólo sumiso, sino que también es cómplice. Querían evitar que aquello que Carlos Sánchez Mato hace en Madrid, en nombre de muchísimos otros concejales de Hacienda de todo el Estado, lo hiciéramos desde Moncloa. Querían evitar que pudiéramos demostrar, como está demostrando Carlos, que hay una alternativa a su políticas injustas. Que nosotros gobernamos para las mayorías.

Impedir, a toda costa, que hoy compareciera un ministro español diciendo que el único pacto que cumplir es con su gente, diciendo que no queremos multa, que no queremos congelación de fondos, que no queremos sanciones por incumplir el déficit y, sobre todo, que no compartimos ese Pacto por la Estabilidad. Un pacto que no es otra cosa que cuadrar números a nivel macro a costa de joderle la vida de millones de personas.

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