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Por la paz en Colombia

"Se vive ahora un momento complicado donde sectores de la ultraderecha colombiana están intentando boicotear el proceso. Sabemos que muchos sectores se han enriquecido con la guerra y que por tanto van a poner todo tipo de trabas, pero tenemos la esperanza de que el proceso llegue a buen puerto", apunta Albiol.

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Desde la izquierda europea estamos siguiendo el proceso de paz en Colombia desde el principio, con mucha expectación y también con la esperanza de que el diálogo nos conduzca a la solución democrática y pacífica de este conflicto que dura ya más de cincuenta años y que ha desangrado ese país con centenares de miles de muertos, de desaparecidos, con seis millones de desplazados y desplazadas.

Una seña de identidad del movimiento obrero, de la izquierda, es el internacionalismo, es decir, la solidaridad internacionalista que nos caracteriza, porque ser de izquierdas significa que las injusticias nos duelen, se produzcan donde se produzcan, y en las guerras, los castigados, los que sufren, son siempre los nuestros, nuestra clase, los trabajadores y trabajadoras, los que menos tienen, y por eso la lucha por la paz en Colombia no puede ser ajena a nosotras.

En un reciente encuentro entre parlamentarios y parlamentarias de izquierdas, tanto de la izquierda europea como de la izquierda de América Latina, lanzamos una declaración de apoyo al proceso de paz en Colombia pidiendo que se proporcione justicia y reparación a las víctimas, requiriendo a la vez una solución al problema de acceso a la tierra para que esa paz sea firme y duradera, y mostrando nuestra preocupación por la persistencia de la violencia paramilitar.

Se vive ahora un momento complicado donde sectores de la ultraderecha colombiana están intentando boicotear el proceso. Sabemos que muchos sectores se han enriquecido con la guerra y que por tanto van a poner todo tipo de trabas, pero tenemos la esperanza de que el proceso llegue a buen puerto.

El conflicto en Colombia va mucho más allá de una cuestión de delincuencia o de terrorismo. Va mucho más allá de un enfrentamiento entre el Gobierno y la guerrilla. Hay elementos que son estructurales, hay raíces en el modelo económico, político, social, cultural, hay raíces en el imperialismo, en el capitalismo, en el patriarcado y por tanto el reto que tienen por delante los y las colombianas es inmenso.

En estos momentos, mientras en La Habana se está hablando de paz, en Colombia continúa la guerra. Nos preocupa esa situación de los defensores de los derechos humanos, de compañeros y compañeras de las organizaciones políticas de izquierdas, de las organizaciones sociales, de sindicalistas que continúan siendo perseguidos y asesinados mientras persiste la impunidad. Con impunidad no hay justicia y por tanto tampoco puede haber paz.

Resulta también contradictorio que a la vez que en La Habana se negocia el proceso de paz, en Bogotá el ejercicio legislativo continúa criminalizando la protesta social aplicando la Ley de Seguridad Ciudadana, se reforma el fuero militar y continúa aumentando el número presos políticos, lo cual supone sin duda poner trabas para alcanzar la paz.

Desde la izquierda europea nos hemos sumado a la petición que están haciendo una multitud de organizaciones políticas y sociales de cese al fuego bilateral. Pero también entendemos que si queremos hablar de esa paz estable, esa paz duradera, tenemos que hablar de la desarticulación total de los paramilitares y de la solución de las problemas estructurales como son el acceso a la tierra, la pobreza, la desigualdad o la violencia de género, porque sin duda si hablamos de paz tenemos que hablar también de una mejora de las condiciones de vida de los colombianos y de las colombianas.

Resulta también contradictorio que a la vez que en La Habana se negocia el proceso de paz, en Bogotá el ejercicio legislativo continúa criminalizando la protesta social aplicando la Ley de Seguridad Ciudadana

Es necesario atender a la petición, a la cual nos sumamos, de verdad, justicia y reparación para con las víctimas. Por otro lado, es necesario admitir la participación de la sociedad civil en la dinámica de construcción de la paz y, por supuesto, hay que reconocer el papel de las mujeres, puesto que ellas han sido quienes más han sufrido este conflicto, un conflicto donde en demasiadas ocasiones sus cuerpos se han utilizado como campo de batalla.

Desde la izquierda europea vamos a trabajar para que la Unión Europea contribuya a la paz en Colombia. Pensamos que es indispensable que las FARC y el ELN sean eliminados de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea. Por otro lado no podemos obviar que en este conflicto hay una responsabilidad de las empresas transnacionales de capital europeo, que están llevando a cabo megaproyectos de infraestructuras como son las represas y que están haciendo negocio con la extracción y explotación de los recursos naturales como son los minerales. Estas mismas empresas, de forma directa e indirecta, colaboran con los desplazamientos forzosos de comunidades enteras en aras a la obtención de mayores beneficios, lo que supone una terrible vulneración de los derechos humanos.

Por otra parte, el Tratado Comercial entre la Unión Europea, Colombia y Perú también está contribuyendo a ese despojo de la tierra. Un tratado que desde Colombia ha encontrado una gran respuesta por parte  de numerosas organizaciones sociales, que se han opuesto con fuerza y al cual, desde la izquierda europea, nos hemos opuesto enérgicamente, puesto que este tipo de tratados suponen profundizar aún más en el conflicto armado.

No obstante, el acuerdo está sujeto al cumplimiento de los derechos humanos por las partes. Por lo que la Unión Europea debería exigir dicho cumplimiento. De lo contrario, cualquier vulneración o ataque a los derechos humanos debería suspender la aplicación de los acuerdos comerciales.

Desde el Parlamento Europeo se insiste mucho en la aprobación de resoluciones y declaraciones en favor de los derechos humanos en países como Venezuela o Cuba. En cambio no existe la más mínima preocupación cuando estos mismos derechos son vulnerados en otros países. Ejemplos encontramos por decenas, pero baste mencionar aquí los casos de  Colombia, Marruecos o Arabia Saudí, a quienes los oligarcas europeos consideran países amigos, aún cuando a nadie se le escapa que son estos mismos países quienes verdaderamente y con insistencia están vulnerando los derechos humanos. Es este un claro ejemplo del doble rasero de medir que utiliza la Unión Europea a la hora de hablar de derechos humanos y como tiene un uso absolutamente interesado de la defensa de éstos.

El trabajo que muchas activistas colombianas están haciendo en pro de conseguir una paz verdadera y duradera no caerá en saco roto. Gracias a su esfuerzo y lucha, Colombia saldrá sin duda de este cruel conflicto. Es a ellas y ellos, a los activistas de la izquierda política, de la izquierda social, a los abogados defensores de los derechos humanos, a los líderes de movimientos estudiantiles, del movimiento campesino, de las organizaciones de mujeres, de las organizaciones por los derechos del colectivo LGTBI, del colectivo de afrodescendientes, es a todas y todos ellos a quien quiero agradecer su entrega porque en Colombia luchar por la paz y luchar por la justicia social es jugarse la vida.

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