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Círculo Rojo, Bubok, Libros.com... Esta es la letra pequeña que firman sus autores

Cada vez son más las plataformas de internet que ofrecen servicios de edición como alternativa al modelo tradicional de la industria del libro. Sin embargo, aunque parten del concepto de autoedición, en el que el autor corre con los gastos, ofrecen distintas condiciones a los escritores. Desde las empresas que apuestan por el 'crowfunding' a las que reparten los beneficios con sus clientes al 50 %, indagamos en algunas de las firmas patrias y en los contratos que firman sus clientes.

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El autor firma un contrato con las plataformas de autoedición donde se especifican las condiciones del acuerdo

El autor firma un contrato con la plataforma donde se especifican las condiciones del acuerdo

‘Fervor de Buenos Aires’ fue el primer libro de poemas de Jorge Luis Borges. El autor argentino lo publicó en 1923 con el dinero de su bolsillo. Se estima que imprimió alrededor de 300 ejemplares del manuscrito, que exhibía en la portada una ilustración diseñada por su hermana, Norah Borges, y ni siquiera tenía las páginas numeradas.

En España, Benito Pérez Galdós, Juan Ramón Jiménez y Valle-Inclán son otros ejemplos de literatos que autoeditaron algunas de sus obras a principios del siglo XX. Este modelo democratizado de edición, en el que es el autor quien corre con los gastos de producir sus libros, no ha nacido con internet: “Existe desde el siglo XVIII”, asegura a  HojaDeRouter.com Javier Celaya, fundador de Dosdoce, una asesoría sobre modelos de negocio digitales en la industria cultural. No obstante, es innegable que la Red ha ayudado en gran medida a la popularización del fenómeno.

Cada vez son más las plataformas que ofrecen estos servicios editoriales, comenzando por Amazon y su  CreateSpace y terminando con nombres patrios como Editorial Círculo Rojo Bubok o Libros.com. Todas ellas cumplen con ciertos principios básicos en lo referente a la relación con el escritor. Este no les cede los derechos de autor (una atadura menos) y a cambio sufraga los gastos de diseño, maquetación y producción del libro. Asume así el riesgo en el caso de que la obra no tenga éxito, pero, si todo va bien, “las compensaciones económicas [la parte que le corresponde de las ventas] son muchísimo más altas”, indica Celaya.

Mientras que las editoriales tradicionales ofrecen al autor un porcentaje que oscila entre un 10 % del precio de venta al público (para libros en papel) y alrededor del 30 % de los ingresos netos (para formato digital), en autoedición la cifra puede superar 50 %.

Aparte de estos puntos comunes, cada una de estas plataformas digitales ofrece distintas condiciones a los autores que ellos aceptan al firmar el contrato que les vincula comercialmente. “Mi recomendación a todos los autores es que los miren con lupa para no llevarse sorpresas”, dice Celaya. Como ocurre en el modelo tradicional, estos documentos incluyen información relativa a la duración del acuerdo, la exclusividad, la fracción de beneficio que obtiene el autor y los derechos que cede (generalmente de explotación y distribución de la obra), entre otros datos relevantes que tienen importantes implicaciones para los firmantes y que hemos analizado tomando como ejemplo los acuerdos de algunas de estas empresas.

Intermediarios entre autores y canales de venta

“En Círculo Rojo hacen un poco de intermediarios”, asegura Arcadio Rodríguez, autor de tres novelas y un libro de poesía editados por la plataforma que menciona. Sus responsables maquetan, diseñan la portada y realizan distintas gestiones legales, como la asignación de un ISBN (un identificador único de esa edición) y un código de barras, así como el envío de copias al Depósito Legal.

El escritor se compromete a seis meses de exclusividad, durante los cuales “si recibes una oferta de otra editorial tienes que comunicárselo y tienen que igualarla o mejorarla; si no, puedes irte con la otra”, explica Rodríguez, aunque en la práctica es “muy difícil” que esto ocurra.

La Editorial Círculo Rojo se ocupa de la producción de ejemplares impresos previo pago del autor. Según su contrato, no los distribuye ni se responsabiliza de su venta, aunque ofrece ciertos servicios en función del número de ejemplares de la primera tirada. Si son 200, el escritor puede solicitar una nota de prensa, aunque tendrá que enviarla él mismo a medios de comunicación o proporcionarles las direcciones de los que le interesen. Si ordena 300 libros, la editorial “se compromete a asesorarle y gestionarle, en la medida de lo posible, su primera presentación”, reza el acuerdo.

En los contratos, las plataformas de autoedición especifican las condiciones del acuerdo con el autor

En los contratos, las plataformas de autoedición especifican las condiciones del acuerdo con el autor

Para Rodríguez, solicitar tal número de copias “resulta muy caro”. Él tenía claro desde el primero momento que no le interesaba la promoción. “Ellos se quedan con parte de los ejemplares que imprimes, pero no van a hacer nada por ti”, afirma.

Desde la firma, sin embargo, nos aseguran que se encargan “de la edición, la impresión, distribución y promoción del libro”. Más concretamente, “la distribución y promoción vienen incluidas en los presupuestos”, señalan.

La editorial no fija ninguna remuneración para el escritor. Esta dependerá de los canales de distribución donde decida y consiga colocar su libro. La propia empresa le ofrece gestionar el proceso gratuitamente con varios escaparates digitales: puede exponerlo en la propia plataforma (donde recibe íntegramente los pagos mediante PayPal) o colgarlo en otras librerías virtuales como las de Amazon o Casa del Libro.

“Pero yo puedo quitarlo mañana si quiero”, advierte Rodríguez, o pedir únicamente las copias físicas. El modelo de distribución en todos los casos es la “edición bajo demanda”. Nos explican el proceso desde la editorial: “El libro se imprime y envía al cliente solo cuando se realiza la compra. Este tipo de distribución permite unos beneficios superiores para el autor”. Si se tratara de Amazon, el gigante de internet ingresaría el dinero a Círculo Rojo, y esta pagaría al autor lo que le corresponde “una vez al año”, según Rodríguez.   “El autor se llevará un 20 % del PVP sin el IVA como regalía por cada libro vendido”, dice el acuerdo de la editorial.

Un modelo mixto

En Bubok se definen como una “editorial ‘online’” y una plataforma tanto de publicación tradicional como de autopublicación. Ofrecen a los autores dos tipos de contrato respecto a esta segunda opción (es una de las pocas que los presenta en su web):  uno “para distribución en ámbito privado”, que supone la distribución de la obra únicamente a través de la web de la empresa, y otro de “venta al público”, que lleva asociada la colocación del título en librerías y tiendas virtuales como Amazon y Casa del Libro.

En los documentos especifican que los títulos “podrán contar” con un número ISBN y, solo para formato papel, procederán a su registro en el Depósito Legal cuando el autor así lo solicite. El proceso se lleva a cabo siempre que la obra se comercialice también en webs de terceros; si solo se distribuye a través de Bubok, “no necesitan ISBN ni ciertos registros legales porque lo vendemos nosotros”, explica Sergio Mejías, cofundador de la plataforma editorial.

En el contrato detallan que el autor debe asumir los costes de producción según las opciones que haya elegido de las que pone a su disposición la empresa. El autor puede sencillamente ofrecer su libro ya editado a través de Bubok bajo la modalidad de impresión bajo demanda: “Del precio de venta se quita la parte de imprenta y lo que queda se reparte entre el autor y nosotros”, describe Mejías, pero no tendría que pagar ninguna cantidad inicial. “No es obligatorio sacar una tirada”, dice el máximo responsable de la iniciativa, “se imprime lo que se vende”. El escritor solo paga si contrata servicios de maquetación, diseño, producción y edición.

El año pasado se publicaron en España 81.391 títulos, según datos de la Agencia del ISBN

El año pasado se publicaron en España 81.391 títulos, según datos de la Agencia del ISBN

“La duración del contrato es ilimitada, pero el autor puede resolverlo en cualquier momento”, nos explica, tras revisar el texto,  Carmenchu Buganza, abogada experta en propiedad intelectual e industrial. En el contrato no figura ninguna condición de exclusividad –“no obligamos a nada”, dice Mejías–, aunque sí señala que el escritor cede a la editorial los “derechos de propiedad intelectual necesarios para poder llevar a cabo la reproducción, impresión bajo demanda y puesta a disposición de la obra a través de la plataforma Bubok”.

La empresa ofrece a su cliente la posibilidad de publicar en papel (en la modalidad de impresión bajo demanda) y en formato electrónico. En ambos casos, el autor se lleva el 80 % de los “beneficios de producción”, un término que, cuando se trata del libro impreso, es equivalente a “la diferencia entre el PVP y el coste de producción”, mientras que para los ‘ebook’ se equipara al precio de venta al público. El porcentaje se aplica también en las adquisiciones a través de plataformas de terceros. Por ejemplo, Amazon se queda con el 40 % de los beneficios y la cantidad restante es dividida de nuevo según esa fracción fijada por Bubok.

La plataforma no se compromete a promocionar las obras ni distribuirlas fuera de su propia web. Eso “depende del libro y del autor, del interés que tenga”, asegura Mejías. “Si está dispuesto a moverlo, puede ir a la radio y la tele, lo sacamos en redes sociales...", continúa. “Cada libro es un miniproyecto y tiene un recorrido distinto”.

‘Crowfunding’ literario

Silvia Sáez es la autora de ‘Humor de madre’, un libro ilustrado que publicó con la editorial Libros.com, donde los costes de producir los ejemplares se recaudan mediante una campaña de ‘crowfunding’. La gestión del proyecto es gratuita. “Te ayudan bastante pero el material lo tienes que proporcionar tú”, explica Sáez. Además, “supone una inversión de tiempo considerable y hay que pensar en las recompensas para los mecenas, y esto sí puede ser un gasto”, detalla la autora.

La empresa, que no se considera una plataforma de autopublicación, promociona la iniciativa de financiación en sus redes sociales, mientras que el escritor “debe hacer lo propio en las suyas”, dice Sáez. El periodo para conseguir la cantidad requerida es de un mes. Si pasado el plazo no se ha llegado a la meta económica “que ellos hayan estimado para publicar tu libro”, existen dos opciones: olvidarse de la publicación “y aquí no ha pasado nada” o bien “pagar tú la diferencia y que el libro se publique”, señala la autora.

La duración del contrato es, en líneas generales, de tres años. “Puede negociarse y somos bastante flexibles, pero nunca lo hacemos por un período más largo”, aclara Roberto Pérez, fundador y máximo responsable de Libros.com. “Tenemos los derechos de explotación de la obra durante ese tiempo”, explica Pérez. Cuando termine el compromiso, “los autores pueden distribuirlo como quieran”.

Según el Global eBook Report, uno de cada cuatro 'ebooks' vendidos en España son autoeditados

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El acuerdo implica exclusividad durante su validez y para la distribución en España de las obras en formato papel (aunque se extiende a todo el mundo en digital). “En formato digital trabajamos con una distribuidora que se llama Bookwire, que disemina los títulos por todas las tiendas ‘online’ tanto en España como en Latinoamérica”, explica el director de Libros.com.

Las obras también van a parar a diversas librerías virtuales, pero depende del proyecto; algunos libros ni siquiera tienen distribución. “Lo acordamos con la distribuidora; todos los títulos han pasado por la campaña de ‘crowfunding’ y la utilizamos como termómetro para ver si el proyecto va a tener recorrido o no”, dice Pérez.

La retribución es del 50 % para ambas partes [tanto en papel como en digital], restando los gastos de producción y envío”, describe Sáez, que admite que “tampoco te especifican cuánto son estos gastos, así que no sabes muy bien lo que vas a cobrar”. El porcentaje se aplica a los ingresos totales de las ventas (restándole la fracción correspondiente a la distribuidora).

¿Hay alguna opción mejor que otra?

Además de las citadas editoriales 'online', existen servicios en internet de autopublicación pura y dura, como la plataforma Tagus de Casa del Libro (solo admite formato digital) y los autores pueden optar por utilizar  CreateSpace de Amazon o Amazon Kindle Direct Publishing (para modalidad electrónica). La desventaja con las editoriales ‘online’ es que el escritor tendrá que gestionar todo el proceso de edición, maquetación, diseño, registro del ISBN y cobro de 'royalties'. 

Si consideramos únicamente las empresas que ofrecen servicios editoriales, la elección dependerá de las preferencias de cada autor, aunque los contratos dan bastantes pistas sobre lo que van a encontrarse. No obstante, al no tratarse del proceso tradicional, “no resultan aplicables los parámetros tuitivos de propiedad intelectual”, aclara Buganza. Los documentos representan, simplemente,  “un acuerdo entre dos partes en el que pueden negociar y elegir lo que mejor les convenga”.

De ahí la necesidad de que los autores revisen al dedillo su contenido. Aparte de los porcentajes de retribución para el escritor, factores como la duración del periodo de exclusividad o el ámbito de distribución pueden marcar la diferencia. “No es lo mismo cederles los derechos por un año que por siete, ni tampoco que los distribuyan en España o en todo el mundo”, recalca Celaya.

El contrato de la Editorial Círculo Rojo al que ha tenido acceso HojaDeRouter.com “tiene ocultos datos que impiden conocer información”, observa Buganza. La letrada advierte que, pese a denominarse “contrato de edición”, “no se ajusta a la definición legal, puesto que la producción se realiza por cuenta y riesgo del autor, quien asume todos los costes”. Además, aunque no hay alusión directa a la cesión de derechos, “la empresa se arroga derechos sobre la edición”, señala la abogada.

A pesar todo, Rodríguez no tiene quejas y afirma que en la editorial “hablan muy claro”. Como aspectos negativos, Sáez señala la falta de control sobre las ventas y la distribución del libro. Además, “como suelen ser editoriales pequeñas, no tienen el mismo poder de difusión que una grande”, continúa la autora.

Para Celaya, la autoedición no es una alternativa mejor o peor que el modelo tradicional de la industria, solo “una opción más”. Tiene sus desventajas, pero el auge de este método y las plataformas que facilitan este servicio ha permitido que muchas historias, como las de Rodríguez o Sáez, vean la luz sin pasar por el filtro editorial.

Pocos títulos se quedan ya en un cajón por haber sido rechazados. Lo verdaderamente difícil ahora es elegir nuestra próxima lectura entre la avalancha de historias que podemos encontrar en internet.

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Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de 24oranges.nl, Andibreit, Memyselfaneye y James Tarbotton.

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