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Cuando Chaplin se burló de los cretinos que se cuelan en las fotos ajenas

El concepto de 'photobombing', algo tan simple como entrometerse en vídeos y fotos ajenos, fue reconocido en el año 2014. Sin embargo, justo un siglo antes, el inigualable cómico británico ya empezó a demostrar cómo el ser humano pierde los estribos al encontrarse ante una cámara.

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Charles Chaplin en el corto 'Kids Auto Races In Venice' (Foto: Youtube)

Charles Chaplin en el corto 'Kids Auto Races In Venice'

Centrados como estamos en detectar nuevas tendencias del sector tecnológico, solemos olvidar que los comportamientos humanos han cambiado más bien poco con el paso de los años. ¿Quién no ha sentido alguna vez la tentación de fastidiarle una foto a amigos o desconocidos? Podríamos pensar que es algo de nuestro tiempo, de la era de la imagen en que vivimos, pero en realidad se trata de una costumbre bastante antigua.

Lo que actualmente conocemos como 'photobomb', un término que fue reconocido por el Collins English Dictionary como "palabra del año" en 2014, surgió hace más de un siglo. De hecho, aunque nos pirle mantener el nombre anglosajón, este vocablo viene a definir algo tan simple como fastidiar la foto a alguien. Es decir, entrometerse en el plano justo en ese instante en que va a capturarse la instantánea, de improviso y sin que nadie nos haya autorizado.

Esto que parece tan moderno ya lo hizo Charles Chaplin allá por 1914. La productora Keystone Film Company eligió como escenario para interpretar su farsa una carrera de coches fabricados por niños en Venice, un distrito de la ciudad californiana de Los Ángeles. Allí fue donde el inigualable actor británico, disfrazado de vagabundo, se puso a hacer de las suyas. Sin que nadie les hubiera invitado, llegaron, plantaron sus cámaras y se pusieron a rodar.

Al ver por primera vez el cortometraje 'Kids Auto Race at Venice', resulta imposible contener las carcajadas. Tan genial como siempre, Chaplin se cuela una y otra vez en los planos de las cámaras que tratan de filmar el evento. En la primera secuencia, después de que un policía le sugiera apartarse de la vía por donde transitan los vehículos, el indigente descubre la cámara e inmediatamente se ajusta su camisa y su chaleco para aparecer elegante en pantalla.

En la siguiente escena, mientras el cámara trata de captar una panorámica de la parte inicial del circuito, Chaplin se levanta y, haciendo cucamonas con el cigarro que se está fumando y jugando con su bastón, trata de entorpecer el plano. Tal es la insistencia del actor que un tipo que, a priori, suponíamos miembro de la organización de la carrera, intenta quitarlo de enmedio con muy malos modales. El cómico no se amedrenta y decide seguir a lo suyo.

Ninguno de los espectadores de la prueba está al corriente de lo que en verdad sucede. Nosotros tampoco, al menos hasta que descubrimos en la siguiente secuencia que se trata de una pantomima. En el primer tramo del circuito, el equipo que acompaña al actor se ha situado tras una de las cámaras que, supuestamente, deben filmar la carrera. Así, podemos ver cómo Chaplin hace lo imposible por sacar de sus casillas a un miembro de la organización, que resulta ser el propio director del cortometraje, Henry Lehrman.

Se trataba de improvisar delante de las cámaras. Sin guion. Lo único que había era un contexto: un profesional quería grabar la carrera y un vagabundo trataba de echar por tierra sus planes. Así fue como surgió el 'photobombing', fruto de la casualidad. Todo fue obra del ingenio de un cómico que, recién fichado por la productora Keystone Film Company, entendió que una buena forma de poner la nota de humor en ese escenario era fastidiar el propósito de los cámaras.

Imitadores contemporáneos

Otro actor que ha seguido la estela de Charles Chaplin, no tanto en lo interpretativo como a la hora de fastidiar fotos y vídeos de terceros, es Benedict Cumberbatch. En reiteradas ocasiones, el británico que ha dado vida en la televisión a Sherlock Holmes y en el cine a Alan Turing se ha entromedio en fotos ajenas solo para sonsacar unas risas a los presentes. No sabemos si al grupo U2 le hizo gracia el numerito...

El concepto, aunque nos empeñamos en utilizar el término anglosajón, es muy sencillo. Tanto que hasta los animales se atreven a ponerlo en práctica. Caballos, monos, camellos, canguros y delfines han demostrado ser bastante habilidosos a la hora de colarse en la fotografía en el momento idóneo. Algunas veces para chafarla y otras para hacerla, involuntariamente, mucho más divertida.

Igual que con los 'selfies', con el 'photobombing' no hemos descubierto nada nuevo. Si ya en el siglo XIX se estilaba lo de autorretratarse con las cámaras de la época (aunque hubiera que estar veinte minutos delante del objetivo para que la instantánea fuera buena), un siglo antes de que se popularizara la palabra 'photobomb' el genial Chaplin ya iba por ahí fastidiando la labor de los cámaras.

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