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La comuna de visionarios que nació en una fábrica de golosinas de Silicon Valley

Project One acogió a algunos de los pioneros de la holografía y de los ordenadores conectados, a la vez que alojaba a activistas contra la guerra de Vietnam y organizaba quedadas para limpiar de vertidos la bahía de San Francisco. Entre sus paredes se podían utilizar de forma comunitaria ordenadores que nacieron en la cercana Universidad de Berkeley, mientras que otros grababan sus pistas de música o preparaban el guion de sus documentales.

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Imagen de 2017 del edificio donde estuvo alojado Project One (Imagen: Chris Carlsson | FoundSF)

Imagen de 2017 del edificio donde estuvo alojado Project One

El mundo estaba agitado a finales de los años 60 del siglo XX. La guerra de Vietnam, la invasión de Camboya, mayo de cierto año en París… Los movimientos pacifistas, ecologistas o feministas se expandían, también en California, que alumbraba la revolución tecnológica. Allí, en un viejo almacén que en otro tiempo albergó chucherías, se juntaron decenas de 'techies' y contraculturales para alumbrar un uso comunitario de la tecnología que hiciera mejores las vidas de todos.

Project One se localizó durante la década de los 70 en una fábrica de golosinas abandonada del barrio South of Market, en San Francisco; en concreto, ocupó unos almacenes de cinco plantas construidos en los años 20. Impulsado por el arquitecto Ralph Scott, algunos de sus miembros luego ayudaron en el desarrollo de los ordenadores personales. De aquel almacén salieron también pioneros de la holografía o de internet.

Scott creó Project One mientras compartía piso con unos amigos. En su mente estaba la idea de una comunidad que hiciera cosas útiles para el colectivo y para los demás. El concepto se fue difundiendo y Scott consiguió reunir a unas cien personas con las que firmó un contrato de alquiler.

Cuando todos estos jipis llegaron, lo primero fue arreglar ese almacén vacío, en el que solo quedaban los pilares, y convertirlo en un espacio habitable: en sus 7.800 metros cuadrados de espacio se levantaron muros para dividirlo en oficinas o espacios habitables (hubo gente que incluso vivió allí), todo con una filosofía 'do it yourself' (hazlo tú mismo). Hubo mucho trabajo, porque lo que no estaba permitido eran los jipis perezosos o que estuvieran colocados durante todo el día.

Quienes lo conocieron lo describen como un decorado de 'La naranja mecánica', la película de Stanley Kubrick, con pasillos y escaleras llenos de colores. Incluso había una especie de spa y estudios de grabación de música. Un documental rodado entonces por un grupo de cineastas experimentales que se reunían allí permite conocer en imágenes cómo era el lugar.

En ese almacén de golosinas devenido en centro tecnológico se podía acceder libremente a un ordenador. Se trataba del SDS-940, un modelo desarrollado por los miembros de la cercana Universidad de Berkeley que los activistas del lugar utilizaban para trabajar con Amnistía Internacional u otros grupos de presión. Pero además, los vecinos de la zona podían acudir allí para usarlo libremente.

Resource One, la tecnología como cambio social

Project One a comienzos de los 70 (Imagen: FoundSF)

Project One a comienzos de los 70

Entre los proyectos más tecnológicos que se criaron en ese viejo almacén estaba Resource One, concebido como un centro informático para la gente de la calle y formado por personas que, según sus palabras, "creen que las herramientas tecnológicas pueden ser herramientas de cambio social cuando la gente las controle", un concepto que ha llegado hasta el activismo digital. El objetivo era crear algún tipo de base de datos accesible en toda la bahía.

Su proyecto más señero fue Community Memory, una lista digital de clasificados. Los jóvenes que vivían en las cercanías colocaban en estas máquinas sus anuncios; en ellos preguntaban por un profesor de música, se ofrecían como maestros o buscaban compañeros con los que jugar al ajedrez. Aunque existió la idea de crear una red de terminales que conectara todo el país, finalmente no prosperó y Community Memory apenas tuvo un recorrido californiano de dos años, de 1973 a 1975.

Sus promotores, empapados de los movimientos culturales, afirmaban que estos ordenadores debían ser "tecnología para la gente" y "sistemas de memoria abierta colectiva", ayudando al intercambio de información entre las personas. Uno de estos promotores y miembro del Resource One fue Lee Felsenstein, por aquel entonces profesor en la Universidad de Berkeley. Tiempo después estuvo implicado en el diseño del Osborne 1, el primer ordenador portátil masivo y el primero que fue a una guerra para ayudar a los periodistas desplegados en el terreno.

Haciendo obras en Project One (Imagen: YouTube)

Haciendo obras en Project One

Felsenstein recuerda en su blog cómo se gestó la Resource One: cuatro estudiantes de Informática de Berkeley se mudaron a San Francisco para comenzar a trabajar en el acceso informático de la comunidad contracultural que se estaba gestando en la ciudad. Una de ellas, Pam Hardt, fue la que consiguió que la facultad donara el SDS-940 que tanto uso tuvo. Esa gran base de datos que conectara varios terminales en la bahía no se llegó a ejecutar, y Felsenstein lo lamenta: "Sin duda habría sido de gran interés [...] para entender lo que estaba sucediendo con la juventud rebelde de la contracultura".

Fotografías cada tercio de grado

La holografía también tuvo su espacio en Project One. The San Francisco School of Holography fue un proyecto que nació en esa comuna y que se trasladó a un almacén de Mission District, el ahora barrio latino de San Francisco. Tenía un taller, aula y una sala de reuniones. Uno de sus promotores, Lloyd Cross, fue firme defensor del conocimiento libre y en los años 70 se dedicó con su equipo a diseñar un sistema por el que varias imágenes en 2D superpuestas generaran un holograma en 3D.

Para ello diseñaron una tecnología de cámaras múltiples con las que registrar las imágenes y generar el holograma tridimensional. El sistema se llamaba Mark II y los sujetos se filmaban con una cámara de 35 mm mientras rotaban en una plataforma giratoria; cada fotograma equivalía a un tercio de grado. Las imágenes se trasladaban a un proyector y así se reproducía el holograma.

Barrio de South of Market en San Francisco, que en el pasado acogió el Project One (Imagen: Wikipedia)

Barrio de South of Market en San Francisco, que en el pasado acogió el Project One

Los proyectos más sesudos también tuvieron su hueco en Project One. El ingeniero Eric P. Dollard investigó desde ese almacén la posibilidad de crear dispositivos eléctricos de muy alto voltaje, a la manera de los que Nikola Tesla tuvo en mente a comienzos de siglo. Pero además de las innovaciones tecnológicas, de Project One salieron cineastas contraculturales (producían sus propios documentales), artesanos o escultores.

Entre tanta innovación tecnológica para provecho de la comunidad, hubo tiempo para el activismo: la sección de la Asociación de Veteranos de Vietnam contra la Guerra en San Francisco tenía su sede en Project One y desde allí se organizaron marchas contra el conflicto que aún duraba y se dio asesoramiento a los combatientes de regreso a sus casas. Incluso hubo un grupo de coordinación para limpiar la bahía tras un derrame de petróleo en 1971. Porque entre hologramas, listas electrónicas de clasificados, ordenadores comunitarios y alto voltaje, la paz y la ecología no se podían quedar atrás.

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Las imágenes son propiedad, por orden de aparición, de FoundSF ( Chris Carlsson, 2), YouTube y  Wikipedia

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