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“Queremos romper el concepto residencia de ancianos”

Musicoterapia en Saraiva.

Rita González

“La gran mayoría de las personas queremos envejecer en nuestro hogar, rodeados de los nuestros, en nuestro entorno. Pero no siempre se puede. Necesitamos nuevos recursos para hacerlo con calidad de vida y autonomía, en nuestra vivienda o en un lugar lo más parecido a ella”.

Este principio les narra “la experiencia” a los responsables de los centros de día Saraiva, fundados en 2005 por los gerontólogos gallegos Lucía Saborido Piñeiro y Ricardo Fra Otero. Desde su nacimiento, el interés despertado por el modelo de envejecimiento de esta iniciativa ha hecho aumentar a tres las instalaciones en Pontevedra, Marín y Combarro –este último, por cierto, acaba de reclamar ayuda a la Xunta y al concello para el transporte de usuarios en su programa piloto de envejecimiento activo–, con sus respectivas unidades de memoria y un equipo de atención domiciliaria.

Las instituciones les siguieron pronto la pista: en 2007 los premió la Asociación de Jóvenes Empresarios de Pontevedra, en 2010 fueron llamados a participar en el proyecto piloto del Programa Medra (BIC Galicia) para la consolidación y profesionalización de Pymes gallegas y tres años después quedaron finalistas en el programa Momentum Project del BBVA e inauguraron la primera Unidad de Memoria de Galicia.

Dice su misión, la razón de ser de esta empresa, que Saraiva aporta un enfoque diferente para cuidar a las personas mayores. Que sitúa al usuario como protagonista, con el que se involucra el entorno, profesional y afectivo. Es algo que no está sucediendo en muchas residencias. De hecho, según un informe del Consejo Superior del Poder Judicial, de los 400.000 mayores que viven en centros, 150.000 lo hacen en malas o pésimas condiciones. “Nosotros –exponen– buscamos un cambio. Queremos darle la vuelta al concepto de residencia, queremos romper en nuestro sector e innovar. Ofrecemos calidad de vida en lugar de servicios, lo que modifica bastante el enfoque a la hora de organizarnos y concebir nuevas soluciones”.

Desde el principio, han querido también garantizar “un precio asequible, tras comprobar que en Galicia las residencias privadas rondan los 2.000-3.000 euros”. El uso de su centro de día cuesta 330 euros al mes por media jornada y 560 en jornada completa, 12,5 euros la hora de servicio de ayuda a domicilio, y una sesión en la Unidad de Memoria son 25 euros.

“Si bien innovar es para nosotros muy importante, todos tenemos claro que lo esencial es el trato humano, la dignidad de la persona, y eso hace que sepamos en todo momento nuestras prioridades y que tratemos a los usuarios como nuestra familia”. Lo explica la directora adjunta y de marketing, Noelia López (en el vídeo, junto a Lucía Saborido), quien detalla que para ello se centran en las capacidades de la persona en lugar de en los déficits, a través de dos claves: la personalización del espacio y de la atención.

La inspiración la encuentran en los países nórdicos, el modelo housing, que despegó en Dinamarca en los años noventa y se extendió rápidamente a otros estados próximos. En España, la incorporación de este nuevo paradigma de atención para las personas que necesitan algún tipo de ayuda, como mayores o dependientes, es mucho más pausada y Saraiva constituye uno de los referentes.

El objetivo consiste en que sus usuarios se sientan literalmente ‘como en casa’, y eso debe pasar por la personalización y humanización de los entornos, que se decoran incluso con sus pertenencias. “Lo convierten en su hogar, lo alejan del aspecto sanitario”. En palabras de Lucía Saborido: “Utilizamos como base la biografía de los usuarios y nosotros adaptamos la atención y las terapias a sus capacidades, gustos y preferencias”.

“Cuando viene una persona no le preguntamos qué enfermedades tiene –señala Saborido–. Vemos qué es lo que mantiene, qué es lo que le gusta y lo reforzamos. Es una visión positiva de la vejez. Nosotros no queremos que nadie se compadezca de ellos, queremos que la persona se mantenga tal y como es, el máximo tiempo posible”.

Relata Noelia López que el proyecto Saraiva nació de la inquietud por ofrecer una alternativa a la vejez “que fuese tan profesional como humana”. “Hacemos las cosas como nos gustaría que nos las hicieran a nosotros, porque, como decimos y tenemos bien presente, ‘nosotros también seremos mayores”.

“Olvidamos que seremos mayores”

El cuarto pilar del Estado de bienestar fue el primero en ser tumbado por el actual Gobierno. El presupuesto en dependencia se ha reducido un 47% y se calcula que cada día hay 80 beneficiarios menos de la Ley de Autonomía Personal, mientras los seguros privados crecen. Pero España no deja por ello de envejecer, algo que a menudo “olvidamos”.

En un siglo, la esperanza de vida pasó de los 34,76 años de 1901 a los 82,1 años actuales (85 las mujeres, 79,2 los hombres). Desde 1900, el conjunto de la población mayor se ha multiplicado por ocho en términos absolutos. Y ha sido especialmente importante el incremento de ciudadanos mayores de 80 entre 1991 y 2001, un 42%.

La mayoría son mujeres –el hecho es que nacen más varones que hembras y este exceso se equilibra hacia los 50 años, que comienza a inclinarse hacia el lado femenino–. Según aclara el informe “El perfil de las personas mayores en España, 20123”, realizado por el CSIC, en 2025 casi uno de cada cuatro ciudadanos tendrá más de 65 años y la mitad serán mayores de 50. Falta por determinar la magnitud de los efectos negativos de la crisis, los recortes en políticas sociales y la pobreza sobre la longevidad de las actuales generaciones, para las que “urge un nuevo modelo de autonomía y atención al mayor”.

“Nuestra memoria es nuestra identidad”

Dentro de la atención integral que ofrece Saraiva, están los talleres de memoria, pioneros en el Estado. Se trata de terapias individualizadas y grupales de una hora aproximada de duración, en las instalaciones del centro (en la foto) o a domicilio. En ellas se realiza estimulación cognitiva reforzada con fisioterapia para prevenir, ralentizar, mantener y mejorar capacidades cognitivas como la memoria, la atención, el cálculo o el lenguaje.

Acuden tanto personas –mayores y jóvenes– que ya tienen algún tipo de deterioro físico o cognitivo como aquellos que buscan prevenir, sobre todo de la tercera edad, y también hijos y familiares de personas con alzhéimer. Y su demanda es creciente.

“Trabajamos la memoria desde una perspectiva muy amplia. Para largo plazo tenemos talleres de reminiscencias, la elaboración de la historia de vida de la persona y, finalmente, el 'baúl de los recuerdos', una cajita que contiene recuerdos personales del usuario, objetos con un significado, una simbología que puede hacerle sentir a gusto en un momento dado”.

“Y además incorporamos el decálogo de la persona, un resumen de su biografía, gustos y preferencias, que también nos sirve a los trabajadores”. Concluye López que “nuestra memoria es nuestra identidad” y que debemos cuidarla y atenderla “como un todo mientras nos hacemos mayores”.

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