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Bélgica no es el único eslabón débil de Europa en la lucha contra ISIS

Soldados belgas en las calles de Bruselas el martes.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Ahora que la Unión Europea quiere convertirse en una fortaleza y mantener alejadas a las víctimas de la guerra de Siria, los atentados de Bruselas demuestran hasta qué punto eso es una ilusión si de lo que se trata es de aislar a Europa de las consecuencias de la guerra de Siria. Gracias al pacto con el Gobierno turco, puede dejar fuera a la mayoría de los refugiados, pero no a los yihadistas que forman parte del ISIS o se sienten inspirados por ese grupo. Estos últimos ya están dentro, en especial en Bélgica donde cuentan con una infraestructura muy resistente.

1. Bélgica como problema

Bélgica es sin duda el eslabón más débil de la red de seguridad europea. La coordinación entre sus servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad continúa siendo mediocre en un país mal cohesionado y con demasiadas administraciones con competencias que se solapan.

Los medios con que cuenta para hacer frente a esa amenaza no son suficientes. Unos pocos centenares de policías deben vigilar a miles de sospechosos potenciales, escribe Jason Bourke, de The Guardian, a quien una fuente policial ha confesado que están “simplemente exhaustos”. El distrito de Molenbeek, en Bruselas, es un lugar que puede dar cobijo a un fugitivo como Salah Abdeslam durante meses. Bélgica es el país europeo del que han salido más voluntarios para combatir en las filas del ISIS teniendo en cuenta su población.

2. Policías en la calle

La gente se pregunta cómo es posible que si las autoridades belgas sabían que el riesgo de un atentado era alto, cómo no pudieron impedirlo. Inundar aeropuertos y estaciones de tren o autobús de policías y soldados tiene un efecto disuasorio, pero no reduce a cero las posibilidades de un atentado. Hasta que se llega al primer control de seguridad, cualquiera puede entrar en un aeropuerto. Una maleta es un objeto en el que cabe una cantidad muy importante de explosivo y de metralla.

La primera línea de defensa es la información con la que cuentan los servicios de inteligencia y que la policía puede usar en la calle. Cuando los terroristas entran por la puerta del aeropuerto, puede ser ya demasiado tarde para detenerlos.

3. La verdadera victoria del terror

El terror es un excelente instrumento en cualquier guerra, sobre todo si no tienes Fuerza Aérea e intentas proyectar una imagen de ti mismo más poderosa que la real. Si los ciudadanos europeos dejan que esa amenaza condicione por completo su sistema de leyes y de convivencia estarán ofreciendo una victoria completa a sus enemigos.

En Francia, el Parlamento prorrogó en febrero por un periodo de tres meses, hasta el 26 de mayo, el estado de emergencia y los poderes especiales que concede a sus fuerzas de seguridad. Las organizaciones de derechos humanos denuncian que el Gobierno de Manuel Valls no ha justificado las razones de esta prorroga, que temen que no sea la última. Afirman que se han producido abusos en muchas operaciones policiales y que los ataques islamófobos se han extendido en las calles.

Valls ha reiterado tras el atentado de Bruselas que “estamos en guerra”. Tales declaraciones tienden a justificarse por sí mismas, a pesar de la aparente paradoja que supone denunciar la barbarie y fanatismo de estos actos criminales, y al mismo tiempo conceder a sus responsables la condición de combatientes en una guerra.

4. Una oportunidad para rentabilizar la matanza

Como en otros atentados de efectos dramáticos, algunos políticos reaccionarios han aprovechado la noticia para obtener réditos o mejorar sus opciones de cara a una contienda electoral. Los euroescépticos británicos han dicho que “este horrible acto de terrorismo demuestra que el libre movimiento de Schengen y los controles laxos en las fronteras son una amenaza para nuestra seguridad”. Un ministro israelí ha acusado a la UE de ocupar su tiempo en dificultar la venta de productos hechos en los asentamientos judíos en territorio palestino en vez de en luchar contra el terrorismo.

Inevitablemente, las primarias del Partido Republicano en EEUU han dado lugar a las ideas más extremistas. Donald Trump ha defendido que se use la técnica de tortura del waterboarding con los detenidos. “Hay que sacar la información a esta gente. Tenemos que ser inteligentes y ser duros. No podemos ser blandos y débiles, que es lo que estamos siendo ahora”, dijo a la NBC. Nadie niega que el Gobierno de Bush fue duro después del 11S. Eso no acabó con los terroristas. De hecho, los hizo más fuertes después de la invasión de Irak.

Lo mismo ha hecho su principal rival, el senador de Texas Ted Cruz: “Tenemos que detener inmediatamente el flujo de refugiados que proceden de países con una presencia significativa de Al Qaeda o ISIS (entre los que están Siria e Irak). Tenemos que permitir a las fuerzas de seguridad que patrullen los barrios habitados por musulmanes antes de que se radicalicen”.

En el primer caso, eso supondría vulnerar la Convención de Refugiados que EEUU prometió respetar. Respecto a la segunda frase, una medida como esa sería probablemente anticonstitucional e incriminaría a la minoría de fe islámica. Pero la ley es un freno escaso para los políticos cuando una matanza les permite emplear el miedo como arma electoral.

5. La contradicción permanente

Los países europeos se han juramentado para luchar contra el terrorismo de ISIS. La mayoría de sus víctimas son musulmanes (sirios e iraquíes), no occidentales. Las guerras de Oriente Medio son su principal campo de batalla y los atentados en Europa, la forma de reclutar adeptos a su mensaje de odio a los que no son como ellos. La capacidad de Occidente de responder a esta propaganda queda muy limitada cuando tolera o promueve otras guerras, como la de Yemen. Allí, los saudíes y sus aliados del Golfo Pérsico llevan un año bombardeando el país para impedir que las milicias huzíes se hagan con el control del Estado. Al Qaeda cuenta con una importante presencia en el este de Yemen, pero esa no es la prioridad para la monarquía saudí.

Los saudíes han bombardeado “mercados, hospitales, clínicas, colegios, fábricas, bodas y centenares de viviendas”, ha dicho el comisionado de Derechos Humanos de la ONU. ¿La respuesta de Europa y EEUU? Continuar la venta de armamento a Arabia Saudí, incluido el aprovisionamiento de misiles y cohetes para sus aviones para que sigan atacando Yemen y, en el caso de Francia, condecorar con la Legión de Honor al príncipe heredero saudí en su reciente visita a París.

6. ISIS es más débil que nunca

No todas las noticias deben llevar al pesimismo ni a pensar que ISIS está en condiciones de ganar, como se deduce de las declaraciones alarmistas e interesadas de algunos políticos. La capacidad de ISIS de provocar una matanza en Bruselas puede hacer creer que ese grupo cuenta ahora con la misma fuerza que hace un año cuando se produjo el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo.

No es cierto. Se calcula que en 2015 perdió el 15% del territorio que controlaba en Siria e Irak. Y el territorio lo es todo para un grupo que dice haber construido un “califato” para regir todo el mundo islámico. Es especialmente significativa la derrota que ha sufrido a manos de las milicias kurdas del norte de Siria. En los últimos días aviones rusos han atacado objetivos de ISIS en las cercanías de la ciudad de Palmira, el punto más al sur alcanzado por los yihadistas. Su avance hacia otras zonas del país ha quedado detenido en seco.

Sus recursos económicos no son los de hace unos meses. Documentos de la organización conocidos en enero revelan que ha tenido que recortar los salarios de sus militantes a la mitad y eliminar algunos de los beneficios económicos de los que disfrutan. Su mayor fuente de ingresos son los impuestos que obtiene de los habitantes de las zonas que controla, además del pago por los servicios básicos. Se sabe que este año ha comenzado a exigir ese pago en dólares, lo que resulta casi imposible para muchas personas.

No es el principio del fin para ISIS, pero sí una señal de su declive.

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