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Tras el golpe llegó el aislamiento de Turquía y los problemas con sus vecinos

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Tras el golpe llegó el aislamiento de Turquía y los problemas con sus vecinos

Tras el golpe llegó el aislamiento de Turquía y los problemas con sus vecinos

Hace siete años, los dirigentes de Turquía proclamaban orgullosos su estrategia de "Cero problemas" con el resto del mundo, pero tras el golpe fallido de julio de 2016, prácticamente no queda país en la región que no haya experimentado graves tensiones diplomáticas con Ankara.

Aparte de los conflictos regionales geopolíticos, las tensiones con los países europeos dan cuenta de una actitud cada vez más crispada del presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan.

Incluso hay críticos que lo considera una deliberada estrategia de tensión que hace aparecer a Erdogan ante sus seguidores como un solitario héroe que se enfrenta sin miedo a todas las potencias extranjeras que quieren pisotear Turquía.

Primero fue Grecia, al descartar la Justicia helénica la extradición de ocho soldados turcos que en la noche del golpe huyeron con un helicóptero a territorio griego, una "decisión política" de "abrir los brazos a los golpistas", según Ankara.

Más tarde se supo que un centenar de militares turcos, destinados en Alemania, Bélgica y Holanda en el ámbito de la OTAN, habían pedido asilo en estos países, a lo que se añadieron unos 450 funcionarios solo en Alemania.

Erdogan acusó a Berlín de "respaldar el terrorismo" por no extraditar a estas personas, y de poco servía que la canciller alemana, Angela Merkel, subrayase en sus visitas a Ankara la independencia de la Judicatura alemana.

También la tradicionalmente estrecha alianza entre Turquía y Estados Unidos se vio afectada, cuando el Gobierno turco pidió la extradición del predicador Fethullah Gülen, al que el Gobierno turco responsabiliza del golpe.

Desde Washington respondieron que los papeles que envió Turquía no correspondían al trámite requerido para una extradición, pero Erdogan consideraba que tampoco debería hacer falta.

Pidió la entrega de Gülen como "terrorista", sin papeleos, y recordó que "con Osama Bin Laden tampoco hubo un proceso judicial".

Tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Turquía esperaba un cambio de rumbo, pero las dificultades solo se acrecentaron, al apostar el republicano por entregar armamento a las milicias kurdosirias que Ankara considera terroristas.

La mayor oleada de tensión, sin embargo, se vivió con los países centroeuropeos durante la campaña para el referéndum constitucional del 16 de abril pasado.

Varios altos cargos turcos querían hacer campaña entre los millones de turcos residentes en países europeos, que han demostrado decantarse en su gran mayoría por la ideología conservadora e islamista del gobernante partido AKP.

Pero empresarios y autoridades locales de Alemania empezaron a cancelar salas y espacios previstos para los mítines, lo que llevó a Erdogan a denunciar una campaña orquestada en su contra.

También Austria, Suiza y Suecia suspendieron algunos actos previstas, pero el clímax tuvo lugar en Holanda.

El Gobierno holandés negó la entrada a la ministra turca de Familia, Fatma Betül Sayan Kaya, que iba a dar un mitin en Rotterdam, y la retuvo durante horas cuando llegó a la ciudad en coche desde Alemania.

Además, la policía holandesa cargó contra una manifestación turca, lo que llevó a Erdogan a denunciar durante semanas en todos los discursos el "fascismo" de las autoridades neerlandesas que "pisotean con caballos y perros" a los ciudadanos turcos.

La prisión preventiva decretada en Turquía contra la traductora alemana Mesale Tolu y el periodista Deniz Yucel, éste con doble nacionalidad, tampoco ha mejorado las relaciones con Berlín.

Además, Ankara niega a los diputados alemanes realizar visitas al contingente militar germano destacado dentro de la OTAN en la base aérea turca de Incirlik, en el sur de Anatolia, una pieza fundamental en la lucha contra el Estado Islámico (EI).

En respuesta, Alemania ha decidido retirar su contingente para trasladarlo a Jordania, un proceso ahora en marcha.

Este mismo mes, la tensión volvió a subir, al negar Alemania permiso a Erdogan para realizar un mitin ante turcos en Hamburgo, ciudad a la que acudió para participar en la cumbre del G-20.

También Austria vetó esta semana un acto del ministro turco de Economía, Nihat Zeybekci, cosechando críticas de Ankara.

Solo con Rusia, el fallido golpe ha significado una llamativa mejora de las relaciones bilaterales.

Moscú había impuesto a Turquía numerosas sanciones, reduciendo a cero el turismo ruso, vital para la economía de muchas provincias costeras, porque Ankara se negó a pedir disculpas por el derribo de un caza ruso en la frontera sirio-turco en 2015.

Pero en marzo pasado, Erdogan viajó a Moscú e hizo las paces con su homólogo ruso, Vladímir Putin.

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