Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

¿Leen los constituyentes venezolanos los textos que aclaman?

La Asamblea Constituyente venezolana.

Alberto Arce

Caracas —

Julio Chávez termina su arenga en pie, levantando y bajando el brazo a ritmo, coordinando sus subidas y bajadas con las palabras que pronuncia, índice recto y apuntando al cielo. Es uno de los constituyentes recién elegidos en Venezuela y es el tercer representante que habla del mismo tema. Para decir exactamente lo mismo que los anteriores, lo mismo que los siguientes. Con mínimas variaciones en las palabras usadas, con la misma exaltación.

Surge una duda al verlo y escucharlo: ¿Se pone en pie para dejarse ver con mayor facilidad o porque necesita espacio para mover los brazos con esa intensidad? La verdad, están bien apretados los constituyentes, sentados en sillas, sin espacio suficiente.

Chávez se ha venido arriba. Maneja a su público como harían un Dj o un sacerdote. Ese aplauso y movimiento simultáneo “de pie y aplaudiendo” lo pide, imperativo, él mismo. Actúa cual director de orquesta. Y obedientes, más de 500 personas se levantan y aplauden, a ritmo firme y constante, largo. Y aplauden. Y aplauden. Y aplauden. Y aplauden. Y aplauden. Y sonríen, felices. Y Chávez cada vez grita más y se exalta más. Como en un mitin de cierre de campaña, como en el bis de un concierto. Como en un congreso de partido socialista antiguo retransmitido íntegramente por televisión. Grita, Chávez, emocionado, desencajado, rota la garganta: “Se respira, se transita, se camina por el camino de la democracia participativa y protagónica”. Más gritos. “Viva el Comandante Chávez, viva el Presidente Maduro y viva la Asamblea Nacional Constituyente!”.

El motivo de la euforia era que minutos antes, otro miembro de la Asamblea, Earle Herrera, había lanzado la propuesta de la emoción: “Propongo que el proceso de elecciones regionales sea adelantado para el mes de octubre” (están programadas para diciembre). Entre bravos y aplausos, la asamblea puesta en pie clamó como si alguien hubiera marcado un gol. “El proceso electoral fue un bálsamo que le puso cota a una ola de violencia”, dijo, escueto y contenido, él más que Chávez. Por eso pidió que se vaya a votar cuanto antes.

La intención de Herrera al proponer el adelanto electoral no tiene nada de oculto. Reintroducir a la oposición en la arena institucional pero con los tiempos y las reglas de juego de la Asamblea Nacional Constituyente, trasunto del gobierno, nuevo órgano ejecutivo de Venezuela. Cerrado el ciclo de protestas, toca avanzar. Él mismo había publicado horas antes un artículo en la prensa en el que decía: “Si lo que querían (en referencia a la oposición) era ser gobernadores o legisladores regionales, debieron decirlo desde el principio, no solo a los jóvenes que inmolaron en el altar de sus mezquinas ambiciones, sino al pueblo en general”. Ahora que no hay marchas de protesta en Venezuela añadió una crítica dura a la oposición: “Inventarse una 'épica' de 'resistencia' y 'libertadores' para alcanzar cargos en la burocracia de provincia es una desproporción y una estafa”.

Es un hecho que la mayor parte de la oposición, pese a la denuncia continua de fraude y de dictadura y pese a no reconocer al Consejo Nacional Electoral ni a las instituciones, se ha inscrito, un poco confusa, para participar en las próximas elecciones regionales, sean en octubre como se propone ahora o en diciembre, como estaba previsto. Y a esa confusión de la oposición que no reconoce el sistema pero sigue participando, se contrapone la claridad de ideas del bloque chavista donde, al menos en público, el monolitismo raya lo servil.

Al de Herrera le siguió el parlamento de María León, que permite percibir más del estilo, de la vocación que inunda a los participantes. León es una mujer agradecida, -más fan que otra cosa- de la presidenta de la institución a la que pertenece hace apenas una semana. Quiere que el mundo lo sepa. Es ,además, jocosa. “Un saludo, no a Delcy Eloína sino a Delcy Heroína”, dice para comenzar, en referencia a la Presidenta de la Asamblea, Delcy Rodríguez. Siguen los saludos al Maduro, a Chávez y al pueblo, y el toque tropical: “El pueblo oyó esto y se puso de fiesta, dijo vamos, dijo adelantemos esas elecciones”. El de León termina como terminan los discursos en este salón. Música, en pie. Más o menos los mismos vivas! que el de Chávez.

A León le sigue el “constituyente joven”, como presenta la Presidenta de la Asamblea a Jorge Pérez que es efectivamente joven pero declama como lo haría un Catedrático de griego de los 30 del siglo pasado.

En su caso, la fórmula de saludo es a “a la directiva de la soberana y profundamente de pueblo, Asamblea Nacional Constituyente, a los camaradas y al pueblo que a cada paso, minuto a minuto le da seguimiento a este debate”. ¿Debate? En el bloque central de su intervención, de una retórica barroca, cansina, memorizada, recupera las palabras clave que muchos de los participantes repiten una y otra vez y una y otra vez y una y otra vez y suelen ser: “Dignidad, pueblo, patriotismo, violencia, intolerancia, terrorismo, minoritarios, imperialismo, soberanía, independencia”. En un discurso de diez minutos -se gustan, es evidente, les gusta escucharse y verse- apenas una frase concreta referida al objeto de su intervención. Esta: “Que se hagan esas elecciones para el mes de octubre de los corrientes” antes de una despedida que incluye. “Paz, futuro, esperanza, compromiso, presidenta”, aplausos enfervorecidos, en pie, y más música, y más puño en alto. Es imposible aburrirse.

La Presidenta de la Asamblea decide concluir el debate por hoy, emplazando a una nueva sesión para el día siguiente y anunciando que está sorprendida. Que no sabía - no sabía, claro- que sería propuesto el adelanto electoral, a “debatir” el día siguiente con mayor profundidad. Quizás entonces aparezca alguna opinión diferente. Será difícil sin oposición. Quizás si la oposición no hubiera decidido boicotear la Asamblea y algunos de sus representantes estuvieran sentados allí, el debate sería real.

Y se da por terminada una jornada que había comenzado con el otro punto del orden día, el que iba a ser el único antes de la sorpresa: La aprobación del decreto de subordinación del Consejo Nacional de Elecciones a las decisiones de una Asamblea Nacional Constituyente que, a medida que destituye funcionarios y aprueba decretos, se convierte más en un bloque de decisión ejecutiva por aclamación, una asamblea legislativa paralela y expedita, con normas de aplicación inmediata, que en un organismo de debate sobre una nueva constitución. El decreto de subordinación -repito, subordinación- aprobado el viernes se leyó y votó por unanimidad a mano alzada. En la retransmisión televisiva no se vio que ninguno de los más de 500 asambleístas presentes tuviera una copia del texto que aclamaron.

Fuera del salón donde sesiona la Asamblea, Germán Escarrá, uno de los sancionados esta semana por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, constituyentista también, dijo que el adelanto de elecciones era algo que la oposición había pedido y que “seguramente a va a ser”.

¿Se dudaba? Cree que lo que hemos visto es parte de la “restauración del orden”. Que “una vez que el presidente Nicolas Maduro ha venido a subordinarse al poder originario de la ANC, sigue la subordinación ordenada de todos los poderes del estado a la Asamblea Nacional Constituyente como hoy se subordinado el ente rector electoral” y profundiza: “Todos los poderes constituidos quedan al servicio y debidamente subordinados a ese poder. Esa es la fórmula que se está aplicando y va a seguir aplicándose”.

Por si alguien lo dudaba.

Etiquetas
stats