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Escuelas Unitarias (I): El colectivo de Escuelas Unitarias de la Isla de La Palma

El origen de nuestro Colectivo de maestros y maestras podemos situarlo en la joven autonomía en torno al año 1983, cuando desde la Consejería del Sr. Balbuena se inició un programa de Educación Compensatoria en las zonas rurales o de difícil desempeño.

Ya en torno a este año e independientemente de este programa que luego vino a reforzar esta tendencia, en nuestra isla existían dos núcleos en donde dos grupos de maestros y maestras comenzaron a reunirse una o más veces al mes para intentar superar el aislamiento y compartir experiencias y contenidos curriculares.

Esos dos núcleos fueron el municipio de Garafía y el de Villa de Mazo.

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Las muñecas rusas de Ramón Betancor

Siempre me gustaron las muñecas rusas y desde hace muchos años permanecen en las estanterías de mi casa y me acompañan de un lugar a otro. Ese juego de colocarlas unas dentro de otras me fascinaba cuando era niña desde que mis padres me trajeron de Moscú una de esas Matrioshkas de colores vivos tradicionales que se crearon en 1890 con las que juegan los niños de Rusia y que los turistas compran como recuerdo. Sigo jugando a lo mismo cuando caen en mis manos libros que tienen una estructura parecida a una de esas mamushkas de madera pintada y los leo con la misma pasión con que sigo jugando a poner objetos en distintos lugares de la casa para darles una nueva forma. Un entretenimiento en el que la lógica interviene de una manera definitiva.

En esta ocasión el libro se titula  Camino del suelo, una novela escrita por Ramón Betancor a quien le gusta el mismo juego a la hora de escribir. A él hace tiempo que lo he colocado en una de mis estanterías. A sus libros en los estantes de mi biblioteca y a él cerca de mi corazón porque decir su nombre es igual a contar la historia de un muchacho que nace en Santa Cruz de La Palma en 1972 y llega a ser escritor, músico y periodista y al que he conocido ejerciendo esos distintos oficios con la maestría que le caracteriza. Porque Ramón ha escrito guiones, teatro, poemarios, aforismos, relatos y novelas, En 2015 puso en marcha el proyecto Redgeneración Literaria, una apuesta por la democratización de la literatura con la que consiguió dar visibilidad y acercar al público canario a numerosos autores residentes en las Islas. Ha prologado libros como Duelo de azules, de la escritora Carmen Velasco y ha sido Jurado del I Premio de Narrativa Breve Dolores Campos-Herrero. Es miembro de la Mesa de Desarrollo Creativo del Pacto Insular por la Lectura y la Escritura del Cabildo de Gran Canaria y de la Mesa Técnica del Libro y las Bibliotecas del Consejo Sectorial de Cultura del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Sus textos han sido incluidos en múltiples antologías, como Hakawatis de hoy (Puentepalo, 2012), Nieve transparente (Cartas Diferentes, 2015) o Enterversando (Lapsus Calami, 2016). Todo eso es lo que se dice sobre él. Y todo ese bagaje se debe a su ambición y a su lucha por ser todo lo que he citado y muchas cosas más porque mucho más es lo que le espera a quien, como él, es capaz de perseguir los sueños con verdadero empeño.

Ramón Betancor no sería nada si no fuera por los sueños que ha sabido alcanzar desde niño: ser músico, ser cantante, ser escritor, ser… Cualquier cosa que pusiera a prueba su capacidad de enfrentarse a la vida  para llevar a cabo lo deseado por difícil que pareciera. Un día decidió ser músico y agarró una guitarra y lo hizo posible. Otro día quiso escribir una novela y se sentó a escribir las aventuras de Mario Rojas, un escritor al que sus ansias de publicar le llevan a intentar saldar la deuda que un amigo ha contraído con una organización secreta que se lucra con el trabajo de artistas a quienes promete poderes mágicos enseñándoles cómo alimentarse de los sentimientos y las almas de quienes les rodean para crear así obras increíbles. Y lo hizo.

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Enterrado en los ojos que un día besó (14)

Carmencita y la directora del instituto. La directora del instituto y Carmencita. Y así lo seguiríamos repitiendo muchas veces. ¿Qué se estaba cocinando en aquellas dos ollas de neuronas después de que El Chivato Tántrico asintió a darles una iniciación? Se empezaron a mirar entre ellas dos de manera muy  distinta. Carmencita estaba más pendiente de la directora del instituto, y la directora del instituto más pendiente de Carmencita. Se estaban empezando a sentir hermanas. Estaban en la antepuerta semiclara de algo sagrado y les delataba aquella inquietud, aquel principio de alegría interior, no de temor.

La directora del instituto se decidió a entrar en la cocina. Cuando estuvo delante de Carmencita le dijo que le diese uno de los porros que tenía en el bolsillo del delantal. Le prendió fuego. Miró a Carmencita a sus ojos, y al expirar la tercera calada le dijo que le daba la impresión de que esa madrugada les iba a cambiar la vida de ellas dos. Le entregó el porro a Carmencita por el lado izquierdo. Carmencita le dio tres caladas. A la tercera, miró a los ojos de la directora del instituto y le dijo que presentía que iba  ser algo que les iba a marcar sus vidas, y que empezaba a sentir un gusanito de alegría.

La directora del instituto volvió a la mesa, tomó la copa de Cava Integral de Llopar Brut Nature, y se la bebió de un sorbo, más bien de un trago, y se introdujo en el mundo de los entrantes. Carmencita vino a la mesa a preguntar por ellos, mirando a la directora del instituto, a saber si eran de su agrado. La directora, que no le perdió la vista, desde que salió de la cocina hasta llegar a la mesa, le respondió que sí, y que en dónde había aprendido a hacer los calamares de huerta y las patatas a lo pobre. Carmencita le respondió que en un pueblito de la Sierra de Béjar, Candelario, en Salamanca, en donde ella pasaba el mes de agosto, en una casa que le alquilaba Licinia, la tía de Miguel el de Las Cosas Buenas; que en ese pueblo los calamares de huerta, pimientos en rodajas rebozados,  los hacían muy bien en El Calvitero, y las patatas a lo pobre, una especie de papilla de patatas con pimentón y torrezno, en Casa Tolo.

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La senda balcánica

Las bajadas de impuestos están de moda. La bajada del IRPF negociada por Ciudadanos a nivel nacional; y, la bajada del IGIC que ha puesto sobre la mesa el Partido Popular para un eventual pacto con Coalición Canaria para entrar en el Gobierno de Canarias.

España es uno de los países con una menor presión fiscal (37,9% sobre el PIB según datos de Eurostat) muy por debajo de la media de la Unión Europea (44,9%) e infinitamente distante de esos países modelo a los que muchos políticos citan como mantra: Finlandia, (54,2%) y Dinamarca (52,7%). Sólo superamos a países como Bulgaria (35,5%) o Rumanía (31,7%), entre otros.

Coincide irónicamente que dos partidos que, por un lado, centran gran parte de su dialéctica en nuestra convergencia con Europa; y en el uso de términos de «estabilidad», «seriedad», pero sin dejar en manos de los ciudadanos la toma de decisiones complejas, por el otro lado. Precisamente, este último motivo es una de las razones en las cuáles se apoya el sistema representativo, la existencia de unos ciudadanos con una mayor información para adoptar una u otra disposición, además de adoptar medidas negativas que los ciudadanos en su conjunto posiblemente no aceptarían.

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El Emprendedor, ni nace, ni se hace… se trabaja

Cuántas veces han escuchado la eterna pregunta esa de “¿el emprendedor nace o se hace? Pues bien, yo, cansado de escucharla, de leerla y de que me la pregunten en foros, conferencias y coloquios, hoy quiero aprovechar este medio para intentar dar mi contestación definitiva: ni nace, ni se hace… se trabaja.

Esta mañana leí un artículo que decía que el 80% de los productos que se lanzaban al mercado, no tenían posibilidades de perdurar en el tiempo. Cada vez es más difícil sorprender al consumidor, y, o lo que lanzamos tiene un alto grado de innovación o sirve para hacernos la vida más fácil, o será (impepinablemente): “carne de cañón”. Pues bien, en el mundo emprendedor viene a pasar algo parecido.

Lean conmigo: “todo el mundo no está preparado para emprender”. Sí, lo sé, es una frase dura, pero más cierta que cientos. En una cultura como la actual, en un entorno como el de nuestros días, en el que las personas hemos tenido que reinventarnos laboralmente, en el que los robots (y los nativos digitales), parece que están más preparados que nosotros, se nos ha vendido la cultura emprendedora como si fuera mascar un chicle de menta (o de plátano, que hay que vender la tierra). Parece que, con tener un viejo local de la abuela, darnos de alta en autónomos y tener una página en Facebook bonita, tenemos nuestro futuro laboral resuelto. Permítanme decirles, desde mi más profundo respeto y sin acritud, que no es tan fácil como parece.

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Enterrado en los ojos que un día besó (13)

Carmencita estaba al pie de la mesa con la libreta y el bolígrafo en la mano, esperando tomar la comanda, cuando El Chivato Tántrico recitó la célebre oración de Reinhold Niebuhr. Carmencita dijo "amén" con los demás y rompió a llorar. Ninnette le dio una copa de absenta. Después de bebérsela de un trago le dijo que le sirviese dos más, que eso que tenía se le pasaba así, con tres bambarriasos seguidos. La mesa entera se sintió sostenible con Carmencita, se tomaron, solidarizándose con  ella, tres copas de un trago cada una. Cuando Carmencita se tomó la tercera absenta sus lágrimas ya estaban secas sobre sus ojos y cara. Se volvió a escuchar la voz de Hiperión: “¡Que bonito!¿No teníais otra botella de absenta de donde serviros, sino de la de un muerto? ¡Y cómo me secaba las lagrimas yo! ¿Creéis que yo no lloro, que los muertos no lloramos?” Y se volvió a echar a reír.

Le volvieron a poner a Hiperión una botella de absenta abierta delante de la mesa, porque ponérsela cerrada es una falta de respeto a un muerto, e Hiperión suspiró su mantra: ”¡Ay, tanto daño me hagas, ay, como tanto miedo te tenga!”. A los comensales del resto de las mesas hubo que ponerles una botella en cada una de ellas, pues pavoridos dudaban  entre levantarse e irse, o, tomarse aquello como un espectáculo y esperar a ver como terminaba.

Nadie se marchó. Ninnette y Lissette se cuidaron de servirles por las mesas la botella de absenta en las copas, y los comensales se empezaron a sentir como compañeros de rodaje. Se soltaron, y empezaron a preguntar si se estaba ensayando alguna película. Ninnette y Lissette les respondían que se quedasen hasta el final, y que ya verían.

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Profesor Mauro Hernández: custodia y orgullo compartido entre Breña Alta y Villena

El pasado viernes retumbaba el nombre del municipio de la Villa de Breña Alta, de La Palma y de Canarias en la ciudad alicantina de Villena. Era un día grande para nuestro municipio y para su hijo ilustre Don Mauro Severo Hernández Pérez, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alicante, y uno de los grandes impulsores, junto a José María Soler, del descubrimiento de los yacimientos arqueológicos de Cabezo Redondo en la ciudad que decidía hacerlo Hijo Adoptivo por unanimidad de sus representantes y, después de haber compartido esa tarde-noche con él, yo añado por aclamación popular. Fue un auténtico privilegio para mí, haber coincidido espacio-temporalmente en la muy ilustre institución de Villena, como representante de mi municipio para tan grata noticia, que celebraba simultáneamente a 2.500 kilómetros de distancia la colectividad del pueblo que le vio nacer. 

Desafortunadamente para mí,  creo que no había coincidido en la vida, ni en la tierra nuestra. No obstante, me tomé como una obligación desplazarme para darle un mensaje en nombre de su pueblo, de su gente y de su generación. Breña Alta lo quiere y su gente esboza una sonrisa acompañada de una mirada orgullosa cuando habla de Don Mauro. Recuerdan con admiración cómo un chico de familia humilde trabajaba y luchaba con ahínco por su educación, que caminaba, pese a las adversidades, hacia los destinos de su anhelada formación. En aquellos tiempos apenas había becas, y vivir en un territorio archipielágico y en una isla orgullosamente rural, pero sin universidad, y con dificultades en el transporte, hacía que cursar estudios universitarios se tratara de una auténtica heroicidad- aunque tuve que realizar un largo viaje con muchos medios de transporte, es mucho más sencillo hoy llegar a Villena desde La Palma que en aquella época irse a la isla de al lado- y el profesor Hernández decidió ser héroe! Un héroe, además, que hoy enarbola la bandera de su municipio lejos del Meridiano, con la mirada retrospectiva de un grande, de un historiador consecuente que no se olvida de dónde viene. 

A modo anecdótico y casual, la alegría es por partida doble, ya que el bueno de Mauro y yo hemos desarrollado nuestra infancia en el mismo lugar, en los alrededores del Barranco Aguacencio, donde aún tengo mi residencia, un lugar maravilloso de tierras fértiles, pero que nos obliga a dormir en las noches lluviosas con un ojo abierto. Decía el homenajeado en su intervención “de familia de agricultores de Breña Alta, desertor del arado, que cambié por los libros, y quién me iba a decir que terminaría cogiendo el pico y la pala para excavar”. 

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La derrota de la multiculturalidad

La multiculturalidad es un estadio social de enriquecimiento propio y colectivo, y sin embargo, es también el lugar al que tantas veces nos negamos a ir o que tanto rechazamos.

Residimos en un presente en que la diversidad religiosa, política, social, cultural, es mayor en relación a otras épocas, y es también un momento donde las comunicaciones o los accesos mediante la tecnología nos procura un acercamiento en mayor medida a las mismas, y sin embargo, cada vez más, y sobre todo en Europa, la multiculturalidad está siendo derrotada por el fanatismo nacionalista. Ahogados en sus respectivas ideas narcisistas, y con excusas baratas, incluso forjadas por ellos mismos, son múltiples las organizaciones que se asoman a la violencia mientras dignifican su conducta con proclamas sobre que, tanto los refugiados como los inmigrantes o los extranjeros que llegan a sus respectivos países, solo traen asesinatos, muertes, robos, escasez de alimentos. Ese discurso propagandístico que cada vez más alcanza y convence a cientos de ciudadanos, en un presente agitado por tanta turbulencia social, solo es un panfleto barato que deshumaniza a quienes aceptan y quedan seducidos, mientras que desahucia todo enriquecimiento posible a los demás ciudadanos.  

La actualidad no solo muestra parámetros y líneas inquietantes sobre la multiculturalidad, sino que la alarma sobre el desahucio de la misma es un rumor que vuela de un lado a otro.  No son únicamente ciertas organizaciones o grupos o asociaciones quienes  promulgan y ejercen ese fanatismo, existen por otro lado, partidos políticos que defienden y abogan en sus respectivos panfletos electorales la expulsión de todo aquel que no sea originario del país.  Se demoniza y ajusticia a todo el colectivo del ciudadano que, en una u otra manera, haya infringido las normas.  Se sentencia el castigo para todos. 

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Tenemos que salir de la Tierra, insiste Stephen Hawking

Hasta ahora la especie humana ha sorteado las más devastadoras epidemias y persecuciones, guerras de exterminio, hambrunas, inundaciones, volcanes y tsunamis; de todos esos desastres hemos conseguido sobrevivir. El ingenio humano ha logrado tales avances que en ocasiones nos consideramos pequeños dioses: han venido en nuestro auxilio la penicilina y todos los antibióticos, los progresos médicos y farmacológicos, las revoluciones industriales, los aviones, los ordenadores e internet. Sin embargo, hay muchos países donde el hambre y el analfabetismo son endémicos y la esperanza de vida apenas llega a los 40 años; quedan muchas guerras y conflictos mantenidos porque a la industria armamentista le interesa mucho este negocio. Una de cal y otra de arena, una de luz y otra de sombra. Este proceso pendular nos hace ver que aparentemente quedan atrás los episodios atroces de nuestra historia: las guerras de religión, el nazismo, la Inquisición, las cruzadas, el exterminio de las tribus indígenas en América del Norte y del Sur y en Australia, el tráfico de esclavos que duró hasta anteayer, etcétera. Pero ya ideamos un futuro perfecto con robots que nos liberen de las tareas más penosas, y ahora que algunos sueñan con tales avances tecnológicos que incluso se plantean conseguir la inmortalidad, viene algún aguafiestas a recordarnos no solo nuestra debilidad como animales cercados por la vejez, la enfermedad y el exterminio, sino la propia flaqueza del lugar que habitamos en el cosmos.

En los últimos tiempos el británico Stephen Hawking ha vuelto a arremeter contra Donald Trump por la cerrazón de este al no suscribir los pactos internacionales contra el cambio climático, el efecto Trump vendría a acelerar el final trágico que el cosmólogo inglés prevé para el mundo en que vivimos. Ignorante y altivo son dos de los adjetivos –más suaves– que ha utilizado contra el nuevo presidente norteamericano. Hawking, que es una celebridad mundial con sus opiniones contundentes sobre muchas cosas, ha dicho de nuevo que la especie humana no tiene futuro en el planeta Tierra y que habrá que ir a otros espacios para sobrevivir; como hay un exceso de población se origina una sobreexplotación de los recursos, por su proceso natural el sol se extinguirá, disminuirá la gravedad del planeta y la vida será insostenible. Si Trump sigue adelante con sus planes de primar el consumo de petróleo, nuestro lugar acabará convirtiéndose en un desolado Venus con altísimas temperaturas, y eso será antes de lo que estaba previsto. La única salida para la humanidad, insiste, será la colonización de otros planetas ya que la Tierra tiene sus días contados.

Hawking se manifestó desolado tras los resultados del referéndum del Brexit, porque según sus palabras dejar la Unión Europea será un desastre para la ciencia universal, ya que en el mundo actual es preciso que los expertos estén unidos tanto para colaborar en avances como también para protegerse ante peligros que afectan a toda la humanidad. Además, señaló que el Brexit será nocivo para Gran Bretaña, para estudiantes y académicos que provienen de otros países y llegan a universidades británicas, así como también será malo para los propios profesores y alumnos de su país.

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Enterrados en los ojos que un día besó (12)

El padre de Hiperión despertó del dormir de sus sueños cuando volvió a sonar el timbre del teléfono. Despertó con su cara mojada -de Agua Sagrada de Ruanda- sobre los escalados Montes de Venus de su mujer. Ella cogió el teléfono, él fue al baño. Quien llamaba era la directora del instituto pidiéndoles disculpas por no haber podido estar en el mortuorio y el crematorio. Le dijo que  había ido a pasar el fin de año, como siempre hacía, con su familia a un pueblo de la Sierra de Béjar, Salamanca, llamado Candelario, en una casa que les venía prestando la tía de Miguel el de Las Cosas Buenas. Licinia, que es como se llamaba este familiar de Miguel, la había llamado  a primera hora de la mañana por teléfono para decirle lo de Hiperión. La directora había cogido el coche antes del mediodía, y, hacía un par de horas que ya había llegado a su casa en Madrid. La madre de Hiperión le comentó que podía venir a la casa de ellos y luego ir a cenar juntos en La Carmencita.

Mónica se despertó escuchando dentro de sí misma a Hiperión cantando Stephanie tal como lo solía hacer para ella . Se duchó en unos pocos minutos  y fue a la cocina a preparar el café. Recordaba (al mismo ritmo que la cocina y la casa se impregnaban de los olores del café, que ella misma trajo de contrabando, La Flor del Brasil ) cuando atravesó con Hiperión el túnel submarino que une Los Cancajos con la playa de Los Cuarteles. Recordaba que casi se muere ahogada, si no hubiese sido por Hiperión. Recordó cómo se sintieron morir ellos dos cuando un poco más tarde celebraron su primer orgasmo. Se sonrió al pensar en como los franceses llaman al orgasmo: le petite mort, en como ese día casi mueren dos veces, y en como a Hiperión le gustaba esta frase francesa batida  con tres palabras, con tres huevos .

Los olores del café que preparaba Mónica llegaban a la habitación de los padres de Hiperion. No era el café brasileño, que llevaban bastante tiempo sin probar, el único pasajero que iba llegando a aquella habitación de ellos dos. Con los olores de La Flor del Brasil viajaban, en primera clase, los pensamientos de Mónica sobre la petite mort. El padre de Hiperión, cuando salió del baño, una vez que su mujer colgó el teléfono le preguntó  si se acordaba de lo que habían hablado una vez que rompieron ambos su virginidad. Ella lo miró con ternura, lo besó en los labios y la lengua, y le respondió que nunca lo olvidaría. Ellos dos hablaron al mismo tiempo de que no sabían si estaban vivos o muertos. Con lo que eran tres, en aquella casa, los que pensaban, con la sonrisa colgada en la cara, en le petite mort .Quizás, la muerte en realidad sea algo para vivir, no para lo contrario, tal como se nos ha enseñado en nuestra cultura, y el amor, algo para morir un poco, para ir muriendo muy poco a poco.

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