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Apreciaciones en torno a la visita de Clavijo a Los Llanos

Contaba el acto, pues, con la participación de las tres administraciones, local, insular y autonómica, y de los tres partidos trillizos CC-PP-PSOE, cada uno cumpliendo el papel asignado.

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Este miércoles 4 de mayo Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias, visitó la isla de La Palma o, más concretamente, el municipio de Los Llanos de Aridane, en un viaje relámpago, fugaz, pero suficiente para sacarse las pertinentes fotografías, algo de lo que, en definitiva, se trataba. Invitado, por cierto, por un ayuntamiento en manos del PP, cuando Fernando Clavijo gobierna en virtud de un pacto CC-PSOE. Contaba el acto, pues, con la participación de las tres administraciones, local, insular y autonómica, y de los tres partidos trillizos CC-PP-PSOE, cada uno cumpliendo el papel asignado. Aunque el relato no es el modo de expresión en el que mejor me desenvuelvo, sino más bien al contrario, quisiera exponer algunas impresiones surgidas a raíz de lo vivido en esta jornada.

Como no podía ser menos, el acto se inició con una visita al Parque Cultural Islas Canarias pues, a falta de primeras piedras y lugares para inaugurar (ahora que se acercan de nuevo elecciones), lo más sencillo es visitar una infraestructura que debería haberse ya terminado hace tiempo, pero cuyas obras llevan años paralizadas. Así, además, entre que se continúan las obras, se paralizan, y se vuelven a continuar, podemos inaugurar el mismo edificio infinidad de veces. 

Si antaño era frecuente que ante la visita de un personaje ilustre fueran a recibirlo las ‘fuerzas vivas’ de cada localidad, ahora los tiempos han cambiado, ahora nuestros máximos representantes se muestran, en apariencia, más abiertos al diálogo, y organizaron sendas reuniones con los ‘sectores económicos’ de la isla, primero con el empresariado, y en segundo lugar con representantes del sector primario. Se echó en falta, sin embargo, algún encuentro con representantes de los trabajadores y trabajadoras, o de los movimientos sociales; en mi corta andadura en el Cabildo he podido observar de primera mano (pues no lo desconocía) cómo hay una especial connivencia entre la institución y el sector empresarial, el cual, también hay que decirlo, lo presenta un bloque monolítico. 

Con respecto al sector empresarial, el hecho de que toda empresa con menos 250 trabajadores y trabajadoras empleados sea considerada dentro de la categoría Pequeña y Mediana Empresa constituye un gran problema de cara a hablar de los ‘intereses’ de este sector, más cuando en La Palma tan sólo hay dos empresas privadas que salgan de esa categoría de PYME. Evidentemente, una empresa con tres trabajadores o trabajadoras no es lo mismo que una con 200, y llama poderosísimamente la atención que uno de los máximos representantes de Cepyme en La Palma sea nada más y nada menos que Tomás Barreto, sin entrar en más detalles y debates. En el transcurso de la reunión llamó la atención la enorme diferencia entre quienes intervinieron expresando las problemáticas que, a su juicio, tenía la isla (pudiendo yo compartir algunas de esas preocupaciones y apreciaciones), y quienes basaron su intervención en alabar a las autoridades allí presentes y en hacer una defensa encendida de la ley del suelo, con alegatos en favor de la especulación urbanística y de una barra libre a la construcción que, en la práctica, hipotecaría el futuro de nuestra tierra. Como anécdota, la alcaldesa de Los Llanos de Aridane, Noelia García, sin que nadie hubiese traído el tema a debate ni se hubiese expresado en tales términos, declaró que “los empresarios no son explotadores ni delincuentes”, lo que inevitablemente me trajo a la mente aquello de ‘excusatio non petita, accusatio manifesta’, desconociendo si la edil se refería a algún empresario en concreto, estuviera o no allí presente. La rueda de intervenciones culminó con la intervención del presidente de Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, basada en una simple declaración de buenas intenciones, sin ninguna concreción, y tratando de contentar a todo el mundo, aún cuando las opiniones expresadas por algunos intervinientes chocaban con las de otros. 

Si en la primera reunión pudieron observarse posicionamientos diferentes, en la segunda reunión, con representantes del sector primario, la disparidad de opiniones e intereses se hizo más evidente. Es obvio que, sobre todo en sectores como el plátano, no son iguales los intereses del pequeño agricultor que los del grande. Se vio de un modo claro la diferencia entre los grandes, encantados con la labor gubernamental, y los pequeños agricultores que son quienes más dificultades están pasando, en parte, debido a una serie de políticas defendidas por los grandes. Más allá de algunos metadiscursos alabando la ‘voluntad de diálogo del Gobierno de Canarias, otros representantes del sector primario sí pusieron el dedo en la llaga denunciando las consecuencias negativas que tiene el actual diseño del REA, las problemáticas en cuanto a control de plagas en puertos y aeropuertos, la escasez de agua, la problemática que padece el pequeño agricultor platanero, o los discursos huecos sobre potenciación de las medianías que, luego, no se traducen en nada. En cuanto al formato de la reunión, fue prácticamente el mismo, una rueda de intervenciones de representantes del sector, y otra de representantes públicos, culminando con una declaración de intenciones por parte del presidente del Gobierno autonómico, presumiendo de voluntad de diálogo, pero sin ningún contenido concreto. Aunque estábamos invitados a los actos, en ningún momento se nos dio a los grupos políticos sin responsabilidades de gobierno de intervenir, aunque, como ya señalé, el tripartito ya tenía establecido su particular reparto de poderes con el Ayuntamiento para el PP, el Cabildo para el PSOE y el Gobierno de Canarias para CC.

Es obvio que en el escaso margen de tiempo que dio esta visita, pocas posibilidades había para ahondar realmente en las problemáticas diversas que tiene la isla, pero tampoco es menos cierto que, éste tipo de actos, dan la impresión de ser más un acto electoralista, una imagen, una fotografía de cara a la galería, que un ámbito en el que, realmente, se dé solución a los problemas de la isla, pues ellos ya vienen con su particular solución, su receta suicida que es la ley del suelo.

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