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El Delta y la suspensión de clases

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Hace 10 años, en el mediodía del viernes 25 de noviembre de 2005, leí en la portada del Diario de Avisos, que se aproximaba a Canarias una tormenta tropical (puede verse la portada en las hemerotecas). Todo el fin de semana estuve pendiente a través de la web del Centro Nacional de Huracanes de Miami, comprobando que la tormenta tropical venía directa a nosotros, pero el lunes 28 por la mañana se había desplazado hacia el norte, por lo que muy a mi pesar, me monté en mi vehículo y fui a trabajar. Desde que pude me escape, porque la actividad tormentosa iba en aumento, y todos sabemos las consecuencias que tuvo la cola de la tormenta tropical en La Palma y en otras islas del Archipiélago. A pesar de la existencia de información, fueron muchas las personas, incluidos los políticos, que intentaron coger un avión, en lugar de preocuparse por impedir que los niños o los extranjeros se vieran expuestos al temporal, como muchos estábamos preocupados desde el viernes.  

Diez años después parece que el único aprendizaje consolidado de todo aquello es que a la mínima se suspenden las clases. Y quien lea este texto dirá, pero no viste los túneles de Julio Luengo en Las Palmas inundados o no viste el barranco de las Nieves corriendo, o no te das cuenta que toda precaución con nuestros menores, nunca es excesiva, etc.

Ante estos comentarios, comentar: a) Si los centros educativos están mal construidos, que no permiten albergar a nuestros estudiantes, pequeños y grandes en sus instalaciones, entonces la Consejería de Educación a través de personal propio y con la ayuda de los responsables de los centros sabrá determinar aquellos centros que no soporten 100 litros por metro cuadrado, para que estos centros estén cerrados los días que las predicciones así lo aconsejan. Alguno se reirá e indicará que son el 90% de los centros, entonces es que somos maravillosos. b) Si son las infraestructuras de transporte las que no permiten que haya miles de alumnos y alumnas en las calles y carreteras desplazándose hacia los colegios, porque no soportan 100 litros por metro cuadrado en unas horas, pues unido al 90% de los colegios arriba indicado, se infiere rápidamente que somos unos chapuzas en construcción. Y si el comentario es que no se puede construir pensando en la lluvia o en un temporal, mi pregunta es: ¿En qué se piensa entonces cuando se construye, en construir establos para una feria de ganado?

Evitar peligros es necesario, y la prevención nunca está de más, pero ¿por qué se suspendieron las clases el pasado 23 de octubre en Los Llanos de Aridane o en San Cristóbal de La Laguna, cuando en toda la mañana no hubo ni una mínima precipitación ni así lo determinaban los modelos meteorológicos?. Yo no lo entendí, espero que alguien me lo explique. Los modelos no indicaban que en la comarca Oeste de la Isla de La Palma iba a caer el diluvio universal, la Agencia Estatal de Meteorología indicaba riesgo mínimo, y me pregunto, ¿no se puede discriminar por comarcas, la suspensión de las clases? ¿no se puede dar un aviso a las familias a través de los medios, indicando que a las 7:00 (6:30 horas) de la mañana del día de autos, a través de todos esos mismos medios de comunicación, se informará en qué comarcas hay que suspender las clases y en cuáles no, teniendo un mayor tiempo para la toma de decisiones? Obviamente si hay lugares de riesgo que se suspenda la actividad lectiva, pero con la necesidad de formar a nuestra juventud en un mundo globalizado, y por desgracia cada vez más competitivo, ¿no será mejor tomar decisiones de ese calado por comarcas en lugar de establecer soluciones globales para todo el Archipiélago? Yo creo que sí, pero como siempre no aprenderemos la lección.

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