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Enterrado en los ojos que un día besó (21)

Miguel Jiménez Amaro

Amparo se despertó justo en el mismo momento en que Carmencita le traía a Ninnette y Lissette el sexto plato, el penúltimo. Carmencita tenía una fijación con el número siete. Siete son los brazos del candelabro hebreo, siete los días de la semana, siete los pecados capitales, siete eran los siete magníficos, siete platos era el apodo que le pusieron en tiempos bíblicos palmeros a Pepín Siete Platos. En el momento de dejarles los platos, Ninnette y Lissette le dieron a Amparo una pócima de Flores de Bach muy apropiada para estos casos.

Amparo quiso lavarse la cara en un aguamanil que tenía la habitación. Se levantó de la cama diciendo que tenía la sensación de que sus lagrimales estaban inflamados. Sintió con alivio el contacto del agua con su cara. Regresó al sitio de donde se había levantado, la cama, desde donde les dijo a Ninnette y Lissette que había visto en sueños a Fernando en el Hospital, a su padre al lado de él, y a Sor Ácrata entrar por su casa, llena los pasillos de grandes fotografías posters de ella misma, ir hacia el vestíbulo, buscar el traje negro con el que había iniciado a Fernando y plancharlo para en el momento de morir Fernando, que eran todos los pronósticos médicos, ponérselo durante veinticuatro horas y luego quemarlo, como era el proceder en la secta de tantra negro de Sor Ácrata. ¿Qué me habéis dado, porque me encuentro hablando de estas cosas, de esta pesadilla, como si ya no lo fuera? Ninnette y Lissette le explicaron lo que eran las flores de Bach y sus efectos benefactores.

Amparo volvió a levantarse, dirigirse al aguamanil, refrescarse la cara y mirarse en el espejo sus ojos, en donde volvió a ver a Fernando enterrado en ellos. Se acercó a Ninnette y Lissette y les dijo que le mirasen las pupilas. Ellas le comentaron que no se preocupase por ello. “Al morir Hiperión, Sor Ácrata se puso el vestido negro durante veinte y cuatro horas, fue a buscar a Diotima a su casa y le propuso una segunda iniciación; tras ella, Hiperión desaparecería de sus pupilas y Diotima, empezaría a subir escalones en la pirámide tántrica de esta secta negra. Diotima, llena de miedo, aterrada, aceptó. Estas sectas funcionan así, por medio del miedo. Sor Ácrata le dio a Diotima aquella segunda iniciación, y hoy, nadie, solo Sor Ácrata sabe en donde está Diotima. Contigo va a ocurrir lo mismo. Cuando muera Fernando, Sor Ácrata se pondrá el vestido negro, que tu viste en tu sueño como lo planchaba, te vendrá a ver y te propondrá lo mismo que le propuso a Diotima. Será tu decisión, la de si quieres seguir en ese juego o no. Mientras Fernando esté en tus ojos, eres propensa a hacer todo lo que Sor Ácrata quiera. Si sacas a Fernando de tus ojos, en eso te podemos ayudar nosotras y El Chivato Tántrico, Sor Ácrata no se atreverá siquiera a venirte a buscar con el traje negro con el que inició a Fernando, se lo pondrá las veinticuatro horas, lo quemará, tendrá más poder negro, pero no tendrá ningún ascendente sobre ti”

Amparo pensaba en voz alta mirando a Ninnette y Lissette. “Mónica, Diotima, Paloma, yo, siempre pensamos que no debimos de haber dado aquel mal paso. En casi tres meses ha habido, bueno, habrá, tres muertos. A Mónica le salvó el haber ido a La Palma, en donde os encontró. Diotima no se sabe en donde está, lo más probable que en un templo vete tú a saber en dónde. Yo, tengo a Fernando enterrado en mis ojos. Paloma será la siguiente, aparecerá Ernesto enterrado en sus ojos en cualquier momento. Había algo en los ojos de Sor Ácrata que no nos convencía del todo, su vanidad, su espíritu aún adolescente”

Carmencita entró en la habitación a retirar los platos de Ninnette y Lissette. Al ver a Amparo despierta, se acercó a ella, la abrazó y le preguntó si ahora podía comer algo. Le sugirió una sopa de cebollas que le enseñó a hacer un amigo que estuvo un año de bohemia en París. Amparo le entró a aquel plato con auténticas ganas. Cuando Carmencita lo fue a retirar le dijo a Amparo que le acababa de abrir la puerta a una amiga suya, que dice llamarse Paloma, y que estaba preguntado por ella. Ninnette y Lissette la miraron. ¿Paloma? ¿La que nos acabas de comentar, que es pareja de Ernesto? – le preguntaron. Sí, dile por favor, Carmencita, que entre.

Paloma entró. Se acercó a la mesa en donde estaban sentadas Ninnette, Lissette y Amparo. Amparo se levantó, se abrazaron. “Me acabo de enterar de lo que le ocurrió a Fernando. En tu casa me dijeron que estarías aquí y vine lo más deprisa posible a verte. Ernesto está fuera de Madrid, salió con su familia, como todas las navidades, a esquiar. No he podido hablar con él. Estoy preocupada por si le habrá podido pasar algo. Aquí no acaba todo, Amparo, mírame mis pupilas”. Las dos se miraron, una a otra, a las pupilas de cada una. Paloma lloró. Amparo le dio la pócima de flores de Bach. Le hizo señas a Ninnette y Lissette de que la dejasen sola con Paloma.

Ninnette y Lissette se sentaron en la mesa. Carmencita estaba sirviendo el séptimo plato. El último antes del postre. El Charro, después de haber cantado Cuando calienta el sol, le dijo a Maguisa que se sentase al lado de él. No habían parado de hablar. Constantine estaba sorprendido de la comida de Carmencita, que efectivamente estaba como nunca, como el Fundador. La directora del instituto, Mónica, sus padres y la cofradía del porro de hierba, - que habían sido alumnos del instituto-, bromeaban sobre el instituto, decían que solo faltaba que llegase el bedel tocando la campana.

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