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Las palomas no son las 'ratas del aire'

Es erróneo considerar a las palomas como ‘las ratas del aire’. Ni siquiera las que campan con su mal aspecto por nuestras ciudades. Los roedores son sanitariamente mucho más peligrosos, más agresivos y más desagradables.

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Zoonosis es la enfermedad o infección que se da en los animales y que es transmisible al ser humano, en condiciones naturales. La mas tristemente conocida fue la Peste Bubónica (Yersinia pestis) que en el siglo XIV mató a un tercio de la población europea y era trasmitida por las pulgas que portaban las ratas, aunque también otros mamíferos, como los gatos, podrían transmitirla. La animadversión que hoy sentimos por esos roedores (gracias a los cuales, en su papel de laboratorio, se han salvado numerosas vidas) es posiblemente un atavismo, aunque en aquella época hubo quien acusó como causante de esos males a los judíos, iniciándose varios pogromos en diferentes lugares de Europa con las masacres consiguientes. Pero además las ratas transmiten otras enfermedades, como leptospirosis, rabia o infección por Hantavirus, de curso muy grave que pueden provocar el fallecimiento en determinadas ocasiones.

Las palomas también pueden transmitir alguna enfermedad pero su distanciamiento en la escala filogenética hace que estas sean más escasas y, en general, muchísimo menos peligrosas. El Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente en el 2014 publicó un Real Decreto por el que se establece la lista de enfermedades de los animales de declaración obligatoria (zoonóticas y no zoonóticas). En el grupo A1 y B, aparecen 29 enfermedades de animales terrestres y 4 en el grupo A2. De todas ellas solo dos son específicas de las aves, lo cual nos da una idea del peso real que tiene la clase Aves en el riesgo de contagio a humanos.

Por otro lado, las zoonosis transmisibles a humanos implican un contacto con el ave, sus productos o sus heces en cantidades notables. Es decir, que los grupos de riesgo son los criadores, dueños de tiendas, veterinarios o manipuladores de alimentos, estando constituidos estos dos últimos colectivos por personas formadas técnicamente. Citemos algunas de esas enfermedades

Psitacosis (Clamidia psitacossi). Su nombre viene por las psitácidas, familia de los loros y papagayos, que son los principales transmisores. La frecuencia de la transmisión en humanos es baja. Se contagia por ingestión o contaminación de materia fecal. La prevención simplemente involucra medidas higiene. Es conocida como fiebre del loro y los casos están asociados a propietarios de aves, tienda de animales y personal veterinario.

Salmonelosis (Producida por enterobacterias de género Salmonella). Puede ser transmitida por muchos animales incluidos mamíferos como el perro. Se trasmite por la ingesta de comida que tuvo contacto con materia fecal. Una de las vías de contagio más importante es a través del consumo de huevos de granja no debidamente higienizados.

Alveolitis alérgica intrínseca. Hasta 19 agentes pueden producir la enfermedad, desde queso enmohecido, corteza del árbol húmedo, caña de azúcar etc. Incluso el aire acondicionado. Unos de estos agentes son las aves. Se conoce como ‘La enfermedad del cuidador de aves’ (loro, palomas etc.). Es decir, que quienes padecen los riesgos son los que están en contacto intimo con las aves y desde luego no los vecinos de los alrededores.

Pasteurelosis (Pasteurella multocida). Según Haya Fernández y colaboradores, investigadores valencianos (2003), la pasteurelosis raramente se ha descrito como enfermedad pulmonar en humanos. Las infecciones en humanos, según los mismos autores, se producen habitualmente por mordeduras o arañazos de perros y gatos, lo cual es corroborado por diferentes equipos científicos internacionales. R. Soloaga y colaboradores, de Argentina, en el 2008 señalaron una meningitis bacteriémica producida por esa bacteria, en una señora que convivía con siete gatos.

Criptococosis (Criptococus neoformans). Es muy poco probable que se produzca un caso de infección, aún en caso de altas exposiciones, en personas inmunocompetentes. Hace falta estar ante concentraciones de excrementos, lo que implica una considerable falta de limpieza. Inmaculada Morales y colaboradores, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), concluyen que la mera presencia de aves no debe considerarse un riesgo sanitario.

En resumen, la incidencia de enfermedades infecciosas, procedentes de las palomas, es ínfima y en todo caso necesita una exposición muy directa al agente causante, condición que solo se da en el caso de los palomeros.

Para hacer una comparación, hay que decir que los perros transmiten muchas enfermedades de las cuales pueden ser potencialmente peligrosas 9 bacterianas, 4 virales, 4 fúngicas y 7 grupos de parásitos, algunas tan notables como el Ébola, la Leptospirosis, la Rabia o la Campilobacteriosis, sin contar las transmitidas por pulgas o garrapatas (Borrelia burdorgferi), amén de las complicaciones de una posible mordida. En gatos podríamos hacer una relación parecida, destacando la enfermedad del arañazo y la Toxoplasmosis, especialmente peligrosa para las mujeres embarazadas. Y no se menciona nada de los animales de abasto no sea que alguien especialmente aprensivo deje de consumir productos de origen animal, sin que exista razón para ello.

Llegado a este punto hay que decir que los animales que hoy en día están bajo el control del ser humano y que siguen la normativa higiénico-sanitaria, no representan riesgos significativos para la salud. Me consta que los servicios de Agricultura y Sanidad cuentan con profesionales competentes y medios de laboratorios adecuados. Además, la Facultad de Veterinaria de la ULPGC es un valor añadido que incrementa nuestra seguridad.

Volviendo a las palomas, se debe señalarla notable diferencia entre las asilvestradas, que pululan por nuestras urbes, y las aves de competición que en Canarias son en su mayoría las conocidas como palomas mensajeras. A veces nos encontramos a las primeras en las calles o en las plazas y da pena de verlas. Son animales que van llenado de excrementos nuestros entornos y, desgraciadamente, se tienden a identificar con cualquier tipo de paloma.

Sin embargo, las palomas de competición, ‘race pigeons’, tienen que estar, imprescindiblemente, en las mejores condiciones higiénico-sanitarias. En caso contrario no son competitivas. Estas medidas se deben extremar en los colombódromos (palomares donde las palomas, de diferentes propietarios, compiten en las mismas condiciones), dado el carácter heterogéneo de los pichones que allí se mantienen. Los cuidadores dedican muchas horas a la profilaxis y a la limpieza, toda vez que esos animales son realmente atletas sometidos a un entrenamiento y alimentación especial. Por otro lado, en ese tipo de palomas el tiempo que se pasa en el suelo es consumido íntegramente en su palomar: salen de él, vuelan un periodo determinado y regresan a sus instalaciones. Esto se debe a que los animales en competición deben entrar de inmediato   a su habitáculo para ser comprobados. Si algún vecino se encuentra con excrementos de aves en su azotea, o en la calle junto a sus puertas, puede estar seguro que estos proceden de tórtolas o palomas sin control.

Así pues, es erróneo considerar a las palomas como ‘las ratas del aire’. Ni siquiera las que campan con su mal aspecto por nuestras ciudades. Los roedores son sanitariamente mucho más peligrosos, más agresivos y más desagradables. Se debe intentar erradicar las palomas sin control, por el daño que hacen en lugares históricos, entre otros. Un buen sistema de esterilización quizás sea la vía adecuada. Las palomas mensajeras son exactamente lo contrario. Incentivan la actividad económica (piensos, medicamentos, materiales etc.) y representan una actividad lúdica, practicable a todas las edades sin necesidad de salir de tu casa.

 

*Artículo publicado en el número 30 de la revista Agropalca.

 

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