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Parole, parole (palabras, palabras…)

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Comenzó la campaña electoral. A las cero horas de este viernes 8 de mayo tuvo lugar el pistoletazo de salida, aunque la práctica totalidad de los partidos anticipó sus carteles a los medios de comunicación (una licencia que cada vez se prodiga más). Estamos por tanto en vísperas del principal lance del juego democrático, ese que dará paso al recuento de votos, directos y secretos. Pero antes… Antes, como dice la popular composición de Gianni Ferrio, Leo Chiosso y Giancarlo Del Re, originalmente cantada por Mina Mazzini y  Alberto Lupo, es tiempo de palabras. Es lógico. Los políticos comprometidos en la búsqueda apasionada de horizontes para una isla que se arrastra roída por la pereza y la fatiga, necesitan de palabras entusiastas que animen a unos electores hastiados. En campaña, los políticos tienen muchas cosas que explicar, los votantes muchas interpretaciones que hacer y muchas conclusiones a las que llegar, respetando todas las opciones. No veamos la convocatoria electoral como un problema. Y si lo fuera, en medio de tantas dudas, se trataría de un problema de conciencias y de urnas en el que el pueblo tendría la última palabra y, en democracia, debería ser vencedor.

Creyentes o no, seamos respetuosos ante las promesas, el ofrecimiento y el compromiso, y, si es preciso, entremos en el debate porque el silencio no ayuda a la madurez de un pueblo como el nuestro. Es preciso el conocimiento e imprescindible la verdad. Esperamos que todos los partidos concurran a estos comicios sin renunciar a nada fundamental, pero bajo el firme propósito de archivar las fobias y los rencores que con tanta frecuencia aparecen en este tipo de campañas; el oscuro sentimiento de las aversiones personales convertidas en aversiones políticas que en nada ayudan a solidificar los contrafuertes de una sociedad tolerante como la nuestra. Si la hostilidad y el desafecto se repitieran, quienes abogamos por el diálogo nos sentiríamos confusos y entristecidos, pues el don de la palabra ha de servir con naturalidad para explicar, comprender y entender. Ese y no otro ha de ser el objetivo de políticos y electores.

Días atrás leíamos unas declaraciones de María de Haro, candidata de los populares al Cabildo. En ellas aseguraba que su partido “pondrá especial atención en oír y ser oído”, por lo que “no sólo se incentivarán foros de intercambio de opiniones sobre cultura,  educación,  sanidad,  medio ambiente, sectores económicos, servicios sociales y, en definitiva, todos los asuntos de interés de la Isla, en los que se invitará a participar a colectivos y personas de cada uno de los  diferentes ámbitos que puedan contribuir a la mejora de vida en la isla”. Si no se queda en meras palabras el discurso es bueno, pero estoy seguro que el resto de los candidatos lo suscribirían igualmente.

Es natural que ante unas elecciones y ante el panorama que presenta esta tierra, los candidatos deseen y apuesten por un desarrollo de todos los sectores, lo contrario feo estaría. Sin embargo, los políticos han de saber que no bastan las palabras. Han de tener en cuenta que cada vez es mayor el número de gente que se niega a avanzar a ciegas, sin conocer los costes sociales, ecológicos y humanos de los respectivos programas. Es necesario, por tanto, insistir en los debates abiertos a la sociedad, poniendo sobre la mesa todas las alternativas posibles. A eso, se le llama democracia. Gracias a ella, los palmeros que en la controversia tenemos por costumbre hacer la guerra entre nosotros mismos, procuraremos entendernos sin sacrificar a los demás en aras de nuestro propio egoísmo. Esa es la única manera de superar miserias, alcanzar un futuro mejor y vivir en armonía. Porque como dijo Sócrates –y tenía razón – “lo importante no es vivir simplemente, sino vivir bien”. Y es lo que buscamos.

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