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Ratitos

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Sostener de manera laudable y plausible ratitos en esos particulares proyectos de vida de los ciudadanos, es lo que en mayor medida y principalidad ineludible, debería promover la sociedad en la que residimos, y en ello, componer cientos de sonidos que acompasen valores y fragüen barreras y muros a la desidia, a la envidia, al desorden económico, al egoísmo, a la entonación grandilocuente del narcisismo, al proceder y la actitud cada vez más frecuente de la presunción, al castigo irreparable de aquellos sujetos que, culpables o no, lo son por proceder de los estatus más bajos, a la invulnerabilidad prorrogada de todo individuo amparado y asentado en los púlpitos del Poder, por proceder de los estatus más elevados, al conformismo inaguantable.

Nada de eso es, sin embargo, como debiera ser, nada reprochable por ello a quien bastante tiene con extraer de la nada un trozo de pan que poner sobre la mesa, y estrujar toda posibilidad con que ofrecer una educación aceptable a sus hijos. Nada reprochable por mantener todas las miradas en un horizonte de incertidumbre, dolor y necesidad, de supervivencia, de entablar codo con codo 12 horas al día, de sueldos míseros hipotecados y devastados antes de alcanzar el día 30 de cada mes, de puños aguerridos y apretados bajo la cabeza inclinada porque quien paga otorga y mantiene, y es que de valores y valentías y credos heroicos y banderas enarboladas con revoluciones sociales no se calman los estómagos de los seres queridos, nada reprochable para quien brega en el esfuerzo de la lucha para poder sobrevivir.

Sobre la mesa, también, los puñetazos de hombres y mujeres que golpean con el esfuerzo y el hastío de quien el cansancio le ha llevado a no aguantar más, a no continuar componiendo obritas para otros, a no desangrar más este pequeño ratito que es la vida, a no diferir en el tiempo ni en el espacio en medida ninguna los rostros con las insufribles y demacradas lágrimas, que en todo caso, debieran contener sonrisas bonitas e inacabables. Nada reprochable por ello, en nada cuestionable su conducta. Y en las innumerables calles los ensordecedores gritos, las banderas y pancartas que exigen que esto no debe proseguir en la pauta y característica que lo envuelve y lo distorsiona todo. Morir si hace falta morir, luchar y aceptar sentencias de días o semanas o meses en la cárcel si de eso se trata, si eso es lo necesario.

Nada reprochable a unos y otros, conductas y actitudes, corrientes y cauces que dirimen su dirección en una prioridad irrefutable y necesaria: sostener de manera laudable y plausible ratitos en estos particulares proyectos de vida, del que no somos, en ningún caso, totalmente dueños y organizadores. Nada reprochable por el sendero tomado, por el ejercicio realizado, por quijotescas proposiciones, por aventuras ideadas y naufragadas desde el primer instante, nada, todo sea por los ratitos cotizados, por los saciados, por la necesidad de los que vendrán, de los que aún no han llegado, por la venganza y el atraco a quién anteriormente incautó dichos ratitos, y en todo caso, ¡quién roba a un ladrón…! Nada reprochable a nadie, a ninguno, a ninguno que sostenga los ratitos como vida, como inexorable proyecto, como exquisita adrenalina o sustancia que ennoblezca toda posibilidad, y es que, en manera alguna, poder alguno, de izquierdas, o de derechas, o Podemos, o nacionalismo posible, o los otros, partidos de segunda división, nos proporcionaran ratito alguno, más si nosotros no lo robamos. Tampoco incluso, y en muchos casos, ciudadanos que constituyen y conforman la desidia, el egoísmo, el narcisismo, la delincuencia moral, la envidia, la palabra mal sana del cotilleo, que no traerá ratitos laudables y plausible, reconfortantes, en todo caso, calamitosos y vomitivos.

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