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S.O.S. La Palma se desangra

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S.O.S. La Palma se desangra. Este podría ser el titular de portada de un periódico sensacionalista. Sin amarillismo fácil, y yendo al fondo de la cuestión, quería aludir a la inquietante realidad que puede dañar seriamente el presente y el futuro de esta Isla. Me estoy refiriendo a la cantidad de jóvenes que, con un alto grado de formación universitaria, comprueban con irritación e impotente rabia cómo en La Palma se les cierran las puertas de ingreso en el mercado laboral. Másteres, idiomas, magníficos currículos, ilusión, años de sacrificio, esfuerzo y ganas de devolver con creces a su Isla lo que les ha dado, se ven laminados y obstaculizados por una situación económica de parálisis, draconianos recortes presupuestarios, miedos y desconfianza crediticia e inversora.

Continuamente, los opinadores sobre el todo nos bombardean con los eslóganes apropiados para el mantenimiento del orden. Y dicen: "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", "tenemos los políticos que nos merecemos", "según están las cosas, gracias que tenemos trabajo". Pero no; no he vivido por encima de mis posibilidades, señores, he vivido de acuerdo con las normas que han regulado la vida social y económica de la parte del mundo en la que he tenido la fortuna de nacer, que ustedes, me han impuesto, pero no por encima, desde luego, de mis posibilidades. Si me he hipotecado es porque la vivienda no es un derecho de todos los ciudadanos, sino un gran negocio para las entidades bancarias y los individuos sin escrúpulos. Si sufro a estos políticos es porque he votado creyendo lo que me prometían; aunque también es cierto que, no he votado a los corruptos que con demasiada frecuencia salpican el conjunto de los de su clase, ni a los incompetentes, mentirosos y mezquinos que tanto abundan en ella. Soy un joven trabajador y no un esclavo... y tener trabajo no es una fortuna, sino un derecho que incluye la dignidad del mismo, un salario justo y unas obligaciones conformes a lo retribuido.

No es suficiente con indignarse, tenemos que empezar a actuar. La situación que han provocado nos deja pocas alternativas. La salida individual pasa, en muchos casos, por abandonar el país. Sin embargo, dado que se trata de un problema colectivo, la verdadera solución sólo puede pasar por rebelarse, organizarse y empezar a revertir la situación. Contra los recortes, movilización. Contra la precariedad, auto-organización. Contra el paro, economía social. Los de abajo somos más. Unidos y organizados podemos resistir y construir la alternativa.

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