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Teresa Correa, ’La Pompeyana’

Mi hermana  ‘La Pompeyana’ vive ahora en Gran Canaria, con el nombre de Teresa Correa, es fotógrafa y antropóloga.

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Queridos amigos míos: 

Por el tiempo de la Navidad de hace mucho, muchísimo tiempo, entraron, bordeando la noche,  en este también humilde ‘portal’, ‘Las Cosas Buenas de Miguel’, tres Reyes de Oriente, Teresa, Valeriano y ‘La Tita’. Con ellos venían dos príncipes, niños, que uno ya es un hombre, Lucho, y Ada, que está entrando en la adolescencia. Lucho nació en México, y Ada en La China. Al poner los pies en Las Cosas Buenas la luz creció, esto es algo que ocurre por donde quiera que estos Reyes Magos vayan. Venían guiados por una estrella, ‘La Estrella Llopart’, a comprar ‘Gran Reserva Leopardi Brut Nature de Cava Llopart’. Aquella tarde noche no nació Jesús- Jesús nace todos los días en mi corazón-, pero sí para mí algo tan importante como él, nació el volver a ver a mi hermana ‘La Pompeyana’. Lo último que recuerdo de ella es estar, en la calle, en frente de nuestra casa, jugando, antes del volcán sepultar la ciudad. Después del volcán, un desierto de olvido en la memoria, hasta el día del que os estoy hablando. 

Mi hermana  ‘La Pompeyana’ vive ahora en Gran Canaria, con el nombre de Teresa Correa, es fotógrafa y antropóloga. Cambió Pompeya por Gran Canaria, como yo la cambié por La Palma, y por el nombre de ‘Las Cosas Buenas de Miguel’. Y aquellos dos niños, hermanos,  que se encontraban  jugando en su  calle de Pompeya cuando llegó el volcán, se vinieron a encontrar, guiados por ‘La Estrella Llopart,’ en ‘Las Cosas Buenas de Miguel’. La ‘Memoria Universal’ no se olvida de nada. ¡No padece de Alzheimer!, ¡Lo recuerda todo! Por eso, cuando la vi entrar por primera vez en Las Cosas Buenas de Miguel, aquella tarde orillando la noche,  exclamé: ”¡Mi hermana de Pompeya!”. 

Teresa Correa y yo en Las Cosas Buenas de Miguel.

Teresa Correa y yo en Las Cosas Buenas de Miguel.

Mi hermana,  ’La Pompeyana”, vino a La Palma en el 2001 por una casualidad, de esa casualidad van a surgir, están surgiendo, películas, cuentos y libros. Le habían hecho un encargo para que hiciese una foto de un desierto, o valle,  en  Siria, del que no recuerdo su nombre. Pero que por los atentados de las Torres Gemelas en el 2011, tuvo que aplazar ese viaje. Entonces decidió hacer un viaje a El Hierro, que no conocía. La profesora de su hijo Lucho le dijo que por qué no hacía  ese viaje a La Palma, que ella tenía un terreno en San Andrés, y que  se lo podía vender, si querían hacerse una casa. Lo hicieron, el viaje, viniendo primero a La Palma, pero no tocaron El Hierro, se plantaron en La Palma, recorrieron la Isla, y llegaron por fortunio a  San Andrés. Allí compraron una casa, el nido de amor de los Wilcox, él de Chelsea, ella de Hungría, que se habían amado contra el mundo entero en aquellas paredes -esos son los amores que mejor se escriben- y que estaban vendiendo la casa, pero que no querían vendérsela a nadie, sino a ellos, a Teresa y a Valeriano, porque eran quienes únicamente podían  tomar el testigo de su amor, y que los estaban esperando. Es decir, los Wilcox estaban ansiando a Teresa y Valeriano para venderles su nido de amor, tanto como Teresa y Valeriano estaban deseando comprarlo. 

Mi hermana, ‘La Pompeyana’, antes de ayer, entró por  la puerta para adentro de ‘Las Cosas Buenas de Miguel’. Yo, sin saber que estaba en la Isla, me daba la impresión de que la estaba esperando, pues estaba en postura de eso, sentado, apalancado y mirando absorto hacia la calle. Me preguntó: “¿Sabes quién soy?”. Aunque el claroscuro a veces me impide reconocer al que entra, le respondí: “Claro que sí, mi hermana ‘La Pompeyana’. 

Ahora mismo es viernes, veinte y nueve de abril. El trabajo en Las Cosas Buenas de Miguel me ha impedido acabar este escrito antes de lo que  pretendía, porque he tenido un día en el que no he parado. Me han querido comprar la tienda entera varias veces, hasta con las paredes, y yo me resisto. Antes de que me sigan viniendo clientes y pretendientes, quiero transmitirles lo que iba a hacer. Mi hermana, Teresa Correa, ‘La Pompeyana ‘, inaugura esta tarde de viernes una exposición en el Palacio Salazar, a las 19.00 horas. La exposición esta bautizada con el nombre de ‘Al hilo de la memoria’. Con esta exposición, mi hermana  Teresa, ‘La Pompeyana’, quiere agradecerle a La Palma todo lo que La Palma le ha dado, que es mucho, según ella. La exposición se basa en parte de todo lo que los Museos Arqueológicos de Canarias guardan en sus sótanos, almacenes, buhardillas y trasteros; a lo que no llegan nuestros ojos, pero a lo que sí llegaron sus cámaras de fotografía, las de ‘La Pompeyana’, sus ojos ocultos, invisibles, que tanto aman y que tanto descubren. 

Hace unas horas me vino  un ciego a venderme los ‘Veinte Iguales’, que me preguntó: ¿Qué luz es la que mas ilumina? Yo le respondí que la de las fotos de mi hermana ‘La Pompeyana’. El ciego me respondió que iba a salir corriendo a su casa a ducharse y cambiarse de ropa, para  estar en el Palacio de Salazar a las 19.00 horas en punto, con el deseo de recuperar la vista. Yo le dije que  quizás la de fuera no, pero que la de dentro se le agrandaría. El ciego me dijo que me dejaba  de regalo un número premiado; yo le respondí: “¡Que a ver! ¡Que el  mejor regalo era la vista, y sobre todo, el de llevar ‘El Ojo de Dios’ contigo, ‘Ver’. Pero que no me vendría mal un poco de papel sucio, guarro, de dinero!” 

Abrazos por El Lado del Corazón. Salud y Alegría Interior. 

Las Cosas Buenas de Miguel

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