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Lo importante antes que lo urgente

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¿Por qué frente al derrumbamiento de las instituciones públicas la sociedad civil no actúa? Pues por la ingeniería social basada en indefensión aprendida y estrechamiento fundamentalista de la conciencia. Domesticación. Ver, por ejemplo, Erich Fromm o Naomi Klein.

Las mismas corporaciones que han creado el problema, ahora nos venden la solución. Y compramos. (A mí, antes, cuando me estafaban alguna vez no volvía por ese negocio. Ahora creo que no me queda más remedio. Es lo menos malo, ¿no?).

Las corporaciones financieras atacan y derrumban lo público, lo social, lo único que puede garantizar, si se lo propone conscientemente, la dignidad individual de las personas. Y los representantes públicos en lugar de defender a la ciudadanía adoptan las fórmulas que vienen de los atacantes. La ciudadanía, desafecta de sus propias instituciones, asume resignada las dos cucharadas de jarabe de palo. Incluso las organizaciones más críticas con la situación caen en la trampa del argumento económico. Pero la economía no es sino una parte de lo que sustenta a una sociedad. El capitalismo ha disipado de nuestra conciencia todo lo que no sea valor monetario.

No estamos en crisis económica, estamos en crisis política. Recursos hay, el problema es el reparto. Como suele decirse, el árbol no nos deja ver el bosque. Entre otras cosas, porque al que mira de reojo a lo que tiene más allá de sus narices se le diagnostica enseguida estrabismo e incapacidad mental. Estamos al borde del estado de depresión crónica y no nos defendemos. Por qué.

La prensa, por ejemplo, que cumplió en su comienzo la función social de formar conciencia ciudadana, ha sido secuestrada por grandes y pequeños capitalistas. Su forma de comentar lo cotidiano ha sido infiltrada con la lógica de la religión del dinero, con su exaltación sensacionalista, su indignación, su morbo, su santoral, su liturgia y todo lo que una buena religión implica. A base de insistir, nuestra mirada se ha vuelto igualmente obtusa. Lo que no se usa se atrofia. Ojos que no ven corazón que no siente. Y, una Mentira repetida un millón de veces se convierte en Verdad con eme mayúscula.

El corpus litúrgico se compone en un decorado y una dramaturgia basados en el sincretismo tradicionalista, pero con andamios y luces de última tecnología. La industria cultural?

Atender a la urgencia economicista nos aleja de resolver las causas del estado permanente de crisis. Así desatendemos lo importante, eternamente pospuesto: construir la sociedad humana sustentable que permita el desarrollo libre e integral de todas las personas. Labor tan compleja en tiempos y detalles que agobia, que hace sentir impotencia a la mirada obtusa. Huir hacia delante?

Ninguna de las instituciones en las que se sustenta esta sociedad de propietarios, fabricantes, mercaderes y proletarios es democrática; la social democracia burguesa, con tal de no perder su estatus, ha hecho prevalecer con sus leyes a las instituciones medievales de la aristocracia y la iglesia, en lugar de ser consecuente con el discurso con el que regala la oreja y estafa a la ciudadanía. Ni la familia, ni la educación, ni el trabajo, ni los servicios sociales, ni el culto religioso, ni el sindicato, ni el amor, ni el partido político, ni los procedimientos administrativos, ni la banda de música, ni las fuerzas de seguridad del Estado, ni el equipo deportivo, ni la justicia?, y sobre todo el mercado, de quien es propia la astucia, la seducción y la picardía, esa jungla hobbesiana donde se da rienda suelta al "natural" darwinismo social con casi unánime consentimiento? Ninguna nos facilita la vida sin una contrapartida injusta por medio. Entre el clientelismo y el favoritismo, ninguna es democrática. Entonces ¿Cómo vamos a defender lo que no conocemos?

En fin, no hay recetas, pero sí ideas guía, métodos de entendimiento y acción. Herramientas con las que trabajar cada realidad concreta. Proceso. Tres son multitud. Quienes creamos que la humanidad, como proyecto social, da sentido a la vida más allá del sálvese quien pueda y más acá de la unión cósmica, tenemos que sacar la cabeza del agujero de la urgencia, huir de la mediocridad en la que nos encierra el miedo o la avaricia, juntarnos según afinidades, y con paciencia, respeto, honestidad y eficacia, enfrentarnos a lo que nos deshumaniza, formar nuevas instituciones sociales al servicio de la vida y no de la muerte en vida.

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