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La sensación ciudadana

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Sobrevuelan lógicas y lícitas las enredadas dudas, los inquebrantables demonios y las reptiles suspicacias, en el presente reflexivo y en la conversación cotidiana de los ciudadanos, y en los que, aseveran y aseguran, que el hedor y las abrasivas y la desalmada corrupción con que afrontan y son acusados personas y personajes de diferentes estamentos gubernamentales, son producto de un sistema político y económico agrietado por todos lados.

La sensación ciudadana aparte de clamar y denostar razonablemente el hastío por el actual sistema, y de repartir culpabilidad a unos y otros dentro y fuera del gobierno como cómplices directos e indirectos, sea verdad o no, alberga la percepción cada vez más cotidiana de que este rosario infame de corrupción y dinero bajo las mesas y sobre ellas en despachos cerrados, en este desarraigo clientelar que prosigue residiendo en nuestra sociedad económica y empresarial, no es una ave migratoria que ha llegado por poco tiempo, soltado la mierda, y en una u otra manera, en pocos días, regresará por donde ha llegado o partirá hacia otros lugares. Nada. Lo que parece es que ha llegado para quedarse, y no solo porque, poco a poco, está aflorando a la superficie las cloacas dinerarias que surtían los bolsillos de muchos otros representantes de la ciudadanía en épocas pasadas, sino por la percepción de que una vez anclados en los sillones de dichos púlpitos, los próximos y futuros representantes acabarán en uno u otro modo bañados en el mismo charco de inmundicia y acopio impropio.

El caso ‘Monedero’, lejos de lo que la realidad o las noticias traigan en las próximas semanas y meses sobre ello, o posibles discursos sobre difamaciones y persecuciones de los otros partidos para minorar el camino sorpresivo y huracanado de Podemos hacia las elecciones generales, actualmente, en nada calma esa percepción, al contrario, la colma de más hastío y desconfianza del ciudadano.

Ningún sistema social y económico funciona de forma laudable y correcta si quienes confluyen y se hallan integrados en él, todos sus miembros, no albergan o muestran una palpable y mínima creencia de que puede funcionar.   Pero este crédito es imposible que emerja y se asiente sereno y fornido desde la ciudadanía, si quienes los representan toman a menosprecio y en desconsideración la confianza de estos mostrada con su voto en las urnas, o denostada y vilipendiada por sus conductas delictivas y de acopio monetario de forma ilegal, bien por excusar o tapar el delito de compañeros, o por intentar lamentablemente salvar el culo con mentiras y enredos irrisorios ante el pueblo, y en eso parece los tres partidos principales de este país trascurren por símil vereda tras el caso ‘Monedero’.

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