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A título personal

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Los electores de La Palma, en los comicios locales e insulares de mayo de 2011, dibujaron en la Isla un mapa político complejo. Coalición Canaria, pese a ser la fuerza más votada, perdió el poder en todos los ayuntamientos donde no cosechó las papeletas suficientes para, con mayoría absoluta, formar gobierno monocolor. De gestionar 10 de los 14 consistorios de La Palma, pasó a dirigir únicamente dos: Fuencaliente y Mazo. Menos en San Andrés y Sauces y Puntagorda, donde los socialistas consiguieron un respaldo holgado para dirigir en solitario estas corporaciones, en el resto, sin contar Garafía (donde se asociaron con PG ), PP y PSOE se matrimoniaron y, además de laminar la hegemonía que, durante años, disfrutaron los nacionalistas en la esfera municipal, desde entonces, comparten el mando en Santa Cruz de La Palma, Barlovento, Breña Alta, Breña Baja, El Paso, Los Llanos de Aridane, Puntallana, Tazacorte y Tijarafe.

La vida política, con sus tiras y aflojas, en la Isla, a pesar del reseñado vuelco sustentado en alianzas contra natura, hasta ahora, ha transcurrido con calma relativa y estabilidad aparente, si bien los insularistas palmeros, sobre todo tras el pacto CC-PSOE suscrito a nivel regional, nunca han renunciado por completo a ocupar, más pronto que tarde, las parcelas de poder que, esgrimen cada vez que tienen la oportunidad, les corresponden en base al apoyo que lograron en las urnas.

Tal reivindicación se recrudecerá si, en el quinto congreso insular de los nacionalistas, los 600 compromisarios avalan la estrategia que, en este sentido, defiende Antonio Castro, líder histórico y emblemático de CC en La Palma. Aunque ha matizado que la manifestación la hacía a título personal, Castro, al efecto, ha dejado meridianamente clara su postura de cara a los próximos tiempos que se avecinan: "La nueva ejecutiva insular que salga en CC estará obligada a revisar los pactos".

Toda una declaración de intenciones de un dirigente carismático y con vasta experiencia que, además de saber jugar bien sus bazas, en el seno de la formación nacionalista palmera, tiene pocos que le rechisten. No obstante, según comentaba tímidamente un insularista, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. La Isla, argumenta, en estos momentos, no está para muchas mociones de censura ya que, las mismas, a menudo, ni se sabe cómo empiezan ni, sobre todo, la convulsión que puede provocar su onda expansiva.

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