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La momia del barranco del Espigón es un un varón de más de 35 años de alto rango

El trabajo elaborado por el doctor en Arqueología Jorge Pais, la arqueóloga Nuria Álvarez y el odontólogo Antonio Moreno sobre los aborígenes de este enclave de Puntallana se acaba de publicar en las actas del XI Coloquio de Historia Canario-Americana.

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En la imagen, cráneo y parte superior de la momia de El Espigón. Foto: JORGE PAIS.

En la imagen, cráneo y parte superior de la momia de El Espigón. Foto: JORGE PAIS.

En el año 2014 el doctor en Arqueología Jorge Pais Pais, la arqueóloga Nuria Álvarez Rodríguez y el odontólogo Antonio Moreno González participaron en el XI Coloquio de Historia Canario-Americana, celebrado en la Casa Colón de Las Palmas de Gran Canaria, con un artículo titulado Vida y muerte de los aborígenes en el Barranco del Espigón (Puntallana. La Palma). Este trabajo acaba de salir publicado en las actas de este evento cultural.

Los autores de esta investigación explican que “esta zona ocupa un lugar sobresaliente dentro de la etapa prehispánica palmera debido al hallazgo de una importante necrópolis en la que aparecieron restos humanos momificados tras la excavación arqueológica de los años 70, siendo estos los únicos de estas características que hoy en día se conoce su procedencia exacta”. El artículo intenta hacer un breve recorrido sobre las formas de vida de los benahoaritas así como dar información acerca del contenido de la necrópolis formada, principalmente, por restos humanos.

En el barranco del Espigón, además del enclave funerario, precisan, “nos podemos encontrar con varias cuevas de habitación donde los moradores de este poblado tendrían bien cubiertos el suministro de cuatro de sus alimentos esenciales: la carne, la leche, el pascado y el marisco por la cercanía tanto del mar como de la cumbre”. “También están presentes las creencias mágico-religiosas a través de una serie de cazoletas, de diferentes formas y tamaños, cúpulas y canalillos verticales, un gran canalón central, un petroglifo cruciforme, una pequeña covacha artificial que nos habla de un posible almogarén muy similar a los encontrados en el barranco de Izcagua (Puntagorda) o en el de Fagundo (Garafía)”.

Mandíbula de niño de la necrópolis del Espigón. Foto: JORGE PAIS.

Mandíbula de niño de la necrópolis del Espigón. Foto: JORGE PAIS.

En relación al estudio bioantropológico, los restos óseos humanos descubiertos en el interior del enclave funerario “nos hablan de la presencia de al menos 15 individuos determinados a partir de los fémures, húmeros y tibias derechas. Están representados todos los rangos de edad, desde infantiles hasta adultos seniles. Debido a que los restos esqueletizados se excavaron sin individualizar solo se pudo establecer el sexo a través de 10 coxales estableciendo que cinco pertenecieron a individuos masculinos y los otros cinco a individuos femeninos. Si usamos para sexar las nueve mandíbulas existentes podríamos decir que tres pertenecieron a mujeres, cinco a hombres y la novena a un individuo infantil, hecho muy importante ya que para la isla de La Palma se conocen pocos ejemplos de subadultos”, recalcan.

Respecto a las patologías de los restos esqueletizados, son las enfermedades vertebrales y bucales las mayor representadas. “En el primer caso se vinculan con procesos degenerativos como la artrosis que se centran principalmente en las cervicales y las dorsales. En el segundo caso, la muestra está compuesta por 53 piezas dentarias adultas y sueltas formadas por catorce premolares, diez molares, cinco caninos y diecinueve incisivos. Existen también un canino y tres incisivos deciduos que basándonos en el conocido esquema de Schour y Massler, podemos estimar la edad de la muerte en 4 años (+- un año). Aparecen además nueve molares con un grado avanzado de desgaste, doce piezas con hipoplasia y cinco con sarro”.

En relación a la momia, “podemos decir que se trata de un individuo masculino a partir de su cráneo pero de aspecto muy grácil de más de 35 años según su dentición. El cráneo presenta pequeños golpes así como una posible fractura en el tabique nasal. Salvo un proceso de alteración ósea de naturaleza quística de origen dentario a nivel de la tuberosidad del maxilar superior derecho y de destrucción de algunos dientes por un gran grado de atrición, no se aprecia otro tipo de patología en esta zona anatómica”, detallan.

Junto a la momia, aparecieron las extremidades inferiores de otros restos momificados adultos que destacan por “presentar una aparente fractura sin fusionar en uno de sus fémures. Este hecho demostraría que no sería el único individuo que habría sufrido un proceso de momificación natural o antrópica. El estudio de este material se muestra complejo ya que presenta una atmósfera protectora que impide su análisis en profundidad”.

Estos restos momificados “nos hablan, indirectamente, de la existencia de algún tipo de diferenciación social entre los individuos que fueron depositados en esta cavidad funeraria, puesto que sólo dos de ellos, posiblemente los de mayor rango, fueron sometidos a un proceso de momificación tendente a conservar el cuerpo el mayor tiempo posible. El resto de los cuerpos, hasta un total de 13, fueron colocados sin ningún tipo de tratamiento especial”, concluyen.

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