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Marcados con fuego, nieve y protocolos

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Si había algo que le sacara de quicio era escuchar la cantinela de “a mí no me toca”. Ella era quien se ocupaba de las tareas del hogar, lo que denominábamos entonces, en los documentos con casillas, ‘sus labores’; también las nuestras. Por la tarde-noche teníamos asignados unos trabajillos en casa: fregar los cacharros de la cena, sacar la basura y limpiar los zapatos (todo un ritual éste que se realizaba sentado, con trapo, caja, Servus y cepillo-saca brillo; ahora te lo haces de pie,  con una esponja milagrosa, las botas ya puestas y hasta el bolso colgado para salir pitando). Pues bien, ésas eran las tareas asignadas a mis hermanos y a mí, y en el calendario de la cocina las llevábamos anotadas escrupulosamente. Si un día nos demorábamos y sonaba eso de “están los platos en la pila”, sin demora se oía por el pasillo un “a mí no me toca”.

Tal fue la repercusión de la frase, que hasta la han hecho suya los bomberos de León quienes, por otra parte, no hacen más que cumplir órdenes, cruzadas, contracruzadas, dispersas y amontonadas de Ayuntamiento, Diputación y Junta. No son órdenes, perdón, son desórdenes.

Y mientras los vecinos de la provincia escuchan desde esas instituciones que “estas competencias no me corresponden” (o sea, a mí no me toca) y “yo no voy a pagarlos”, ven arder sus  casas desde la puta calle fría.

Los ‘trabajadores del fuego’ no tienen  la culpa, es simplemente su manera de denunciar la situación del servicio y de reclamar el pago de la compensación que recibían de la Diputación al cruzar los límites de la capital. Bien es verdad que han prometido extralimitarse y acudir de inmediato a cualquier sitio donde las llamas amenacen a las personas.

Pero esta declaración de intenciones se queda muchas veces en propósitos fallidos porque ha de seguir los pasos embarrados de la burocracia al ser puesto en marcha un 'sistema de auxilio' que supone que el ayuntamiento afectado por un incendio deba solicitar ayuda al parque de León, éste consultarlo con el responsable municipal del área, el responsable dar su aprobación al parque en función de la gravedad en que se estime la incidencia y desde el parque ordenar el envío de los efectivos a la zona tras esta última aprobación. ¿Por cuántos campos y viviendas se habrán extendido las llamas mientras se sigue, punto por punto, el maldito protocolo?

Hemos visto continentes moverse más deprisa.

Y mientras algunos rezan a los dioses del Olimpo político de Castilla y León para no morir chamuscados en un incendio del brasero, otros jalean la llegada de los primeros copos, sobre todo una gran mayoría de los casi 10.000 estudiantes que se quedaron sin clase el primer día de nieve del año. Y habrá muchas más ausencias de quienes se tienen que desplazar jornada tras jornada de casa al colegio, al trabajo o al centro de salud de vete tú a saber dónde.

Cada invierno uno se pregunta lo mismo: ¿cómo hacen en Rusia para que no se paralice el país de noviembre a marzo?

Y eso que el llamado dispositivo de vialidad invernal es de 431 máquinas quitanieves, 159 estaciones meteorológicas, cuatro millones de litros de depósitos de salmuera, 15.935 toneladas en silos y 69 plantas de esa agua con sal. A todo esto hay que unir el dispositivo humano, de casi 3.000 personas.

Pero como todo plan que se precie en Castilla y León, éste también tiene su protocolo de coordinación interinstitucional. Se me llena la boca con solo susurrarlo. Socorro: en el mismo ‘anuncio’ que recoge el plan, y justo después de hacer hincapié en que posee dicho protocolo, se hace un llamamiento a la necesaria coordinación con las administraciones. ¿En qué quedamos?  ¿Hay armonización y acoplamiento o no hay nada? ¿Si se produce alguna situación de emergencia se pondrá en marcha un ‘sistema de auxilio’ en la misma  línea que el de los incendios de León, con solicitudes, consultas, aprobaciones,  estimaciones y, por fin, orden? ¿Llegarán los bomberos de León cualquier mañana a apagar las nieves de las carreteras?  ¿Nos traerá un agente de tráfico salmuera para esparcir sobre nuestra casa cuando las llamas reduzcan la vida a miseria?

De nuevo he notado moverse un continente.

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