Opinión y blogs

eldiario.es

En Italia, Austria y Francia se juega el futuro de Europa

Marine Le Pen, líder del Front National, en una imagen de archivo

Dentro de seis meses puede empezar a concretarse lo que hasta hace muy poco se consideraba imposible: que la Unión Europea inicie su desaparición. El Brexit ha sido un primer paso en ese camino. Por sus efectos reales, que empezarán a conocerse dentro de muy poco, y por su impacto psicológico en todo el continente. Este domingo pueden producirse dos nuevos episodios de ese proceso que algunas voces muy fiables consideran imparable. Si el "no" gana en el referendo sobre la reforma constitucional italiana, las elecciones que podrían seguir a ese resultado darían la victoria a partidos que están en contra de la UE y del euro. Y la salida de Austria de la Unión es uno de los puntos principales del programa de la ultraderecha que el día 4 puede ganar las elecciones para la presidencia del país.

En ese inquietante contexto también hay que colocar la elección del muy reaccionario y liberal François Fillon en las primarias de la derecha francesa. Que según autorizadas opiniones, no han reducido, sino todo lo contrario, las posibilidades de que el antieuropeo y anti-euro Front National de Marine Le Pen gane las presidenciales galas de esta primavera. Si esto ocurriera y se sumara a las hipótesis anteriores sobre Italia y Austria, la Unión Europea podría empezar a contar los días que le quedarían de vida y, de paso, el panorama geopolítico de Europa y del mundo que su existencia ha sostenido en el último medio siglo sufriría un cambio sustancial y lleno de graves incógnitas.

No hay duda de que ese escenario catastrófico podría perfectamente no producirse si los resultados electorales en Italia, Austria y Francia van en una dirección exactamente opuesta a los que se han apuntado. Pero los sondeos no permiten muchas alegrías al respecto.

Seguir leyendo »

El problema no es Trump, es Europa

Juan-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

En privado más de uno de los asistentes a la reunión de ministros exteriores de la UE de este domingo ha dicho: "Estamos en una crisis existencial". Lo recogen algunos medios de nuestro continente. Por culpa de Donald Trump. Porque su proteccionismo amenaza con provocar un frenazo del comercio mundial, porque su buena disposición hacia Vladimir Putin puede dejar compuesta y sin novio a la política exterior europea hacia Rusia y porque una nueva política económica norteamericana puede obligar a Europa a cambiar de rumbo y alejarse de la austeridad. Todo eso, y más, es posible. Pero que unas elecciones en Estados Unidos puedan provocar a una crisis existencial indica que el proyecto europeo es ya demasiado débil como para resistir mucho tiempo más tal y como está. Con Trump o sin él.

Esta semana los mercados ya han empezado a apuntarse a los cambios que vienen. Los inversores se han lanzado a vender títulos de deuda pública porque creen que dentro de no mucho habrá un nuevo escenario financiero mundial generado por una política norteamericana más expansionista, marcada, entre otras cosas, por formidables gastos en infraestructura, reducciones de impuestos, subida de tipos de interés y menos controles a los movimientos de la banca. Rusia, por su parte, acaba de ordenar la reanudación de los bombardeos sobre territorio sirio, probablemente porque cree que eso no va a hacer mucho daño a la perspectiva de unas mejores relaciones con los Estados Unidos también en lo que a Oriente Medio se refiere.

Y Vitor Constancio, número dos del Banco Central Europeo, acaba de declarar: "Hay incertidumbres y riesgos importantes. Sin más crecimiento, Europa tendrá dificultades". Aparte de una posible caída del comercio mundial, un peligro se cierne sobre la política que el BCE ha mantenido en los últimos años: el de que no tenga más remedio que subir los tipos de interés del euro si los norteamericanos dan antes ese mismo paso.

Seguir leyendo »

Trump, un ejemplo y un acicate para el fascismo mundial

31 Comentarios

Donald Trump.

Los medios de comunicación vinculados al establishment, en Europa y en todas partes, llevan meses en campaña contra Donald Trump. La prensa francesa cercana a la oligarquía y a la derecha, y la alemana y británica, se emplean con mucho más ardor contra el candidato norteamericano del nuevo fascismo que contra sus correligionarios locales, la señora Le Pen, los instigadores xenófobos del Bréxit o la Allianz fur Deutschland. Más allá de algún papanatismo, tanta pasión por algo que pasa en un país que no es el suyo, sólo indica una cosa: que Estados Unidos sigue siendo el centro del mundo, que lo que allí ocurre determina, como ha venido haciéndolo desde hace décadas, el devenir del resto del planeta.

Se habla, sobre todo lo dice Trump, de la decadencia de Norteamérica en el mundo. No es un puro invento para movilizar a las decenas de millones de estadounidenses descontentos con su suerte, una nueva versión de los mensajes de Hitler y de todos los fascismos que en el mundo han sido, incluidos los de nuestros días. Estados Unidos ha perdido parte de su capacidad de decisión en los asuntos mundiales, en buena medida por los errores que han cometido sus dirigentes. Su economía tiene que hacer frente, no siempre con éxito, a poderosos rivales comerciales. El mensaje imperial de la época de Bush ha sido arrumbado porque ya no tiene eco.

Pero en un mundo que está cambiando a marchas forzadas y cuyas dinámicas y posiciones de fuerza tienen cada vez menos que ver con las que había hace un cuarto de siglo, el poder de Estados Unidos sigue mandando en las cuestiones más decisivas e influyendo como nunca en la formación del pensamiento colectivo, de los hábitos y tendencias de todo el resto del planeta.

Seguir leyendo »

Los antisistema pueden ganar las elecciones

57 Comentarios

Birgitta Jónsdóttir, líder del Partido Pirata de Islandia.

Si las encuestas no se equivocan, un partido en el que militan anarquistas, hackers, frikis de la web y antisistema de la más diversa especie, aunque muy pacíficos todos ellos, ganará las elecciones islandesas de este sábado y se hará con las riendas del Gobierno, sólo o formando algún tipo de coalición. El programa del partido Pirata, nacido hace cuatro años, no es muy concreto. Sus propuestas prioritarias son la libertad de información y expresión, la defensa de la privacidad en Internet, la democracia directa y la transparencia. También se propone ofrecer la residencia en Islandia a Edgar Snowden, el héroe norteamericano de Wikileaks.

La líder del partido, la poetisa anarquista Birgitta Jonsdottir, de 49 años también trabajó para Wikileaks. Desde hace cuatro años ocupa un escaño en el Parlamento de Reikiavik en el que el partido Pirata desembarcó tras haber obtenido el 5,9% de votos y tres representantes: sólo unos cuantos meses después de haber nacido. Hoy los sondeos le atribuyen casi un 30% de la intención de voto, diez puntos más que el partido que le sigue.

La lista de resultados electorales contrarios a la lógica y a los enfoques tradicionales de la política empieza a ser larga en Occidente. El triunfo del Bréxit en Gran Bretaña y la victoria de Donald Trump en las primarias republicanas norteamericanas son dos de sus hitos. Pero que un partido como el Pirata, clara y tajantemente anti-establishment y cuya líder cree que está encabezando una "revolución", supondría un salto cualitativo que no dejará de tener resonancia internacional por muy pequeña que sea Islandia (323.000 habitantes) y por muy lejos que aparezca de los centros del poder político europeo.

Seguir leyendo »

El ultranacionalismo es el que de verdad está haciendo daño al sistema

37 Comentarios

La presidenta del partido de ultraderecha Frente Nacional (FN), Marie Le Pen, en una imagen de archivo.

En los comienzos de la crisis financiera el establishment mundial temió seriamente que el sistema podía colapsar. Fue cuando el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy dijo que había que refundar el capitalismo antes de que se viniera abajo. Se temían desastres de distinto tipo, pero lo que más inquietaba era la posibilidad de un levantamiento popular en los países occidentales. Se creyó que algo parecido a las revoluciones que estallaron tras la I Guerra Mundial podía repetirse. No ha sido así. Durante los nueve años de crisis, la izquierda política y social no ha superado el nivel de una protesta que el sistema, hasta ahora, ha sabido digerir. Lo que no se esperaba era la potente revuelta del otro lado del espectro político, del ultranacionalismo. Hoy por hoy el sistema no sabe cómo combatir a ese enemigo. Y este le está haciendo daño de verdad.

El ejemplo más claro de ello es el Brexit, la victoria del 'no' a la Unión Europea en el referéndum británico del pasado mes de junio. Saliendo de las cavernas, en las que hasta hace no muchos años parecía que estaba recluido para siempre, el nacionalismo inglés y antieuropeo ha sido capaz de aunar el mensaje de que fuera de la UE Gran Bretaña estará mejor con el profundo malestar de grandes sectores sociales golpeados por la crisis y el rechazo de los abusos y de la corrupción de la clase dirigente. Y ha ganado. Nadie sabe ahora cómo manejar esa victoria. Pero sea como sea el caos ya está sembrado. En Gran Bretaña, que hasta podría sufrir la secesión escocesa como consecuencia del mismo, y en toda Europa.

Aunque en España estemos a otras cosas, no hay día que el Brexit, por uno u otro motivo, no esté en todas las primeras páginas de los principales diarios el mundo, entre ellos los norteamericanos de referencia. Porque hasta los más optimistas tiñen de oscuros colores el futuro de Europa sin Gran Bretaña. Porque el capitalismo financiero tiene pavor a que la City de Londres pierda su status de centro decisorio de las finanzas mundiales si se queda fuera de la Unión Europea. Porque una tupida red de equilibrios internacionales que involucra a los principales países de todos los continentes puede venirse abajo. Y últimamente también porque si la premier conservadora Theresa May se sale con la suya, Gran Bretaña puede convertirse en la adelantada de Occidente en la restricción de la emigración, debilitando a quienes en el resto de Europa no quieren transitar por ese camino.

Seguir leyendo »

El frente exterior amenaza al nuevo Gobierno

De Guindos y el comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici.

Los dirigentes políticos españoles, los de todos los partidos, llevan mucho tiempo haciendo como que ignoran, o ignorando de hecho, las circunstancias y las dinámicas internacionales que afectan directamente a nuestro país. El nuevo gobierno, que a todas luces será del PP, se chocará de frente con ellas desde el día mismo de su nombramiento y su capacidad para maniobrar en ese terreno será muy reducida, en el supuesto de que tenga alguna.

Vienen malos tiempos y cabe sospechar que Rajoy hará todo lo posible para que sean los españoles menos pudientes y más desprotegidos los que sufran buena parte de las consecuencias del golpe con la realidad exterior. Aunque la amenaza más acuciante –la crisis catalana– la tenemos muy dentro, repasemos las principales amenazas que vienen de fuera.

El gobierno del PP lleva tres años seguidos incumpliendo los compromisos de reducción del déficit público acordados con la UE. Las rebajas de impuestos decididas con fines exclusivamente electoralistas es un motivo destacado de ese incumplimiento. Tras un intenso debate interno y con la fuerte oposición del sector más crítico con el comportamiento español, que sigue viva, Bruselas aceptó en junio no exigir el pago de la multa de 2.000 millones de euros que sancionaba el incumplimiento.

Seguir leyendo »

¿Hay que salvar a los partidos socialistas?

34 Comentarios

Mediapart es un exitoso diario digital francés que se financia únicamente mediante las aportaciones de sus casi 125.000 suscriptores. Aunque alejado del sector oficial del Partido Socialista, no se adscribe a ninguna de la larga serie de tendencias, facciones, partidos y personajes que componen el espectro de la como nunca dividida izquierda gala. Su gran debate de esta semana se ha dedicado justamente al PSF, en el que no pocos de los miembros de los citados grupos o grupúsculos militaron en algún momento de sus vidas. Y el titular de ese encuentro ha sido: "¿Hay que salvar al Partido Socialista?".

Esa pregunta, u otra con intención parecida, se podría formular en España. Y también en buena parte de Europa. Lo cierto es que las respuestas a la cuestión planteada por Mediapart se referían a Francia. No han sido unánimes, pero la impresión que han transmitido muchos de los que han opinado en el debate es que el PSF tiene muy mal futuro, si es que tiene alguno. Se ha sugerido incluso que la debacle final podría llegar muy pronto si, como todo indica, la segunda vuelta de las cruciales elecciones francesas de la primavera de 2017 tiene como contendientes al candidato de la derecha –Alain Juppé o Nicolás Sarkozy– y a la de la ultraderecha, Marine Le Pen.

El actual líder del PSF y presidente de la nación, François Hollande, parece totalmente descartado, aún es posible que pierda las primarias para ser nombrado candidato oficial, y si así no ocurre tendría que disputar la primacía del voto de izquierda en la primera vuelta de las presidenciales a por lo menos otros seis candidatos. Y a Emmanuel Macron, ministro de economía de Hollande hasta hace dos meses, que acaba de abandonar el PSF y que encabezando un proyecto estrictamente de centro no deja de subir en las encuestas.

Seguir leyendo »

La ultraderecha es más que una amenaza

47 Comentarios

Las elecciones regionales de Berlín han sido sólo el último capítulo de lo que parece un proceso imparable. Si la dinámica en curso se mantiene, Europa podría ser un territorio invivible dentro de muy pocos años. Porque, sin que hasta ahora haya saltado ninguna alarma de catástrofe, el peso electoral y político de los nacionalismos xenófobos está creciendo en todo el continente. Mientras la izquierda sigue atascada y sin ideas, la ultraderecha intolerante adquiere nueva carta de naturaleza y condiciona cada vez más la acción del centro-derecha. Es deprimente, pero la reacción más contundente contra los poderes que generaron la crisis económica y social que empezó en 2008 es la de quienes echan la culpa de todo a los emigrantes. Y nadie parece poder pararlos.

En Estados Unidos los plazos pueden ser aún más cortos. Porque Donald Trump, la versión norteamericana de esos mismos planteamientos, puede perfectamente ganar las elecciones presidenciales el próximo noviembre. Los sondeos le colocan ya empatado con Hillary Clinton y la prensa norteamericana más opuesta a él no sólo ha pasado de despreciarle a reconocer sus posibilidades, sino que empieza a entonar algo que suena a canto de derrota. El mismo país que hace ocho años dio un ejemplo al mundo eligiendo y reeligiendo a un presidente negro, eso sí por muy pocos millones de votos de diferencia, podría estar disponiéndose a propiciar una revancha sobre esa decisión, a borrar toda traza de la experiencia Obama y a lanzar al mundo un mensaje de intolerancia que seguramente merecerá no pocos aplausos en todo el planeta. Por algo Estados Unidos sigue siendo el país más poderoso.

Es cierto que Hillary Clinton puede aún ganar. No lo es menos que Angela Merkel puede reponerse de sus heridas y ella misma, o su sucesor, encabezar un nuevo gobierno de coalición con los socialdemócratas tras las elecciones generales de dentro de un año. Que en Francia el moderado Alain Juppé se imponga como candidato de la derecha a Nicolás Sarkozy, cada vez más próximo a la ultraderecha, y luego bata al xenófobo y antieuropeo Front National en las presidencia de 2017, mientras los socialistas se limiten a acompañar ese viaje. Y que el verde Van der Bellen arranque finalmente la presidencia austriaca al ultra Hofer.

Seguir leyendo »

Europa camina hacia el fracaso

22 Comentarios

Hasta el propio presidente de la Comisión Europea ha tenido que reconocerlo: "La UE sufre una crisis existencial", ha dicho Jean-Claude Juncker este miércoles en Bruselas. Pero, sin precisar cómo, ha venido a añadir que la superará. No es esa la opinión de cada vez más voces autorizadas de la escena política europea. Sir ir más lejos, su número dos, el socialdemócrata holandés Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión, ha escrito: "Es la primera vez que pienso que el proyecto puede fracasar". Enrico Letta, exprimer ministro italiano, no ha sido menos claro: "Mi gran temor es que sigamos en el statu quo y que al final nos hayamos quedado sin Europa". Unos cuantos opinadores ilustres más han coincidido en que la UE tiene que hacer frente a demasiadas crisis como para poder sobrevivir sin sufrir un terremoto en su actual configuración.

La victoria del 'no' en el referéndum británico, el Brexit, ha sido hasta el momento el aldabonazo más serio. Por sus consecuencias, que por mucho que se aplacen las decisiones al respecto, serán muy grandes, tanto en términos económicos como estratégicos. Por su impacto psicológico en la política internacional y en la percepción ciudadana de todo el continente y más allá del mismo. Y por su significado; porque, a la postre, lo que ha dicho la mayoría de un pueblo que es referencia de unas cuantas cosas es que no cree en la UE y que prefiere asumir los riesgos que implica estar fuera de ella. Ese mensaje es ya imborrable y lo único que puede ocurrir es que otras colectividades nacionales opten también por ese camino. Hay unos cuantos candidatos.

Además del Brexit está la crisis de los refugiados. Que ha roto, seguramente para siempre, todos los principios, y las reglas, de solidaridad y de seguridad interior que la UE ha ido construyendo a lo largo de las décadas pasadas. Y que no tiene arreglo. Porque los motivos del éxodo hacia Europa no van a desaparecer, sino todo lo contrario. Y porque los distintos intereses nacionales que existen al respecto van a seguir chocando sin remedio, poniendo en cuestión la lógica misma de la construcción europea y, sobre todo, de su ampliación en la pasada década.

Seguir leyendo »

Es falso que Grecia no pueda acabar con el euro

En Grecia está ocurriendo lo que era previsible. Que la bolsa se hunde (un 9% este miércoles, más del 20% las acciones de los bancos) y que la prima de riesgo se ha disparado a más de 1000 puntos. Son datos que confirman que los mercados no han recibido con agrado la victoria de Syriza. Pero que no cambian sustancialmente la dramática situación en que el país se encontraba el día antes de las elecciones. Lo preocupante sería que esa tendencia continuara. Porque si así fuera, Grecia terminaría fuera del euro. Algún listo de los que aparece en las televisiones españolas dice que eso hasta sería bueno. Los que mandan sobre la política europea parecen pensar lo mismo. Pero si no cambian de postura y ayudan a Alexis Tsipras a salir del agujero, pueden terminar siendo los aprendices de brujo que se cargaron la moneda única.

En la prensa europea más influyente, y no precisamente de izquierdas, crecen las voces que piden que la UE, el BCE y el FMI se dispongan a recortar sustancialmente la deuda griega. Anulando una parte de la misma –como se ha hecho unas cuantas veces en las últimas décadas con países en graves dificultades- recortando los intereses y alargando los plazos de vencimiento del resto. Quienes defienden esa idea lo hacen porque creen que una salida de Grecia del euro puede ser sólo el comienzo de un proceso que iría dejando a otros países fuera de la moneda única y que, de verificarse, llevaría inevitablemente a que ésta desapareciera del mapa.

Porque, además del desastre que eso supondría para la economía griega, está claro que si el país dejara el euro, también dejaría de pagar su deuda. Eso provocaría un cataclismo financiero en los mercados internacionales. Aunque seguramente se podría controlar, porque a la postre lo que dejaría de pagar Grecia no sería tanto dinero, unos 300.000 millones de euros, que no hundirían el sistema. Lo malo no sería eso, sino que los mercados se preguntarían quién iba a ser el siguiente, o por qué alguno de los países hiperendedudados que hay en Europa no iba a seguir el ejemplo griego en una situación financiera muy agravada por el "Grexit" mismo.

Seguir leyendo »